Padre nuestro que estás en los cielos…

Ricardo Rocha

SI GANA ELLA:

Contra lo que digan mis entrañables Vicente Fernández, Los Tigres del Norte, Salma Hayek y millones de latinos y mexicanos, un triunfo de Hillary Clinton no nos abrirá las puertas del Paraíso, ni nos caerá maná del cielo y, en una de esas, hasta nos provoca desilusión cuando empiece a gobernar; como nos pasó con el candidato que por negrito, demócrata, simpático, inteligente y culto seguro nos trataría mejor que nunca y que terminó deportando casi a más de tres millones de migrantes, 600 mil más que el antipático republicano llamado George W. Bush.

Así que con Hillary Clinton, la candidata demócrata, también corremos riesgos. Y motivos de preocupación hay suficientes: no hay un solo acto favorable a México durante la ya larga carrera de esta güerita —tan linda que se ve— ni como legisladora ni como secretaria de Estado; siempre se ha opuesto al TLC y se pronuncia con toda energía con que al menos se revise en términos más favorables para Estados Unidos y Canadá que para México; también ha cuestionado el Tratado Transpacífico que promovió su colega de partido Barack Obama y que supuestamente beneficiaría a México; apenas en abril lanzó una crítica brutal a nuestro gobierno, cuando al referirse a los hechos de Ayotzinapa, Tlatlaya y otros más fustigó que “el Estado mexicano haya sido omiso en ejercer justicia para las víctimas de estos actos represivos”. ¡Pácatelas! La única señal positiva es su postura en materia de derechos humanos, cuando ha prometido luchar por “una reforma migratoria comprensiva que provea un camino a una ciudadanía completa y equitativa”.

Pero la principal preocupación que los mexicanos debiéramos tener con el muy probable triunfo de la candidata demócrata es que la señora Hillary Rodman Clinton está furiosa contra México y su presidente Peña Nieto. Porque hace apenas dos meses estaba encaminada a una apabullante e histórica victoria, cuando la inexplicable, absurda, ilógica, explosiva, humillante y ridícula invitación a Donald Trump —dándole trato de jefe de Estado— le dio oxígeno y lo levantó de la lona en una contienda que ya él mismo daba por perdida. Dicen que Hillary no es rencorosa, pero tiene buena memoria; si no, que le pregunten a Bill.

En resumen, podríamos decir que, si gana ella, tendríamos una relación con alto grado de dificultad, lo otro sería la catástrofe.

SI GANA ÉL:

“Padre nuestro que estás en los cielos…”

Para no incurrir en plagio, debo decir que —según me contaron— eso fue todo lo que escribió aquel controvertido periodista, Carlos Denegri, en su columna de primera plana de Excélsior cuando Estados Unidos arrojó la bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945, dejando todo el resto de su espacio en blanco.

Así que: más allá del estúpido muro; de que nos deporte a 11 millones de paisanos; de que se quiera agandallar 25 mil millones de dólares en remesas; de que derogue el TLC; de que nos dispare el dólar a 25 o 30 pesos; de que nos destroce la economía con 5 % menos del PIB; mucho más allá de todo eso, yo rezo porque no llegue a la Casa Blanca un loco desquiciado capaz de oprimir el botón rojo y que pierda sentido todo lo que hemos logrado como especie humana: “Padre nuestro que estás en los cielos…”.

Periodista.

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