Secuestros calcados

Héctor De Mauleón

En 1991, en un centro comercial de Las Condes, en Santiago de Chile, tres encapuchados del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, FPMR, secuestraron al hijo del dueño del periódico El Mercurio.

La negociación, hecha a través de la sección de anuncios de algunos diarios, fue tortuosamente lenta. La víctima permaneció medio año en poder de sus captores. Durante todo ese tiempo éstos la mantuvieron en un nicho de tres metros de largo por 1.50 de ancho y 2.10 de alto. Lo habían construido de manera expresa para el secuestro.

Al secuestrado no le dejaban ver la luz del sol.

Al final, arrancaron a sus familiares entre uno y cinco millones de dólares (las fuentes no se ponen de acuerdo y la víctima ha guardado siempre absoluto hermetismo sobre el secuestro).

La consigna entre los integrantes del FPMR era propinar golpes de alto impacto para no arriesgarse a ser detenidos por “asuntos menores”.

Un frentista declaró más tarde que esta clase de secuestros refaccionaba a la organización durante un año o más.

El año pasó y los integrantes del grupo subversivo prepararon el golpe siguiente: el asalto al camión de valores que llevaba el pago de nómina de los trabajadores de la Universidad Católica de Chile.

La operación estuvo a cargo de dos hermanos, Pablo y Alexis Muñoz Hofmann. El plan consistía en sorprender a los guardias de seguridad en el lobby del plantel y alcanzar el automóvil que iba a esperarlos a las afueras del campus.

Todo salió mal. Uno de los guardias echó a correr. Lo mataron de un tiro. El chofer de la camioneta maniobró, intentando escapar. Los frentistas acribillaron con un M-16 el vehículo, pero no lograron que se detuviera. Las sirenas de las patrullas comenzaron a sonar.

Todo Chile vio por televisión lo que ocurrió después. Los frentistas huyeron a pie. Dos de ellos, Alexis Muñoz y Fabián López, irrumpieron en un domicilio cercano y tomaron a una familia como rehén.

Durante varias horas negociaron por teléfono con la policía. Pero ésta no cedió a sus pretensiones. Los frentistas decidieron entregarse y anunciaron que saldrían enarbolando una bandera blanca. A ambos los masacraron en el jardín.

Los que lograron huir se reagruparon en un camping. Se hicieron pasar por estudiantes que iban de excursión y pagaron por adelantado varios días.

La policía detectó ahí a Pablo Muñoz Hofmann, que había dirigido el robo a la camioneta de valores. Estaban también dos de las figuras más relevantes de la organización: Raúl Julio Escobar Poblete, Emilio, y Ricardo Palma Salamanca, El Negro.

Fueron detectadas también Silvia Paulina Brzovic Pérez, alias Natalia, y Maritza Adriana Jara Hernández.

No ha quedado claro qué pasó. En un instante, antes de que se desatara el operativo de captura, los frentistas se esfumaron.

A todos ellos la Interpol les giró una notificación roja. Se les acusa de homicidio, infracción a la ley de armas, hurto de material de guerra, asociación ilícita, e infracción a la Ley 18.314 Antiterrorista.

Como he relatado en entregas publicadas durante los dos últimos días, Raúl Julio Escobar Poblete, Emilio, fue detenido muchos años después de estos hechos en San Miguel de Allende, Guanajuato.

De acuerdo con las autoridades, Emilio lideraba una banda especializada en secuestros de alto impacto, que durante una década había operado en dicha entidad, así como en Querétaro y San Luis Potosí.

En todos los casos el secuestro duró varios meses. En todos los casos la negociación se hizo a través de la sección de anuncios de los diarios. Las víctimas fueron metidas en nichos de aproximadamente tres metros de largo por 1.50 de ancho y 2.10 de alto, y a ninguna de ellas se le dejó ver la luz del sol.

Cuando corrió la noticia de la captura de Emilio, su compañera sentimental intentó volver a Chile valiéndose de una identidad falsa. La detuvieron en una de las fronteras de aquel país.

¿Estaba solo Emilio? Probablemente no. Todo indica que miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez estuvieron operando en México desde hace diez años. Falta saber si huyeron del país o continúan aquí, amparados en identidades falsas.

@hdemauleon
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