Dos viajes a China; dos crisis de Peña

Salvador García Soto

Por segunda ocasión en su gobierno, Enrique Peña Nieto vive y enfrenta desde la lejana China —a 12 mil 459 kilómetros de distancia de México— una grave crisis de credibilidad e imagen. La primera ocurrió el 9 de noviembre de 2014 cuando, en pleno vuelo rumbo a Beijing, donde asistía a la 22 Reunión del Foro de APEC, al presidente mexicano le estalló el escándalo político y mediático de la casa blanca de Las Lomas, cuyas repercusiones lo persiguieron en su visita por el gigante oriental. Hoy, después de que la visita de Donald Trump se le convirtió en crisis política y social, ante los duros cuestionamientos por la recepción y el trato que dio al candidato republicano, de nueva cuenta Peña está en territorio chino, donde asiste a la Cumbre del G-20.

Las dos visitas a China estuvieron precedidas de fuertes tensiones sociales y políticas en el país. En noviembre de 2014 —antes incluso de que se revelara la existencia de la casa de 8.5 mdd que su esposa Angélica Rivera compró a un amigo y contratista de su gobierno— Peña abandonó el país en medio de protestas por la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa. Justo el día que abordó el avión presidencial rumbo a China, la noche del 8 de noviembre, encapuchados y jóvenes incendiaron la puerta del Palacio Nacional durante una marcha por Ayotzinapa. Horas después, cuando el mandatario volaba en espacio internacional, se publicaría el reportaje de la casa blanca que marcaría su sexenio con la sospecha de corrupción y tráfico de influencias.

En su viaje actual a territorio chino también el presidente salió bajo tensión. No habían pasado 24 horas de que la sorpresiva visita de Trump y su recepción en Los Pinos, desataron indignación y cuestionamientos, cuando el mandatario ya volaba rumbo a China el viernes a la 1 de la tarde para acudir al Grupo de los 20. Atrás, Peña Nieto dejó un país enardecido que, lo mismo en cúpulas políticas que en las calles, cuestionaba su decisión de invitar al magnate republicano y la “falta de valor” para encararlo y reclamarle sus continuas ofensas a México y los mexicanos en su campaña.

Pero esta vez no sólo el ánimo social dejó encendido el presidente, con las críticas dentro y fuera de México; la crisis alcanzó también a su gabinete donde las versiones y señalamientos de la operación del titular de Hacienda, Luis Videgaray, en la visita de Trump, provocaron una sacudida entre los mismos colaboradores de Peña Nieto que se opusieron a la invitación y conferencia con el candidato republicano en la casa presidencial. Se habló de la renuncia no aceptada de la canciller Claudia Ruiz Massieu, que después viajó a China junto al presidente, y de la petición del secretario de Gobernación para que la visita fuera cancelada horas antes de realizarse. El presidente reunió y calmó a su gabinete la noche antes de volar a Hangzhou y les pidió “cerrar filas y defender la visita”; pero lo que no calmó fueron las fuertes críticas que todavía se escuchan en círculos políticos y en la opinión pública nacional e internacional y que lo recibirán a su regreso al país, programado para hoy lunes a las 8:30 de la noche.

Al volver de China, en noviembre de 2014, el presidente no salió a dar la cara para responder al escándalo, también internacional, de la casa blanca que tambaleó a su gobierno y dinamitó su imagen. En aquella ocasión mandó a su esposa a “aclarar” públicamente la extraña compra de la lujosa mansión con los resultados desastrosos que todos conocemos. La pregunta es ¿a quién le pedirá ahora Peña Nieto que explique por qué invitó a Trump y por qué lo trató como lo hizo? Está claro que esta vez no puede mandar a la señora.

NOTAS INDISCRETAS…Justo ayer en el número más reciente The Economist, la revista que alguna vez elogió al presidente Peña Nieto y a su secretario de Hacienda, Luis Videgaray, se publicó el artículo Lo indecible y lo inexplicable, en el que se trata con dureza al mandatario mexicano y a su equipo de colaboradores a los que se refiere como “incondicionales, pero no brillantes”. El texto atribuye la organización y planeación de la visita de Donald Trump al mismo Videgaray y dice que “cualquier experto en política exterior habría desengañado a Peña Nieto de la idea”. Y cuestiona al presidente: “Al permitir que su visitante luciera ‘presidencial’, ha ayudado a Trump a realizar algunas correcciones retóricas que eran electoralmente inevitables. Incluso si Clinton gana, ella no va a agradecer a Peña para esto. Si resulta que ha ayudado a Trump ser elegido, muchos mexicanos no lo perdonarán, a él y a su partido [el PRI], y tampoco lo hará la mayor parte del resto del mundo”… Se lanzan los dados. Serpiente. Mal comienza la semana.

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