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PRD: y ahora ¿quién podrá rescatarnos?

Salvador García Soto

Tras la definición del PRI a favor de Manlio Fabio Beltrones y el casi seguro arribo de Ricardo Anaya Cortés a la dirigencia nacional del PAN, la incógnita se abre ahora en el PRD. Ayer el dirigente Carlos Navarrete y sus 22 colaboradores pusieron sus cargos a disposición del Consejo Nacional, tras la caída electoral del perredismo en las pasadas elecciones, y todo indica que hoy aprobarán elegir a una nueva dirigencia en octubre próximo durante el Congreso Nacional perredista.

Aceptada la “renuncia virtual” de Navarrete —aunque él no habla de “renuncia” sino de su “contribución” para sacudir al partido— se abre la lucha por ver quién puede encabezar al PRD. El dominio de Los Chuchos está a prueba y hay otros grupos y corrientes que proponen romper el control de Nueva Izquierda como condición indispensable para una “renovación” en medio de la crisis del perredismo tras la debacle electoral de junio pasado.

La batalla hasta ahora se centraría en dos nombres: por un lado el senador Armando Ríos Piter, quien es apoyado por las tribus y grupos que forman un frente anti-chuchos y propuesto como una opción de “cambio generacional” en el partido de izquierda. Ríos Piter cuenta con apoyos como el del jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, y el líder del Senado, Miguel Barbosa; además de que tiene facturas políticas pendientes con Los Chuchos, a quienes se enfrentó cuando decidió declinar la candidatura a gobernador de Guerrero por “presiones y cuotas” que se negó a aceptar.

Pero Los Chuchos no soltarán fácilmente el control del partido y otro nombre que comenzó a sonar es el del diputado federal Fernando Belaunzarán. Miembro de Nueva Izquierda, Belaunzarán es visto como “la carta joven” de esa corriente para tratar de mantener su supremacía en el partido, cuando se habla de la necesidad de un “relevo generacional” que saque al perredismo del desgaste que vive tras escándalos que le han afectado y la fractura interna provocada por Morena y Andrés Manuel López Obrador, que lo llevaron a perder votación y posiciones en los pasados comicios.

Anoche el propio Navarrete anunciaba que, una vez que los consejeros nacionales aprueben el relevo en la dirigencia que él mismo cabildeó, se procederá a elegir al nuevo dirigente, producto de un acuerdo de todas las corrientes. Veremos pues si los perredistas, tan acostumbrados al canibalismo y la confrontación interna, esta vez pueden ponerse de acuerdo en el nombre y el perfil de quien podría rescatar a su partido de la crisis en que se encuentra.

Los miedos del gabinete. Ahora que ya se da por hecho el arribo de Manlio Fabio Beltrones al PRI, con la inscripción de su candidatura única el próximo 17 de agosto, habrá que ver qué sucede con los miedos y temores que expresaban algunos de los más cercanos colaboradores del presidente Enrique Peña Nieto cuando se mencionaba la posibilidad de que el sonorense ocupara el despacho principal de Insurgentes Norte.

Hay una anécdota que refleja muy bien esos temores en el primer círculo presidencial. Cuentan que hace algunos meses, en Los Pinos, durante una reunión de gabinete, uno de los secretarios se le ocurrió preguntar en un tema fuera de agenda: “Oigan y ahora que se acerca el fin de la legislatura ¿qué vamos a hacer con Beltrones?”.

La pregunta abrió un silencio que fue aprovechado por la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, quien comenzó disculpándose: “Pues la verdad que yo ni soy de su partido, pero, ¿no creen que tienen ahí al mejor candidato a dirigente del PRI?”, preguntó Rosario. Y la respuesta, fue nada menos que del doctor Luis Videgaray, que en esas reuniones hace las veces de jefe del Gabinete: “¿Estás loca?, si lo dejamos llegar al PRI ya no lo paramos para que quiera ser candidato a la Presidencia. No, él debe ir a alguna posición o una embajada”. Luego otro secretario terció: “La única forma en que permitiríamos que llegue al PRI es que le pongamos un candado que diga que no puede ser candidato al 2018”.

