La rebelión del otro PRI

Raúl Rodríguez Cortés

Entre la militancia priísta de base hay inconformidad y preocupación. No están de acuerdo con la manera en que las cúpulas tricolores han conducido al partido tras su regreso a Los Pinos. Consideran que la debacle electoral por la pérdida de ocho gubernaturas en un año, es muestra palmaria de sus errores; y que es “triunfalista” su lectura del resultado en el Estado de México, donde se ganó, dicen, gracias a la alianza con el Verde y el Panal, pero en la que el PRI, por sí sólo, quedó 58 mil votos abajo de Morena, un partido que ni siquiera lleva tres años de vida.

Ideas como esas discutieron el viernes pasado 89 militantes del otrora partidazo, casi todos de la corriente interna llamada “Alianza Generacional”, reunidos el viernes pasado en el salón Covadonga del Hotel Casa Blanca de la Ciudad de México.

La organización no es nueva, se fundó hace veinte años y sus integrantes tienen el denominador común de haberse formado en las organizaciones juveniles del partido. La mayoría han sido dirigentes estatales y municipales del tricolor, y otros diputados locales, federales y senadores.

Entre los de mayor reconocimiento mediático estuvieron José Ramón Martell, hasta hace poco asesor de José Antonio Meade cuando estuvo al frente de la Sedesol; la senadora duranguense Yolanda de la Torre; el también senador Ernesto Gándara Camou, secretario técnico del Consejo Político Nacional del CEN del PRI; el secretario general de la CNOP en la Ciudad de México, Jorge García, y el diputado de la Asamblea Legislativa capitalina, José Encarnación Alfaro. Como invitados, sin ser parte del grupo, estuvieron la ex gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega, y el líder de la llamada “Nueva Corriente Democrática”, Hugo Díaz Thomé, quien el año pasado desafiara la candidatura de unidad de Enrique Ochoa Reza para dirigir al partido.

Su objetivo, en el fondo: influir en los términos de la elección del candidato presidencial tricolor a partir de los resolutivos que tome la Asamblea Nacional Ordinaria número 22 en su plenaria del 12 de agosto.

En el debate, que tuvo lugar de las diez de la mañana a las dos de la tarde, resonaron tres planteamientos: uno, impedir que la Asamblea modifique los estatutos, formulado por el ex presidente del partido en Tamaulipas, Miguel de la Rosa; dos, explicitar un candado que evite la postulación de militantes con cercanía al PAN, por aquello de las eventuales alianzas, hecho por el ex presidente tricolor en Zacatecas, Jaime Santoyo; y tres, que la postulación del candidato presidencial no sea por voluntad exclusiva de un único consejero político nacional, o sea el Presidente, planteado por Díaz-Thomé.

Tales demandas dejan ver dedicatorias desde ya. Si dos son los candados sobresalientes establecidos por la anterior Asamblea priísta: que el candidato tenga una probada militancia de por lo menos diez años y que haya desempeñado cargos de elección popular, mantenerlos supone un serio obstáculo para las aspiraciones de por lo menos dos suspirantes: el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño y el secretario de Salud, José Narro. Y en cuanto a la pretensión de cerrar el paso a quienes tengan cercanía con el PAN, la dedicatoria es para el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, quien además encuadra en las dos anteriores.

Los 89 del hotel Casa Blanca suponen que la próxima Asamblea tricolor buscará eliminar esos candados. De ahí que exijan que el cónclave se abra y se evite la manipulación que anticipan frente a “la decisión cupular” de dejar fuera del análisis de sus pre dictámenes a siete mil de los diez mil delegados. Consideran que solo así se “democratizaría” el proceso de selección del candidato y se evitaría el “dedazo” presidencial, de cara al debilitamiento del partido y al complejo proceso de postulación de ocho candidatos a gobernador, mil a presidentes municipales, 300 a diputados federales y 64 a senadores para 2018.

Las críticas a la dirigencia nacional del tricolor fueron muy severas en la reunión. Los 89 no se consideran rebeldes ni disidentes. Se asumen como “el otro PRI”, y aseguran que los que “transitan a contracorriente” del proyecto histórico priísta son los del “grupo cupular” integrado por “los poderosos del momento” y “los siniestros de siempre”.

De ahí la reacción del secretario general de la CNOP, el senador Arturo Zamora, de que sólo se trata de “políticos de café”, a lo que ellos respondieron que, si prevalece la cerrazón, la exclusión y la intolerancia, no descartan el crecimiento de una corriente interna rupturista, como la que a medidos de los ochenta encabezaron Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, entre otros.

¿Qué mano mece esa cuna? Algunos dijeron que la ex gobernadora Ivonne Ortega, quien ha expresado abiertamente sus aspiraciones a la candidatura presidencial. Otros, por la cercanía de José Encarnación Alfaro, voltearon hacia el ex presidente del partido, Manlio Fabio Beltrones. Pero ambos han negado contundentemente tal pretensión. Tampoco se ve la mano de alguno de los ex presidentes vivos del PRI. ¿Estaremos ante una rebelión priísta o ante intereses que se mueven para ver qué sacan del río revuelto? Muy pronto lo sabremos.
 

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