¿Mancera tiene la mano peluda?

José Cárdenas

Miguel Barbosa escribe un capítulo negro, sí, pero lo trascendente es que su pleito es sintomático del desplome del perredismo, en un proceso que parece irreversible

En caliente y sin piedad, la cúpula del poder perredista, dominada por Los Chuchos de Nueva Izquierda, con todo y Los Galileos aliancistas y los manceristas de Vanguardia Progresista, echó a Miguel Barbosa de la coordinación perredista en el Senado y le suspendió, temporalmente, sus derechos partidistas.

De inmediato, Dolores Padierna se montó en esa silla, por orden superior.

Mientras, el legislador poblano tiene cinco días para alegatos en defensa propia, ante la Comisión Nacional de Garantías del PRD y el Tribunal Electoral, pero el resultado del juicio sumario no va a cambiar, a menos que en un acto de contrición el poblano se eche para atrás y renuncie a su amor prohibido por el demonio tabasqueño.

Eso no va a suceder, adelanta Barbosa. Ningún exorcismo logrará retener al líder, calificado de traidor por apoyar la candidatura presidencial del Mesías Tropical y desairar a su tocayo Mancera, a quien acusa de mecer la cuna y fraguar venganza, a través de su operador Héctor Serrano, secretario de Movilidad de la CDMX, y de los enemigos de López Obrador, que se la quieren cobrar.

El camino es largo, sinuoso y empedrado para Barbosa. Si bien la dirigencia nacional del PRD se aseguró de otorgarle derecho de audiencia, esa guerra no parará; Barbosa sabe que será imposible convivir con quienes no lo quieren.

“Van a quedar en ridículo porque el CEN perredista carece de facultades para removerme”, sentencia el senador poblano.

El escándalo es mayúsculo; el perjuicio del Partido de la Revolución Democrática está garantizado; apenas cuenta con una raquítica intención de voto, entre el 5 y el 7% y en tal condición, es previsible que el voto útil de la izquierda se vaya con AMLO y su Morena.

Para la dirigente nacional, Alejandra Barrales, y la cúpula apoderada del partido amarillo, la victoria será pírrica, pues aun cuando Miguel Barbosa termine crucificado, trae en la bolsa —según presume— a 15 de los 19 integrantes de la fracción perredista en el Senado, incluidos siete de los ocho legisladores que han dejado al partido, pero se mantienen en la bancada con todas las prerrogativas económicas que eso implica. Las últimas en decir adiós por simpatizar con AMLO son las senadoras Iris Vianey Mendoza y Luz María Beristain.

Analistas aseguran que el golpe más doloroso es la capacidad de movilización de los legisladores rebeldes, de cara a los procesos electorales venideros. ¿Será?

Para el PRD, además de escándalos y canibalismos, el panorama se vislumbra desastroso y complicado.

El caos se refleja en asuntos tan importantes como la selección de un candidato al gobierno del Estado de México. Mientras el resto de las fuerzas políticas (PRI, PAN y Morena) han designado abanderados que ya arrancaron la contienda, la antigua primera fuerza de la izquierda mexicana es incapaz de ponerse de acuerdo. Sin liderazgo mexiquense definido el PRD carece de orden, identidad y capacidad de convocatoria; se arrincona.

Miguel Barbosa, escribe un capítulo negro, sí, pero lo trascendente es que su pleito es sintomático del desplome del perredismo, en un proceso que parece irreversible.

Si ayer dijimos que el PRI agoniza, al PRD casi, casi, podemos darlo por muerto… el problema es que no le han avisado.

EL MONJE QUISQUILLOSO: Si besas dos bocas, te equivocas; si juegas en el América, no puedes irle a las Chivas.

@JoseCardenas1

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