Ante las respuestas Rosario Robles, que ni priísta es, ya no insistió. Pero a los asistentes les quedó claro que, al menos en el círculo de más poder de Peña Nieto, pensar en Manlio Fabio en el PRI era imposible. ¿Qué pensarán esos mismos peñistas ahora que su temor está a punto de hacerse realidad? ¿Insistirán en “candados” para vetar al sonorense?

El IMPI, ¿contra la libertad de prensa? Todos sabemos la importancia de proteger la propiedad industrial y evitar el pirataje de marcas, en un país donde la piratería es uno de los negocios más redituables de la economía informal. Pero pocos sabíamos que la principal autoridad encargada de proteger los derechos de propiedad intelectual y marcas registradas en México, el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), también podría convertirse en un “censor” de la libertad de expresión, al multar a periodistas y medios por publicar fotografías por supuestos “derechos registrados” en la imagen de personajes públicos.

La actriz Marcela Pezet, quien saltó a la fama en un concurso de belleza llamado Mi Chica TV e incursionó después en el mundo del modelaje, la actuación y la conducción, dio un giro a su carrera cuando en los inicios del sexenio de Gabino Cué, en 2011, apareció como publirrelacionista del gobernador de Oaxaca. La presencia de la guapa modelo en el círculo cercano del gobernador se volvió un tema de interés público, al ocupar ella un cargo de gobierno pagado con los impuestos de los oaxaqueños.

No tardaron en aparecer en varios diarios y revistas de la entidad imágenes, fotografías e informaciones que reseñaban su labor como encargada de las Relaciones Públicas del gobierno estatal, incluso a nivel de chismes, rumores y trascendidos, se habló en algunas columnas de una relación cercana con Gabino Cué, tan cercana que rebasaba el ámbito de lo estrictamente oficial. Fue en ese contexto que hace tres años el semanario El Correo de Oaxaca dedicó la portada de su número 241, del 9 de enero del 2012, a la publirrelacionista estrella del gobernador.

La portada en cuestión mostraba cinco imágenes de Marcela Pezet, todas en bikini, pues su trabajo de artista o modelo así lo requiere, cosa que le “indignó” y por ello recurrió al IMPI, que dirige Miguel Ángel Margáin González, para demandar al director del semanario, Carlos Velasco, por “lucrar con la imagen de Marcela Pezet”; tres años después, y a pesar de que la demanda sigue en litigio, el instituto decidió darle la razón a la modelo Pezet y, al mismo tiempo, obliga al propietario de la publicación a reparar el daño económicamente. Cabe mencionar que una simple consulta en Google con el nombre de la mencionada Marcela Pezet arroja decenas de imágenes de ella en bikini, en ropa interior o con poca ropa, producidas a lo largo de su carrera y publicadas en diversas revistas.

La causal de infracción, argumentada por el IMPI para pedir reparación económica a favor de Pezet “se funda en lo establecido por la Fracción II del artículo 31 de la Ley Federal del Derecho de Autor, en donde las hipótesis establecidas se refieren básicamente a comunicar o publicar una obra protegida, sin contar con la autorización respectiva y con fines de lucro directo, como lo prevé al numeral invocado”.

En todo este caso Adriana Zúñiga Cruz, coordinadora departamental de Visitas de Inspección de Infracciones en Materia de Comercio del instituto, pareció ignorar que, al tratarse de una persona que desempeña un cargo público, hay preceptos constitucionales (artículos 6to. y 7pmo.) y de Derecho Internacional que protegen la libertad de expresión y el derecho a la información; además de que hay precedentes sobre demandas relacionadas con la imagen y la vida de personajes públicos en los que hubo fallos que han protegido a los periodistas y a la libre expresión como los casos de Olga Wornat, Lydia Cacho y la revista Plural de Enrique Krauze.

Velasco, director de El Correo de Oaxaca, recurrió al juez de Distrito en Materia Administrativa en el DF (Sala Especializada en Materia de Propiedad Intelectual del Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa) para solicitar un amparo ante lo que consideró “abuso de poder y posible tráfico de influencias en el Instituto Mexicano de Propiedad Industrial”.

De concretarse esta infracción de parte del IMPI, se sentaría un precedente para el ejercicio del periodismo, pues cualquier funcionario público podría recurrir a esta instancia si se siente criticado por cualquier medio impreso o si no le gustan las fotografías que publican de su persona. ¿Estamos pues, ante un IMPI censor?

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