Los demonios de Margarita

Raúl Rodríguez Cortés

Sin importar su capacidad, las opiniones políticas y juicios de valor de la señora de Calderón siempre cargarán con el fardo de los errores de Felipe

Aseguró Margarita Zavala Gómez del Campo que sabe cómo ganarle a Andrés Manuel López Obrador, a quien identificó como el candidato a vencer en las próximas elecciones presidenciales, porque el PRI, dijo, va de caída, según evidenció su estrepitosa derrota en seis estados durante los comicios de junio pasado.

Aunque no dijo cómo, la esposa del ex presidente Calderón merece, por supuesto, el beneficio de la duda. Sin embargo, habría que ver, primero, si el PAN la elige como candidata presidencial o si los grupos de poder real (¿cuáles y cuántos?), están dispuestos a respaldarla como independiente.

También cabría preguntar si la señora Zavala tiene la preparación, los méritos y la experiencia para ocupar el cargo político más alto del país o si la mayoría de los mexicanos votaría por quien fue parte, más personal que formal, de un gobierno autoritario y militarista en el que se registraron 121 mil muertes relacionadas con el narcotráfico (una cada media hora, según un estudio del Senado), y poco más de 13 mil 100 desapariciones (seis cada día, de acuerdo con el Registro Nacional de Datos de personas Extraviadas o Desaparecidas).

Parece que ella no reparó en esos datos cuando le dijo en la radio a Ciro Gómez Leyva que Enrique Peña Nieto encabezaba un gobierno que ha fallado enormemente y que carece de autoridad moral. ¿La tienen los Calderón-Zavala después de su gestión? Las opiniones políticas y juicios de valor de la señora de Calderón, siempre cargarán con el fardo de los errores de Felipe.

Éste encabeza en el PAN a un grupo que saboteó la candidatura presidencial panista de hace cuatro años, origen de una factura que aún no sana en las filas albiazules, y que nadie sabe si Margarita será capaz de soldar, frente al embate de opositores internos hoy montados en sus recientes victorias electorales, como es el caso del líder nacional, Ricardo Anaya, y el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle.

Quizás algunos consideren suficiente experiencia política haber vivido seis años en Los Pinos, sin demérito, claro, de su preparación como abogada especialista en Derecho Electoral. Pero en términos de la búsqueda del voto, no se olvide que la señora Zavala llegó a la Cámara de Diputados y a la Asamblea Legislativa capitalina por la vía de las listas plurinominales. Al interior del PAN ha ocupado cargos burocráticos menores, vía designación cupular. De manera que nunca nadie ha votado por ella, lo que se traduce en una trayectoria política más bien opaca.

Su imagen fue construida, junto con la de Calderón, a partir de una auditoría de imagen pública realizada en 2006, con cargo al fondo de transición, semanas antes de que iniciara el segundo gobierno panista. A partir de ahí se cimentó su fama de sencillez y discreción que, por lo demás, urgía para contrastarla con el protagonismo desbocado y los excesos que caracterizaron a Marta Sahagún de Fox.

Margarita Zavala dio a conocer también en la entrevista con Ciro que la promoción de su precandidatura la financia (a falta de prerrogativas en esta etapa), mediante el pago que recibe por las conferencias que dicta. ¿Hasta 20 mil dólares por cada una, como López Obrador? No tanto, dijo. Un poquito menos, diez mil 500 dólares. Nada mal.

Son, sin duda, recursos que ella genera, pero parte de sus gastos debe venir, uno supone, de los ingresos de su marido, y entre ellos está la pensión vitalicia de ex presidente, además de todo un séquito de elementos del Estado Mayor Presidencial que la acompañan, la cuidan y la ayudan. De manera que parte de su precampaña está financiada con recursos públicos.

Pero no seamos aguafiestas y mejor recitemos con Rubén Darío: “Margarita, está linda la mar…”. Y preguntemos también con el poeta nicaragüense: “¿No te he dicho Margarita que el azul no hay que cortar? ¡Qué locura! ¡Qué capricho! El Señor se va a enojar”.

INSTANTÁNEA. ALIADO. De cara a 2018, al PRD parece tocarle el papel de ser el aliado más codiciado. Sumada su menguada fuerza, podría garantizar el triunfo del PAN o de Morena. El albiazul ya corteja a la Barrales y el Peje ya suavizó sus condiciones aliancistas. Venderá caro su amor.

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@RaulRodriguezC

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