Jaime Hernández, el negociador de la CFE

Mario Maldonado

La decisión de ponerlo al frente de la CFE tuvo que ver con sus cualidades de buen negociador: fue un personaje clave en la renegociación del contrato colectivo con el SUTERM

Jaime Hernández y Enrique Ochoa se conocieron en las reuniones de Consejo de Pemex, cuando el ahora presidente del PRI era subsecretario de Hidrocarburos de la Secretaría de Energía y el recién nombrado director general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) despachaba en la Secretaría de Hacienda. Ambos, amigos del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, eran los consejeros más jóvenes. Su relación se estrechó en el 2014, cuando Ochoa se convirtió en el CEO de la CFE y Jaime Hernández en su director financiero.

La abrupta renuncia de Enrique Ochoa a la CFE, el 8 de julio, tomó por sorpresa a todos, incluido al círculo cercano del ahora dirigente nacional del PRI. Por esta razón, no tuvo un sucesor inmediato. Jaime Hernández supo que iba a ser director general de la Comisión Federal de Electricidad apenas unas horas antes de su nombramiento por parte del presidente Enrique Peña Nieto. Tanto así que la oficina del piso 16 donde despachaba Ochoa permaneció desocupada, pese a que Hernández había sido nombrado director general interino.

La decisión de ponerlo, finalmente, al frente de la CFE tuvo que ver con sus cualidades de buen negociador: fue un personaje clave en la renegociación del contrato colectivo con el Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM), el cual culminó con la reducción del pasivo laboral por un monto de 160 mil millones de pesos.

Cuentan que en las juntas de Consejo siempre se sentaba cerca de Víctor Fuentes del Villar, el líder sindical, con lo que ganó adeptos para llevar a buen puerto las negociaciones. Aunque tiene un semblante más bien serio, su buen humor y apertura al diálogo fueron indispensables para lograr los acuerdos con el líder de los electricistas.

Además, su cercanía con Luis Videgaray y sus hombres de confianza le permitieron gestionar recursos para la CFE. Por ejemplo, la partida de 30 mil millones de pesos para el subsidio de las tarifas de electricidad que se aprobó en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2016, la cual antes era absorbida por la empresa productiva del Estado.

Otra logro que se le atribuye fue eliminar el “cobro de aprovechamiento a la CFE”, que es una suerte de impuesto que la Federación le cobraba a la empresa, por cerca de 58 mil 700 millones de pesos.

Dos de los candidatos que sonaban más fuerte para sustituir a Ochoa al frente de la compañía, además del propio Jaime Hernández, fueron César Hernández, subsecretario de electricidad de la Secretaría de Energía, y Guillermo Turrent, director de Modernización de la CFE.

Turrent, efectivamente, fue una de las cartas más fuertes que se evaluaron. Y será justamente él uno de los ejecutivos con los que el nuevo director general de la CFE deberá trabajar estrechamente para consolidar la mayoría de los cambios ejecutados por Enrique Ochoa.

Guillermo Turrent tiene a su cargo los proyectos de gasoductos que incluyen inversiones privadas de más de 5 mil 500 millones de dólares. Esta será una de las prioridades del nuevo director de la CFE, además de la generación y sustitución de combustóleo por fuentes alternas.

Jaime Hernández y Guillermo Turrent son quizá los dos directivos de mayor confianza de Enrique Ochoa y quienes tienen la encomienda de implementar los cambios que hizo, como la separación de la CFE en subsidiarias y filiales, mismas que deberán estar operando de forma completamente independiente el próximo año.

Otra encomienda, que recae casi toda en el nuevo director general, será reducir considerablemente las pérdidas de la compañía hacia el 2018 y hacer eficientes sus operaciones, de manera que puedan competir con las empresas privadas que están entrando al mercado eléctrico.

Turrent y Hernández son dos personajes que a veces chocan entre sí en la toma de decisiones. Hay quien los define como el yin y el yang: dos fuerzas fundamentales opuestas y complementarias.

En el SUTERM, por lo pronto, ven a Jaime Hernández como una apuesta por la continuidad. “Él conoce la empresa, sabe las necesidades que tiene”, me dijo uno de sus integrantes, actual directivo de la CFE.

No obstante, temen que pese a la renegociación del contrato colectivo se hagan más ajustes, principalmente por la puesta en marcha de las nuevas subsidiarias.

Posdata. El reto más inmediato de Jaime Hernández, empero, es de comunicación política: ¿cómo enfrentar el aumento de las tarifas de luz si el discurso del presidente Enrique Peña Nieto fue que “con la reforma no habría más incrementos”? Muy difícil.

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