Peña vetó a candidatos jóvenes del PRI

Salvador García Soto

Quizás el regreso del partido tricolor a perfiles de mayor edad y experiencia significa el fracaso del “nuevo PRI”

En su carácter de “gran elector” del PRI, el presidente Enrique Peña Nieto no sólo definió, en consultas con la dirigencia nacional priísta, las 12 candidaturas a gobernador que compiten por su partido en los comicios locales de junio próximo, sino que, además, el mandatario pidió específicamente que ninguno de los nominados por el priísmo tuviera una característica en particular: ser jóvenes. “Ya ves lo mal que nos ha ido con los jóvenes”, dijo el Presidente cuando le presentaron opciones de precandidatos cuyas edades oscilaban en los 30 años.

Peña aludía a varios gobernadores que llegaron al poder en los estados con treinta y tantos años y que, en algún momento, él mismo apoyó e impulsó, desde el Estado de México, como parte de una pretendida renovación generacional del priísmo, eufemísticamente llamada el “nuevo PRI”. Javier Duarte en Veracruz, Roberto Borge en Quintana Roo y Aristóteles Sandoval en Jalisco son algunos de esos “jóvenes” que, en opinión del Presidente, no habrían cumplido las expectativas que generaron en el intento fallido de relevo generacional del viejo partido.

Fueron varios casos en los que el Presidente, durante la selección de candidatos, descartó a aspirantes jóvenes; pero el más marcado ocurrió en Quintana Roo. Cuando le presentaron los números del diputado José Luis Toledo, de 34 años, Peña Nieto los observó. Chanito era competitivo en la encuestas, pero el veto fue contundente: “Más jóvenes no. Ya ves lo mal que nos ha ido con los jóvenes”. Y así se decidió la candidatura de Mauricio Góngora de 48 años.

Por eso, si se analiza el perfil generacional de los candidatos del PRI a las gubernaturas que se renuevan el próximo 5 de junio, el promedio de edad de los 12 abanderados tricolores es de 50 años, siendo los mayores Enrique Serrano de Chihuahua y Héctor Yunes de Veracruz con 58 años de edad, y los menores Esteban Villegas de Durango y Alejandro Murat en Oaxaca con 40 años. Las edades del resto oscilan entre los 44 y los 54 años de edad.

El PRI ya no privilegió a candidatos más jóvenes, como en elecciones pasadas, y esta vez optó por una mayoría de cuadros experimentados y perfiles por arriba de 40 y 50 años de edad que hace algunos años, cuando el furor y la moda del “nuevo PRI”, hubieran parecido “viejos”.

La pregunta obligada es si la decepción del PRI y de Peña Nieto por el desempeño de sus jóvenes gobernadores —por lo demás compartida por los gobernados de esos políticos, que terminan su gestión con cuestionamientos, corrupción y repudio social— y el regreso a perfiles de mayor edad y experiencia significa, en los hechos, el fracaso del “nuevo PRI”. O lo que es lo mismo, al priísmo sus jóvenes les salieron cortos de edad, pero viejos de mañas.

NOTAS INDISCRETAS… Las imágenes del lunes en Iguala, de Miguel Osorio y José Antonio Meade, no dejaban dudas. Los dos secretarios fueron al municipio emblemático de la violencia y la tragedia de los 43 normalistas para hablar del apoyo federal a Guerrero con programas sociales y firmar un nuevo acuerdo con el gobernador Héctor Astudillo. Cada uno habló sobre la problemática de Guerrero e Iguala. “Se resuelve con oportunidades, con llevar beneficios a la población, se resuelve con invertir dinero. Y esto ha sido una agresión por muchos años para Guerrero”, dijo Osorio grandilocuente, mientras Meade sentenció: “Iguala no nos va a dividir, en Iguala se hacen cosas importantes, en Iguala se refrendan pactos sociales relevantes”. Los dos secretarios se movían mientras hablaban entre el público asistente cual candidatos en campaña. ¿Quién fue a apoyar a quién?... La amenaza de boicot de Morena, de retirarse de las 13 elecciones estatales de junio próximo, si no se repone el registro de sus candidatos en Zacatecas y Durango, es una presión directa al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que en los próximos días fallará sobre las impugnaciones a las dos cancelaciones del INE. Detrás de la presión o chantaje, según se quiera ver, está el intento de los abogados de Morena por impedir que el mismo esquema para contabilizar como “actos anticipados de campaña” las llamadas “Asambleas Informativas” realizadas por sus dos candidatos a gobernador, y que el INE contabilizó como “actos de campaña”, también se le aplique a Andrés Manuel López Obrador en 2018 y se contabilicen al tabasqueño todas las “Asambleas” que realiza desde hace varios meses en todo el país para acusarlo de “actos anticipados de campaña” y cancelarle el registro en la elección presidencial. Ese temor esconde el amago lopezobradorista... Los dados repiten Serpiente. Falla el tiro.

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