Miroslava y la narcopolítica

Héctor De Mauleón

Una camioneta GMC, de color negro, fue emboscada en la carretera que conduce a Bachíniva, Chihuahua. En el ataque murieron tres personas. Una de ellas vestía una playera negra, un pantalón de mezclilla y botas militares de color arena. Llevaba en la muñeca una esclava de oro.

Los familiares que horas más tarde se presentaron a reclamar su cuerpo lo identificaron como César Raúl Gamboa Sosa, alias El Cabo.

Después de formar parte de La Línea, el brazo armado del Cártel de Juárez, y fungir como “jefe de plaza” en el municipio de Cuauhtémoc durante varios años, El Cabo rompió con su antiguo jefe, Carlos Arturo Quintana, El 80, y se pasó al Cártel Jalisco Nueva Generación, CJNG.

De acuerdo con funcionarios del gobierno de Chihuahua, desde el año pasado existen indicios de que el CJNG “quiere la ruta del 80”.

El Cabo entró en tratos con ese grupo. El pasado 20 de marzo lo cazaron en una carretera. No hubo dudas de lo que había pasado: el homicidio era una venganza de El 80.

Tres días más tarde, al salir de la cochera de su casa en la colonia Las Granjas, de la ciudad de Chihuahua, la periodista Miroslava Breach fue acribillada.

Breach fue directora del periódico Norte de Ciudad Juárez y corresponsal de La Jornada durante varios lustros. Según este último diario, en el lugar de los hechos fue abandonado un cartel que decía: “Por lengüona (sic). Sigue tu gobernador. El 80”.

Breach, amiga personal del gobernador Javier Corral, del PAN, había revelado los vínculos de políticos priístas con narcotraficantes de Chihuahua.

En uno de sus reportajes denunció que el PRI había registrado como candidata a la alcaldía de Bachíniva a la suegra de El 80, Silvia Mariscal Estrada. Denunció también que el PRI había postulado para la alcaldía de Chínipas a Juan Miguel Salazar, sobrino de uno de los operadores históricos de El Chapo Guzmán en la región: Adán Salazar Zamorano, alias Don Adán, quien se encuentra recluido en el Altiplano desde 2011.

La carrera de El 80 creció meteóricamente durante el sexenio del hoy prófugo César Duarte. En los años en que el priísta gobernó el estado, El 80 pudo controlar un corredor para el trasiego de droga que conecta la Sierra Tarahumara con Ciudad Juárez y estableció un dominio absoluto en Namiquipa, Buenaventura y Bachíniva.

Los datos que el gobierno de Corral posee sobre este personaje indican que, en Bachíniva, su injerencia en las actividades del Cabildo era permanente.

Según las investigaciones, el ex gobernador Duarte solía controlar cuanto ocurría en el estado. Entre otras cosas, era responsable de “palomear” a los candidatos de su partido. Le dio el visto bueno a la suegra de El 80, hasta que el escándalo destapado por Miroslava Breach —así como por la reportera de Proceso, Patricia Mayorga—, obligó al tricolor a rehacer las listas.

Duarte le dio el visto bueno, también, al candidato a la alcaldía de Chínipas, Juan Miguel Salazar Ochoa. Como se ha dicho, Salazar Ochoa es sobrino del célebre narcotraficante apodado Don Adán.

Don Adán es originario de Chínipas. Su clan, registrado en los archivos oficiales como Los Salazar, lleva cerca de 30 años encargado del tráfico de drogas en la región.

Los Salazar dominan Álamos, Sonora, y una parte de la región noroeste de Chihuahua. Han sido uno de los instrumentos de penetración del Cártel de Sinaloa en una entidad controlada siempre por el Cártel de Juárez.

Durante el gobierno de Duarte se habló de una drástica reducción de la violencia en la entidad. Un reporte del gobierno federal dado a conocer a principios de marzo señaló que, a través de “la línea editorial ‘sugerida’ desde el área de comunicación social” del ex gobernador, se pudo crear a través de los medios la impresión de que la violencia había disminuido.

Según ese reporte —glosado aquí en marzo pasado—, se había dado también un “acuerdo” entre los cárteles para mantener un bajo perfil y lograr que las fuerzas federales se fueran del estado.

La “paz” terminó, sin embargo, con la salida de Duarte y la llegada del panista Javier Corral. Los cárteles volvieron a darse con todo.

En ese contexto de brutal regreso a la violencia se dio el homicidio de Miroslava Breach. Las autoridades investigan a El 80 (que había amenazado de muerte a la periodista), pero no descartan que el homicidio sea cortesía de algún otro grupo, alguna otra persona: quien quiera que esté interesado en desestabilizar la administración actual.

De lo que pocos dudan es de que detrás del homicidio se encontrará esta palabra: narcopolítica.

 

@hdemauleon

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