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Videgaray toma control de la sucesión; se cimbra el PRI

Salvador García Soto

Con la imposición de Enrique Ochoa Reza desde Los Pinos —que con la vieja “cargada” será consumada el próximo martes aún con cuestionamientos y dudas sobre su escasa militancia y carrera partidista— Enrique Peña Nieto le cedió al grupo de Luis Videgaray el control de la sucesión presidencial de 2018. En una decisión que desató inconformidad interna de grupos priístas, el presidente y su grupo más cercano eligieron un “nuevo perfil” para dirigir al PRI, pero para ungirlo recurrieron al viejo modelo de rancia tradición priísta: convocatoria en fin de semana para que sólo uno se registre; cargada de los sectores y cercanía e incondicionalidad por encima de militancia y trayectoria partidista.

Con el director de la Comisión Federal de Electricidad, un brillante y joven técnico con vínculos estrechos con Aurelio Nuño y Luis Videgaray, el grupo peñista lograría lo que ya intentó en agosto de 2015 cuando sondearon la posibilidad de que Nuño fuera designado dirigente del PRI; en aquella ocasión una rebelión interna, en la que se dice participaron hasta ex presidentes de la República, convencieron al presidente Peña de que “no era el momento” de mandar un perfil tan joven a dirigir al priísmo.

En esta ocasión, aunque internamente hay grupos y ex dirigentes nacionales que se han expresado en contra, todo indica que se impondrá la “línea” presidencial y Ochoa Reza será ungido, aún con la inconformidad que su nombramiento genera en los sectores políticos del viejo partido.

Porque sin menoscabo de su amplia preparación académica y su meteórica trayectoria como funcionario público (pasó de redactor y promotor principal de la reforma energética como subsecretario de Energía a dirigir la segunda paraestatal más importante), Enrique Ochoa es visto por el priísmo tradicional como un técnico que carece de militancia, formación de partido y carrera dentro del PRI, requisitos que establecen sus estatutos (artículo 156) para quienes sean nombrados dirigentes de ese instituto político.

Hay grupos en el PRI que le cuestionan incluso la autenticidad de la credencial que presentó como militante, foliada con el número 0003 y fechada en 1991 con la firma de Luis Donaldo Colosio como presidente del PRI, porque dicen que no es posible que se la haya asignado ese número que en la tradición del partido correspondería al secretario de Gobernación, en esa fecha Fernando Gutiérrez Barrios, o al secretario de Organización, que entonces era Roberto Madrazo. Y en los intentos por descalificarlo, se difundieron ayer audios de su comparecencia en 2010 ante la Cámara de Diputados, cuando Ochoa se presentó como aspirante a consejero del IFE.

En un video que circula en redes sociales de aquella sesión en San Lázaro, el diputado del PT y ex priísta, Enrique Ibarra, le pregunta: “¿Quisiera que me precisara si sigue siendo parte del Consejo Político Nacional del PRI y si es militante de ese partido?” Y la respuesta del aspirante a dirigente nacional del PRI fue: “No formo parte del Consejo Político Nacional, ni soy militante… Fui durante meses, en 2006, hace más de cuatro años, miembro del Consejo Político Nacional y mi salida fue también pública a través de la presentación de un juicio de protección a los derechos civiles ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con lo cual yo deje de pertenecer al Consejo”. ¿Y entonces, si hace 6 años decía no ser militante, en qué momento el próximo presidente del PRI se volvió “orgulloso priísta”, como presumía hace unos días en su cuenta de Twitter? ¿Es o no militante del PRI, por que si aspiraba a ser consejero del IFE no podía ser militante como él mismo lo afirmó ante los diputados?

En contraparte, quienes promueven los méritos de Ochoa, afirman que “todos sus documentos son reales” y que con el director de la CFE lo que se busca es “impulsar un nuevo perfil para el partido, un cambio generacional” que sólo es rechazado, dicen los que operan en medios a su favor, “por los dinosaurios y los viejos políticos de siempre que no quieren que nada cambie y pretenden seguir controlando ellos la burocracia partidista”.

¿Tecnos contra políticos? Al interior del PRI lo que parece estarse reeditando, a partir del inminente nombramiento, es una vieja pugna que comenzó con la llegada del grupo neoliberal al poder en tiempos de Miguel de la Madrid. La selección de Carlos Salinas como candidato, y luego su presidencia, marcó el arribo de los tecnócratas preparados en universidades extranjeras y que, con un perfil mucho más orientado a las áreas técnicas y económicas (como es el caso de Enrique Ochoa) desplazaron a los políticos de militancia tradicional en el viejo partido.

