¿Anaya, gandalla y canalla?

José Cárdenas

Además de secuestrar al partido azulado, la ambición del queretano incómodo ha logrado lo imposible: ser factor de unidad entre todos sus enemigos

No se puede chiflar y comer pinole, ni jugar con doble cachucha de líder partidista y suspirante presidencial, aunque seas el Joven Maravilla.

Ricardo Anaya comienza a sentir el rigor del fuego amigo por resistirse a reconocer en público lo que presume en privado.

Tras deshacerse de Gustavo Madero (desterrado en Chihuahua), Anaya dispuso todo para usar al PAN como trampolín para la grande; montado en su macho pensó que podría desbocarse sin freno después del triunfo electoral del 5 de julio pasado. La cosa no es tan sencilla. A veinte meses de la elección presidencial, las aguas panistas están revueltas.

Además de secuestrar al partido azulado, la ambición del queretano incómodo ha logrado lo imposible: ser factor de unidad entre todos sus enemigos, quienes lo acusan de aprovechar el privilegio de mandar para autopromoverse, incurriendo en conflicto de interés.

Dieciocho panistas ‘notables’ exigen a Anaya definir cuanto antes el papel que jugará en el proceso electoral rumbo a 2018; una comisión que valide la imparcialidad de la cúpula panista; un reglamento para vigilar recursos, conductas y uso de los medios para la promoción de aspirantes y una mesa política que promueva el diálogo y los consensos para evitar fracturas entre facciones, que ponen en riesgo la unidad del partido de la gente ‘decente’.

Al PAN le urge quitarse el ‘sambenito’ de que no sabe sumar, menos multiplicar, sólo dividir y restar.

Gustavo Madero, Ernesto Cordero, Roberto Gil Zuarth y otros quince antianayistas no olvidan cuando el partido azulado quedó partido hace cuatro años porque Felipe Calderón pretendió secuestrarlo desde la Presidencia de la República, provocando una debacle que llevó al partido a un tercer lugar deshonroso, casi convertido en cascarón de ‘huevo’.

Ahora, el Joven Maravilla pretende quedarse con la candidatura presidencial que al menos otros dos reclaman (Margarita Zavala, esposa de Felipe Calderón y el gobernador poblano Rafael Moreno Valle).

Las aspiraciones del joven jefe panista podrán ser legítimas, incluso la ambición es entendible; el problema es el método. De elemental justicia resulta procurar piso parejo para todos los contendientes y eso no se logra siendo acusador y acusado.

Ricardo Anaya podría revisar la historia reciente y recordar lo que ha sucedido a otros como él, en situaciones similares. Recuerde a Roberto Madrazo (des)Pintado quien, en 2006, quiso comerse todo el pastel.

 

EL MONJE INFORMADOR: No hace mucho, el Presidente intentó postular a Raúl Cervantes en calidad de ministro de la Suprema Corte. El apoyo presidencial fue insuficiente y Cervantes hubo de regresar a su escaño en el Senado. Hoy, ante la crisis de procuración de justicia, Peña Nieto propone a Cervantes para hacerse cargo de la vapuleada PGR, propuesta que habrá de ser ratificada por el propio Senado, donde el PRI no goza de mayoría. Raúl Cervantes (quien por cierto estuvo casado con Angélica Fuentes, la “ex” del líder chiva Jorge Vergara) podría convertirse, a partir de 2018, en el primer titular de la Fiscalía General de la Nación, órgano autónomo del Ejecutivo federal para representar a la sociedad y procurar justicia sin injerencia de otros Poderes… y dizque libre de influencias políticas.

 

@JoseCardenas1

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