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El Chapo: delegación para arriba e impertenencia

Luis Fernando De la Calle

El chapo se pudo escapar de una prisión de alta seguridad porque se cuenta con un gobierno que delega para arriba.

Cualquier observador acucioso de la realidad mexicana habrá notado que las distintas autoridades nunca se hacen responsables de lo que sucede alrededor de su actuar, el cual es definido siempre en los términos más estrechos posibles.

Cuántas entrevistas se han escuchado en que un alto funcionario público evita y evade una pregunta porque el tema no le toca directamente: eso es competencia de tal o cual secretaría, de otro orden de gobierno, de otro departamento, de otro horario, lo será cuando esté en funciones o, mejor aún, la tragedia es resultado de decisiones tomadas por otros antes.

El punto es evitar ser responsable, tomar responsabilidades adicionales y, en el fondo, no concebirse como funcionario público que soluciona problemas de la sociedad.  Cuántas veces ha usted visto una fuga de agua en una calle,  basura contaminante, un árbol caído, un poste a punto de hacerlo y a una patrulla de policía que pasa a pocos metros pero no se inmuta, ni se sorprende, ni llama a la autoridad competente a corregir el entuerto, a reparar la falla, a asumir la responsabilidad del bien público.

Cabe preguntarse el origen de esta desidia: si la falta de compromiso con el bien común es producto de incentivos propios del mercado laboral, lo que sin duda juega un papel importante, o más bien un problema estructural o incluso cultural.

De la misma manera que un oficial de aduanas no se siente conminado a mejorar la situación de un aeropuerto o de un cruce fronterizo, o que un policía del Distrito Federal piensa que no le compete una fuga de agua o una palmera enferma, o que un gobernador estima que el narcotráfico es un problema federal y no suyo, ni de su ámbito, ni de su comunidad, los vigías de las torres de seguridad del penal del Altiplano, el presidente municipal de Almoloya de Juárez y el personal de Conagua pensaron que el movimiento de trascavos, camiones y equipo pesado para mover tierra no eran de la suya. 

Por eso se pudo escapar Joaquín Guzmán de una prisión de alta seguridad: porque se cuenta con un gobierno que delega para arriba, una cultura sin confianza subalterna, un sistema donde se piensa que la suerte de una empresa depende de algunos y se cree que las secretarías de Estado pueden ser manejadas por un puñado o un gabinete por dos intermediarios.  

Al no delegar para abajo y no obligar a todos los funcionarios a tomar cada uno su responsabilidad de servicio público se fomenta la delegación para arriba. Como no se confía en él, ni se remunera apropiadamente al personal inferior, éste sólo se interesa sobre lo que estrictamente le compete: no  propone mejoras, ni participa en el diagnóstico de problemas.  Así, como no se le delega, él lo hace para arriba, a tal punto que el secretario de Gobernación se convierte en celador, cuando ya es jefe de la policía, está a cargo de la protección civil, es conducto único para con Estados Unidos en el estrecho ámbito de la seguridad, negocia con el Congreso y gobernadores, supervisa los derechos humanos y los servicios de inteligencia.

A este serio problema mexicano de ausencia de delegación (difícil pensar que miembros del gabinete de Estados Unidos o Francia estén pendientes de los principales prisioneros) es menester añadir el extendido complejo de impertenencia que lleva a autoridades y ciudadanos a no denunciar fugas de agua, movimientos de tierra o fugas de prisioneros que no le incumben al que los observa, o cree que no le incumben.

Este complejo de impertenencia se ha convertido en el principal pretexto para que cada grupo opte por no respetar el imperio de la ley.  Aquel que pretexta no pertenecer es, en realidad, tan corrupto y poco respetuoso de la ley como los que sí pertenecen y han creado un marco donde el que no transa no avanza.

El problema de la fuga de El Chapo es no sólo la etiqueta de corrupción e impunidad que ahora se porta, sino el reflejo de un sistema en que muchos hacen como si trabajaran y no son estimulados a participar, ni se espera que lo hagan, mientras que los pocos en la cúspide piensan que lo pueden solos, que la clave es conceder concesiones para que pase esta ola.  El problema es, obviamente, que detrás vienen muchas otras, fugas incluidas.

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