Esa pugna se volvió a expresar con Ernesto Zedillo, quien después de su accidentada candidatura, tuvo una relación complicada con su partido, pues aunque en público pregonaba la “sana distancia”, en los hechos ejerció el mismo control de todos los presidentes sobre el priísmo, que en rebelión, le impuso a Zedillo en la 17 Asamblea Nacional los “candados” que exigían “cargos previos de elección” a candidatos presidenciales del PRI.

No fue casualidad que fuera precisamente con la llegada de Peña Nieto a la Presidencia que en la última asamblea priísta, la XXI, se eliminaran en 2013 esos mismos “candados” dirigidos a la tecnocracia, además de otros cambios en los documentos básicos que dieron paso a las reformas estructurales del peñismo. En aquella asamblea el presidente celebraba así las modificaciones estatutarias: “Con esta histórica decisión, el PRI deja atrás los obsoletos candados que sólo limitaban los derechos de la mayoría de los militantes”, indicó Peña.

Hoy, a pesar de la inconformidad expresada por sectores y figuras que representan al ala política tradicional del PRI, no se ve quién pueda hacer frente a la designación de Enrique Ochoa que sólo formalizará el Consejo Político Nacional. Esos grupos que volteaban hacia Manlio Fabio Beltrones como un posible cabeza, se movían y operaban para expresar su inconformidad ante lo que consideran una “ofensa a la militancia priísta”, pero no tenían estrategia y muchos no lo hacían públicamente por temor a represalias. Beltrones se encuentra fuera del país y no ha emitido pronunciamiento alguno sobre la decisión que tomará su partido a principios de la próxima semana.

Un ex dirigente del PRI, que se quejaba de “una burda operación del grupo de Videgaray para legitimar a un joven que, aunque preparado y talentoso no tiene militancia ni carrera en el partido”, dibujaba anoche el siguiente escenario: “Lo van a imponer con un modelo viejo y anacrónico, aún cuando no cumpla los requisitos, con un pésimo mensaje a los jóvenes del PRI de que no importa la carrera de partido. El problema no es con el personaje, sino que no tiene militancia, ni formación ni carrera en el partido y existe el hecho público de que renunció y renegó de su militancia priísta”.

También, en una carta pública dirigida ayer a la presidenta interina, Carolina Monroy, el ex gobernador de Oaxaca Ulises Ruiz cuestionaba la decisión de una “encumbrada cúpula… a espaldas de la militancia” y acusaba “las formas arcaicas para imponer una dirigencia”. Y decía, citando a Colosio: “No queremos candidatos que al ser postulados, los primeros sorprendidos en conocer su pretendida militancia en el partido, somos los propios priístas”.

Así, puede darse por hecho que el PRI tendrá nuevo dirigente; que llegará con el aval del presidente y toda la cercanía y la ascendencia de Luis Videgaray y su grupo que intenta tener el control absoluto en la definición del candidato presidencial del PRI en 2018. Los grupos inconformes, si no pueden enfrentarlo en el Consejo Político citado para el martes, sólo podrán rumiar su molestia. Si hay una sacudida dentro del PRI, que pueda terminar en enfrentamiento abierto entre las dos corrientes —tecnócratas vs. políticos— tendrá que esperar a la pospuesta XXII Asamblea Nacional. Ese puede ser el campo de batalla y escenario de una posible ruptura en el priísmo.

NOTAS INDISCRETAS…Una encuesta atribuida al CISEN y levantada del 20 al 23 de junio pasado, mide cómo van los partidos y aspirantes a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Señala entre sus resultados, con una muestra de “1,715 entrevistas en 120 puntos de levantamiento en la ciudad”, que Morena encabeza las preferencias como partido con 26.67%, seguido del PRD con 20.76%, el PAN con 10.83% y el PRI con 8.52%. En cuanto a los candidatos, medidos a población abierta, arroja que Ricardo Monreal, delegado en Cuauhtémoc, encabeza las preferencias con 15.49%; le sigue Alejandra Barrales, del PRD, con 11.35%, y la panista Xóchitl Gálvez, delegada en Miguel Hidalgo, con 8.81%. Como candidatos independientes aparecen Patricia Mercado con 5.72% y Salomón Chertorivski con 5.47%. Así la carrera por la capital según esa encuesta…Los dados mandan Doble Escalera. Y se guardan por vacaciones. Volverán a girar, recargados, el 30 de julio. Hasta entonces amables lectores.

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