Los juegos y límites de la democracia para Trump

Óscar Mario Beteta

La maldición que millones de personas esperaban que no se cumpliera, se consumó en su segunda fase: Donald Trump es presidente electo de Estados Unidos.

De su triunfo, producto de una combinación de factores por identificar, se acentúan ahora la amenaza y el miedo, base de su campaña. Con esos instrumentos, convertidos en sicosis mundial, ha puesto de rodillas a casi toda la humanidad. Y eso que aún no ha llegado al Salón Oval de la Casa Blanca.

Así, más que especular sobre cuáles son las causas que llevaron al magnate al máximo poder político sobre la Tierra, lo que importa ahora es cómo enfrentar sus decisiones políticas, susceptibles de cruzar cualquier frontera de la locura.

Lo primero que deberían hacer gobiernos, empresas, bolsas, mercados, estudiosos del gobierno, es apartarse del terror que exhiben. Mientras sigan en esa línea y Trump lo perciba, jamás cambiará su estrategia. El pavor que le han mostrado es su principal instrumento de control. En tanto encuentre a quienes se sometan a él, lo seguirá utilizando. De mantenerlo, su victoria sicológica podría convertirse en una presidencia de ocho años.

“Todos los hombres son mortales. Donald Trump es un hombre. Donald Trump es mortal”, es una premisa que puede ser muy eficaz para reubicarse más allá de la angustia, la precipitación y la vertiginosidad con la que todos están ideando decisiones para adaptarse a la “Realidad Trump”.

Sin duda, el presidente de Estados Unidos es el hombre más poderoso del planeta. La maquinaria bélica que queda en sus manos tiene la aterradora capacidad del exterminio.

Empero, ¿se le dejará que haga lo que sea, incluso porque tenga la mayoría en el Congreso? Este órgano puede, legalmente, poner un freno a sus excesos, moderar o rechazar sus arrebatos e incluso considerar su eventual relevo. Es soberano para hacer eso. No es sumiso, incondicional ni entreguista. Es de esperar que por sí mismo o por las presiones colectivas, opte por la racionalidad. Por la Razón.

Donald Trump ganó la mayoría en los colegios electorales, pero perdió el voto popular. Varios millones de ciudadanos no lo aprobaron. Los tiene y los tendrá en contra. A poco de ser reconocido como sucesor de Obama, empezaron las manifestaciones de repudio en su contra.

Es dable pensar que esas expresiones se multipliquen y se generalicen por sus eventuales decisiones vesánicas. Estados Unidos no puede permitirse un clima de efervescencia social permanente. No lo resistiría.

¿Acaso Trump utilizaría la Guardia Nacional para sofocar un repudio permanente a su presencia y a sus acciones? Se le incendiaría el país. Lo precipitaría a un pantano. Y eso no se lo va a permitir nadie.

Peor aún, en ese caso, se echaría completamente en contra el incontrolable factor que está por encima de él, con todo y el poder que encarna: el capital. Éste ha impulsado guerras y golpes de Estado cuando así ha convenido a sus intereses.

Los alemanes todavía no superan el trauma y las consecuencias de los desvaríos de Adolfo Hitler. Se siguen preguntando cómo no fueron capaces de detener sus impulsos destructivos que los llevó al abismo.

Es de esperar que los norteamericanos tengan presentes esa lección y que hagan lo pertinente. Su sabiduría les dirá qué hacer en su momento. Saben que un desquiciado contra el mundo es inadmisible.

Y como el ejercicio del poder de Donald Trump es capaz de afectar a millones de personas, no sería de extrañar que aquella figura clásica de la Antigüedad: el ius gladi o derecho de la espada, se desempolvara.

Este, genuino derecho de resistencia, está justificado legal, moral e históricamente. Es susceptible de ser ejercido por cualquier ciudadano al interior de un Estado, ya no se diga en el mundo. Es la última ratio (la última razón), ante la injusticia, la arbitrariedad y el abuso de un tirano. Y nunca en ningún lugar, sus consecuencias han sido tan desastrosas como haberlo evitado.

Como reflexión a posteriori, se ratifica la hipótesis de que la mitad de los electores no votaron a favor del personaje (ególatra, soberbio, xenófobo, displicente, ofensivo, acosador sexual, defraudador, tramposo, ignorante, visceral) sino más bien, en contra de una clase política que ya no debe tener y a la que ya no debe conferirse el poder que otorga la ciudadanía para el monopolio en la toma de decisiones y el uso discrecional del dinero de los contribuyentes.

SOTTO VOCE… Nueva estrategia mediática de algunos políticos (hasta hoy dos ex gobernadores), la de pasar a confesionarios-tribunales mediáticos para expiar sus culpas, declararse inocentes y luego entregarse a las autoridades. Con ello, podrían aportar a distender el malhumor social. Sobre todo, si quienes están en capilla toman también esa alternativa… ¿Afectará la derrota de Hillary Clinton a las candidatas que busquen competir en 2018?... Como obstinado, parcial e infundado, fue considerado por la mayoría de los ministros de la Suprema Corte el proyecto de inconstitucionalidad de la Ley de Réplica. Por su tinte medieval, hubiese atentado contra la libertad de expresión.

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