¿Cómo surgieron las aves?

Rosaura Ruiz y Eva Hernández

Uno de los errores más comunes al pensar en la evolución es creer que toda estructura surgió “para algo”, es decir, que se desarrolló con un propósito y un fin determinados, lo cual es falso. El que una estructura resulte adaptativa (es decir, que favorezca la supervivencia y la reproducción) depende de las condiciones particulares de vida de los organismos de una especie en un lugar y momento dados.

Un buen ejemplo para ilustrar este punto es la dramática transformación evolutiva de dinosaurios terrestres de gran masa corporal en aves voladoras, que involucró el desarrollo de más de 30 estructuras, hasta llegar a Archaeopteryx, un ancestro de las aves que combina características de ambos grupos.

Como se señala en el artículo How birds became birds (Science, agosto 2014) —basado en el reporte del equipo liderado por el paleontólogo Michael S. Y. Lee, publicado en el mismo número— dicha transformación fue posible gracias a la miniaturización del cuerpo de algunos dinosaurios (pasando de alrededor de 160 kg a los 0.8 kg que se estima pesaba Archaeopteryx), que tomó alrededor de 50 millones de años, e incluyó importantes cambios adaptativos en el esqueleto y el crecimiento de los ojos y del cerebro, entre otras adaptaciones.

Se cree que estos cambios fueron favorecidos por la selección natural porque algunos dinosaurios comenzaron a vivir en los árboles para huir de los depredadores o para explotar nuevos recursos alimenticios, de manera que ahora el peso jugaba en su contra. Fue durante este proceso que se presentó por primera vez la estructura que inmediatamente relacionamos con el vuelo de las aves y que difícilmente podemos imaginar que “sirva para” otra cosa: la pluma.

Las plumas son la característica más distintiva de las aves, la que no comparten con ningún otro grupo. Estas estructuras queratinosas les permiten desplazarse fácilmente en el aire y el agua, pero también sirven para protegerlas del frío y otorgan a las aves su complejo colorido, que es fundamental para la atracción sexual visual —tan importante en las aves— y el camuflaje.

De acuerdo con las evidencias fósiles, los ancestros no voladores de las aves exhibían un plumaje primitivo que era utilizado para el aislamiento térmico corporal y la ornamentación, que después de su miniaturización y el desarrollo de otras estructuras fue aprovechado de diferente manera, permitiendo el vuelo.

De la evolución de las aves podemos aprender que no es el desarrollo de una sola estructura lo que distingue a un grupo, ya que de poco le serviría tener alas a un dinosaurio de 160 kg para surcar los cielos, así estuviera cubierto de plumas. Y aun cuando dicho animal pesara un cuarto de kilogramo, requeriría también del desacoplamiento de los miembros anteriores y posteriores, del que los dinosaurios carecían. En otras palabras, necesitaría el desarrollo de muchas otras características que surgieron de manera azarosa en el proceso evolutivo de las aves y que se conservaron mediante la reproducción diferencial, porque favorecían que su portador sobreviviera y dejara descendencia fértil; es decir, que resultaban adaptativas (o por lo menos no mermaban sus posibilidades de supervivencia).

A los interesados en la evolución de las aves les recomendamos leer Dinosaurios con plumas, de Marisol Montellano, publicano en la revista ¿Cómo ves?, disponible en http://www.comoves.unam.mx/numeros/articulo/79/dinosaurios-con-plumas.

Rosaura Ruiz es directora de la Facultad
de Ciencias de la UNAM y Eva Hernández
es bióloga por la misma Universidad, donde
actualmente cursa el posgrado en Filosofía
de la Ciencia (Historia de la Ciencia)

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