Matar a un periodista

Raúl Rodríguez Cortés

En el antiguo calendario romano no todos los días eran idus. Sólo lo eran los 13 de cada mes, excepto en marzo, mayo, julio y octubre que se fijaron el 15. Eran días de buenos augurios por marcar la mitad del mes, hasta los de marzo del año 44 antes de Cristo, cuando fue asesinado Julio César. No hizo caso el dictador de la advertencia de un ciego: “¡cuídate de los idus de marzo!”. Lo pasaron a cuchillo al salir del Senado. Desde entonces, no solo el día, sino el mes entero, quedó asociado a la tragedia y la fatalidad.

Estos días han sido los idus de marzo para el periodismo mexicano. En el mes fueron asesinados tres colegas, dos de ellos en menos de una semana. Súmense el ataque a otro, que lo tiene entre la vida y la muerte, y las múltiples agresiones a varios más, apenas consignadas por unos cuantos medios. Todos, según lo sabido hasta ahora, por sus denuncias contra los poderosos, sean mafiosos o narcos, políticos o negociantes corruptos. Todos, por ejercer su derecho a informar, a aproximar a su público a las verdades que oculta este México corrompido y violento.

El 2 de marzo fue baleado en Ciudad Altamirano, Guerrero, Cecilio Pineda Brito, director del diario La Voz de la Tierra Caliente y ex colaborador de esta casa editorial. El 19 de marzo cayó abatido a tiros en Yanga, Veracruz, Ricardo Monlui Cabrera, director de la publicación digital El Político y columnista de El Diario de Xalapa. El 23 de marzo fue asesinada en Chihuahua, Miroslava Breach Valducea, corresponsal de La Jornada. Y el 29 de marzo dejaron gravemente herido a Armando Arrieta Granados, jefe de redacción de La Opinión de Poza Rica.

De acuerdo con Reporteros sin Fronteras, México se ha convertido en el tercer país más peligroso para los periodistas, apenas superado por dos que están en guerra: Siria y Afganistán. Y aquí cabe una precisión. No solo mueren periodistas en el fuego cruzado de un enfrentamiento armado. También mueren por informar, por denunciar la corrupción de políticos y mafiosos, por desenmascarar los abusos de los poderosos.

La organización independiente de derechos humanos Artículo 19, contabiliza en nuestro país 285 asesinatos de periodistas entre 1934 y 2017. Eran muy poco frecuentes durante los primeros años de este recuento. En el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940) fue asesinado uno, en el de Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) otro y en el de Adolfo López Mateos (1958-1964) uno más.

En el gobierno de Luis Echeverría (1970-1976), aún en medio de la guerra sucia, solo está consignada la muerte de uno. Pero a partir de ahí, asociados a la creciente descomposición del Estado de Derecho y, por supuesto, a la violencia desatada por la sangrienta e inútil guerra contra el narcotráfico, los asesinatos de periodistas han escalado.

Con José López Portillo (1976-1982) fueron diez; con Miguel de la Madrid (1982-1988) 35; con Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) 24; con Ernesto Zedillo (1994-2000) 20; con Vicente Fox (2000-2006) 32; con Felipe Calderón (2006-2012) 112; y con Enrique Peña Neto van 48.

Los estados donde más se han cometido son Veracruz (33), Tamaulipas (31), Chihuahua (30), Sinaloa (25) y Guerrero (22). Y los años en que más periodistas han sido asesinados son 2010 y 2012 con 24 casos cada uno.

Entre los más impactantes están el del columnista Manuel Buendía (30 de mayo de 1984), Héctor El Gato Félix Miranda, directivo del Semanario Zeta de Tijuana (20 de abril de 1988) y la reportera de Proceso Regina Martínez Pérez (28 de abril de 2012). Pero la mayoría han sido de medios locales, en comunidades donde informar es un ejercicio de alto riesgo. Y un dato sobrecogedor: 95% de los casos permanecen impunes.

Al hacer este recuento vino a la memoria un libro estremecedor del que tomé el título de esta entrega: Matar a un periodista (el peligroso oficio de informar). Su autor, el periodista canadiense Terry Gould, indaga sobre el asesinato de siete periodistas locales de países difíciles. Pero no solo sigue la pista de sus verdugos y de la manera en que cometieron sus crímenes. Profundiza en el ser y la vida de las víctimas: ¿qué impulsa a esas mujeres y hombres, qué obsesión, rectitud, sentido de la justicia o rabia contra el poder y la impunidad los conduce a jugarse la vida solo por la verdad?

Juan Miguel Muñoz, de El País, publicó un reportaje sobre Terry Gould en el que deja claro: “Los periodistas representan el derecho de la gente a saber lo que hacen los personajes públicos, desenmascaran a la delincuencia cuando la policía se niega a perseguirla o forma parte de ella, y ayudan a los ciudadanos a conocer y comprender las actividades que grupos armados ilegales y terroristas llevan a cabo en la zona. Si los periodistas pueden ser asesinados como represalia por su trabajo y los asesinos no pagan por su delito, las sociedades en que se producen esos asesinatos estarán a merced de sociópatas”.

Matar a periodistas es una expresión más de esa crisis que solo está en la mente de algunos, según dijo Peña Nieto. 

INSTANTÁNEA. EXPRÉS. Hoy entra en operación el Paso Exprés de Cuernavaca que conecta la autopista a la capital morelense con el segundo piso del Periférico de la Ciudad de México. Esta obra se suma a otros accesos a la zona metropolitana del Valle de México ya concluidos: la autopista La Marquesa-Toluca, las ampliaciones a 10 y 8 carriles de la México-Puebla, y la México-Pachuca; y la nueva autopista Chalco-Puebla. El secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza prometió que los siete accesos restantes estarán listos antes de que concluya este gobierno: el primer tramo de la Pirámides-Texcoco, la Peñón-Texcoco, la rehabilitación de la México-Querétaro, la autopista Atizapán-Atlacomulco, el Viaducto Avenida 602 y la construcción del Viaducto Chamapa-La Venta.

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