Se encuentra usted aquí

Cocula: guerra en el basurero

10/12/2015
02:05
-A +A

El basurero de Cocula vuelve a ser el centro de la guerra entre el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, GIEI, y la Procuraduría General de la República, PGR. Hace unos días, los expertos independientes dieron a conocer la existencia de un estudio, mandado a hacer por la propia PGR, “en el que se señala que no hubo fuego en Cocula” la noche del 26 de septiembre de 2014 (en la cual, de acuerdo con la versión del ex procurador Murillo Karam, 43 estudiantes normalistas “fueron privados de la libertad, privados de la vida, incinerados y arrojados al Río San Juan, en ese orden”).

En conferencia de prensa, el GIEI dijo contar con nuevas evidencias, “pruebas y estudios meteorológicos”, “imágenes satelitales de la región”, que le llevan a asegurar “que no hubo incendio alguno en el basurero de Cocula” (La Jornada, 8/12/2015).

Más tarde se dio a conocer una captura de la zona de Cocula, procedente del satélite Terra. Se trata de una imagen tomada a las 11:30 de la noche del día de los hechos. Y efectivamente, la imagen no muestra fuego alguno: sólo hay un montón de nubes cubriendo esa porción del planeta. Parece que allá abajo podría estar ardiendo Troya… y el satélite Terra ni enterado.

¿Se podría estar quemando un agujero de poco más de 120 metros cuadrados sin que el satélite lo registrara? En todo caso, ¿el que el satélite no registrara nada bajo el cielo nublado basta para probar “que no hubo fuego en Cocula”? El cambio de matiz no importa. Sólo confirma que lo que estamos presenciando es una batalla política en donde la verdad ocupa un papel secundario.

¿Qué versión se impondrá al fin?

En el expediente del caso Iguala hay un dictamen de 32 folios que vale la pena traer a estas páginas. Según ese dictamen, peritos de química forense y peritos de incendios y explosiones se trasladaron en noviembre de 2014 a un vertedero ubicado a 5.33 kilómetros de Cocula. Era una hendidura de unos 20 metros de profundidad, en cuyo fondo trabajaban peritos antropólogos y médicos.

Los peritos observaron que en el fondo de la hondonada había un cambio de tonalidad “que va del marrón al negro”. En la zona había “una gran cantidad de cenizas derivadas de la combustión de material combustible” (sic), “cantidad diversa de fragmentos de neumáticos o llantas con intensas huellas de carbonización, así como cuerdas metálicas que son características de los neumáticos”. El lugar presentaba “intensos daños derivados de su exposición al calor radiante”.

La zona en donde se encontraban esos daños era rectangular. “Ese patrón de quemado es producto de la interacción humana, en la disposición de los materiales combustibles para la creación del fuego”, concluyeron los peritos. En el cuadrángulo no quedaban restos neumáticos, sólo los aros de las llantas.

Peritos de Delitos Ambientales y Química Forense recogieron diversas muestras en “el foco” del incendio: un área de 15 metros de largo por ocho de ancho, notoriamente afectada por “fuego directo, calor radiante y ahumamiento”.

Las muestras revelaron la presencia “de acelerantes de combustión”, tolueno, heptano, octano, etcétera, “que corresponden a una mezcla de hidrocarburos del tipo de la gasolina o diesel”, los cuales al arder “liberan un calor equivalente a millones de joules por litro” y cuando se queman “poseen un rango de temperatura que se encuentra entre los 700 y los mil 500 grados centígrados”.

El informe determinó que las fracturas en las rocas habían sido causadas por temperaturas que las llevaron a dilatarse y quebrarse.

Según el documento, en el lugar se hallaron “elementos biológicos (huesos)”, a partir de los cuales el antropólogo Carlos Jiménez Baltazar rindió un informe de Antropología Forense. Alejandra Yolitzma, perito oficial en Odontología, presentó un minucioso estudio sobre el impacto del fuego en dientes humanos encontrados en la zona y determinó que el siniestro había alcanzado unos mil 600 grados centígrados.

Los biólogos Eduardo Reyes y Cristina Aguilar, peritos en Delitos Ambientales, hallaron en el basurero Ricinus communis y Eleusine indica, dos especies de arbustos que habían nacido 40 días atrás. No había especies más antiguas en el basurero.

El documento está firmado por los peritos Marco Soto y Moisés Moreno. Un día sabremos si no hubo fuego en Cocula, y si todas estas personas mintieron. O un día sabremos si el incendio se dio, y entonces fueron otros los que mintieron.

@hdemauleon

[email protected]

Comentarios