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¿De cuánto el cañonazo, Chapo?

Ricardo Rocha

¿Cuánto pagó y a quién El Chapo Guzmán para que lo dejaran fugarse?

Desde luego que no hablamos de los tiempos remotos del obregonismo cuando eran de 50 mil pesos. Pero la pregunta es absolutamente válida: ¿cuánto pagó y a quién El Chapo Guzmán para que lo dejaran fugarse? Desde luego que el sapo es gigantesco y la pedrada del tamaño de un meteorito: ¿Veinte, treinta, cincuenta o cien millones de dólares? ¿Por qué no? Si tiene eso y más. El caso es saber a quién se los pagó. Seguro a alguien de altísimo nivel, con el poder suficiente para ordenar el relajamiento normativo que, entre otras cosas: le permitió a Joaquín Guzmán Loera permanecer siempre en la misma celda para facilitar la labor micrométrica del último tramo; coordinar durante meses la “operación vista gorda” para evitar que soldados y custodios ignorasen el flujo incesante de camiones con toneladas de tierra, y en la noche del sábado tapar los oídos de todos para no escuchar el necesariamente estruendoso rompimiento de 12 centímetros de concreto del piso. Más aun, darle al fugitivo al menos tres horas de ventaja desde que se desapareció hasta que se dio la alerta de fuga. Para cuando se dio el aparatoso e inútil operativo de 400 soldados y federales en Almoloya, ya El Chapo estaba brindando en cualquier parte.

El propio presidente Peña Nieto dijo en París que la fuga era una afrenta al Estado mexicano. De acuerdo. Sólo que las respuestas de su gabinete de seguridad son una afrenta para todos los mexicanos. Los señores Rubido, comisionado, y Osorio Chong, secretario de Gobernación, se han limitado a ponderar la perfección del túnel de kilómetro y medio; sólo falta que lo postulen al Pritzker, que es el Nobel de Arquitectura. Y todo lo quieren limitar a custodios y autoridades del penal, cuando deberían estar investigando cuentas bancarias de quienes podrían haber ayudado al Chapo. La vieja máxima: seguir la ruta del dinero. Averiguar quién o quiénes son los socios de El Chapo Guzmán en el gobierno federal.

Porque está claro que alguien lo protegió desde las alturas. Para empezar, ignorando su capacidad tunelera. Me decía José Reveles que de los ochenta túneles descubiertos para el trasiego subterráneo de droga en la frontera norte, se sabe que 60 los mandó a hacer El Chapo. En su libro de hace un año, uno de los capítulos se titula Un Chapo con vocación de topo. Así que, ¿de verdad nadie en las áreas de supuesta inteligencia en el gobierno suponía que El Chapo intentaría un nuevo túnel? ¿Es creíble que a nadie se le ocurrió vigilar o sospechar de lo que pasó durante meses a sólo mil 500 metros del mal llamado Penal de Alta Seguridad del Altiplano y a escasos 500 metros de un puesto militar?

Por estas ofensas al sentido común es que las burlas e insultos en las redes se dirigen al gobierno y favorecen a El Chapo, al que sólo falta que entronicen como héroe nacional. Pero el asunto va mucho más allá de la anécdota y los chistoretes. Lo grave es que se está percibiendo al líder del crimen organizado de México, como más capaz y más inteligente que los que nos gobiernan, según me explica Ernesto López Portillo.

Y así. La fuga de El Chapo ha generado la más grave crisis de Estado que ha enfrentado un gobierno mexicano en mucho tiempo. Lo trágico es que muchos podrían saludarlo, por cierto a la francesa, con un “Chapó, mon commandant”.

Periodista.

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