El Vaticano, ¿detrás de la rebelión púrpura?

Salvador García Soto

Los obispos y cardenales mexicanos que encabezan la ofensiva contra el presidente Enrique Peña Nieto y su propuesta de legalizar los matrimonios gay no están actuando solos. Detrás del activismo y las fuertes declaraciones de los prelados católicos en el país, hay una conexión directa con El Vaticano, donde el papa Francisco, percibió como “una ofensa a los católicos” y “una traición a su reciente visita”, la propuesta del mandatario mexicano para elevar a la Constitución el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Versiones que circulan en altos círculos eclesiásticos y en la poderosa comunidad jesuita en México, aseguran que la molestia del Papa hacia el gobierno de Peña Nieto tiene que ver con que se siente “traicionado” después de que en su visita a México él aceptó ceder en varias “peticiones y recomendaciones” del gobierno en temas como evitar la reunión con los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa (originalmente contemplada por la curia papal pero cancelada y evitada a partir de la presión directa de Los Pinos), además de que también le pidieron, y él aceptó, “moderar su discurso y no señalar ni criticar específicamente al gobierno ni a la situación del país”.

“Después de que él concedió todo eso en aras de una buena relación, el que el presidente Peña haya impulsado una iniciativa que claramente está en contra de los principios de la Iglesia sobre el matrimonio fue interpretado como una traición; de ahí que se haya dado libertad a la jerarquía católica mexicana para iniciar un movimiento de oposición y cuestionamiento a las acciones del gobierno”, comentó un sacerdote jesuita que pidió el anonimato.

Según esas versiones, la posición contra del Presidente y su partido asumida por la curia mexicana en las pasadas elecciones estatales “es apenas el comienzo de lo que viene”; pues aseguran que hay un “plan de acción mucho más amplio” con el que la jerarquía católica y sus brazos seculares actuarán en los próximos meses para cuestionar al gobierno a partir de temas como la pobreza, inseguridad, corrupción y desigualdad social.

La ofensiva de los jerarcas mexicanos se inspira en el movimiento encabezado en 2010 por el entonces cardenal de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, quién se enfrentó abiertamente a la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, también por la aprobación de una ley que permitió el matrimonio entre personas del mismo sexo. Días antes de la aprobación de los diputados argentinos, el arzobispo mandó una carta a los cuatro monasterios de Buenos Aires donde expresaba su abierto rechazo: “No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretención destructiva al plan de Dios… No se trata de un mero proyecto legislativo (éste es sólo el instrumento) sino de una movida del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios”, agregó.

En otra carta, difundida por la Arquidiócesis, Bergoglio afirmaba: “No se trata de una cuestión de mera terminología o de convenciones formales de una relación privada, sino de un vínculo de naturaleza antropológica. La esencia del ser humano tiende a la unión del hombre y de la mujer como recíproca realización, atención y cuidado, y como el camino natural para la procreación. Esto confiere al matrimonio trascendencia social y carácter público. El matrimonio precede al Estado, es base de la familia, célula de la sociedad, anterior a toda legislación y anterior a la misma Iglesia. De ahí que la aprobación del proyecto de ley en ciernes significaría un real y grave retroceso antropológico”.

Ese fue el punto de mayor tensión entre el arzobispo y la presidenta, que ya desde 2008 se habían confrontado por la iniciativa kirchneriana de imponer nuevos impuestos a las exportaciones del campo argentino. El enfrentamiento se mantuvo durante todo el gobierno de Cristina Fernández —a lo largo del cuál era común escuchar duras homilías y sermones del cardenal sobre la pobreza y la desigualdad social en la Argentina— y prevaleció hasta el nombramiento de Bergoglio como Papa en febrero de 2013.

Ahora, al ver la dureza con la que jerarcas mexicanos cuestionan a Peña Nieto y no sólo se mofan de la derrota de su partido, sino hasta del mismo Presidente, la pregunta que se impone es: ¿a dónde irá la relación entre la Iglesia católica y el gobierno federal? Sobre todo si, como afirman en cúpulas eclesiásticas, en El Vaticano se sienten “traicionados” y la ofensiva contra los matrimonios gay (que por lo pronto ya frenaron en el Congreso) “es sólo el comienzo” de una confrontación mayor entre el poder católico y la Presidencia de México.

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