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Insalubridad, el gran problema

El México pos revolucionario fue víctima de grandes epidemias como tifoidea, la fiebre amarilla y la influenza española, ocasionadas por la falta de higiene
2016-05-23
Martha Oliva Hernández
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En 1917, el gobierno mexicano estableció el Departamento de Salud Pública con el objetivo de dictar las políticas de salud en el ámbito nacional, el cual fue dirigido por el doctor José María Rodríguez, constituyente de Querétaro. 

La dependencia tenía que enfrentar enfermedades relacionadas con la distribución de la población en el país debido a que la migración de regiones pobres e insalubres a lugares más poblados traía consigo padecimientos fáciles de contagiarse.
La epidemia más alarmante en 1916, era el tifo, originada por la escasez de comida y agua, la cual atacó, principalmente, a la capital mexicana. Las medidas para combatirla consistieron en diseñar rutas para los camiones de limpia, eliminar de las calles los puestos de comida y fritangas que eran foco de infección; desinfectar teatros, iglesias, fábricas y escuelas. 

Las autoridades realizaron inspecciones domiciliarias para identificar a los enfermos, desinfectar sus casas e incinerar su ropa infestada por piojos, causantes del contagio. A los hombres se les cortaba el cabello a rape, se señala en el libro “100 años de Prevención y Promoción de la Salud Pública en México 1910-2010”.

En esa misma época surgió la influenza o “gripe española”. Este padecimiento entró a territorio nacional por la frontera con Estados Unidos en el verano de 1918 y se propagó por todo México.

Diversos estados organizaron Juntas de Sanidad que dictaron las medidas correspondientes para evitar el problema. 

Los servicios de inteligencia del Estado espiaron parejo. Investigaron a expresidentes, reyes y guerrilleros, como a escritores, pintores, cantantes, actores...