Tabasco en llamas

Héctor De Mauleón

Una perpetua sensación de inseguridad aqueja los principales municipios tabasqueños. Villahermosa es la ciudad donde la gente tiene más miedo

Santos Ramírez Morales, El Santo Sapo, jefe de Los Zetas en Tabasco, cayó herido con un balazo en la espalda en un enfrentamiento con el Ejército. Era el 23 de noviembre de 2011. Su captura parecía poner punto final al peor episodio de violencia que se había vivido en Tabasco.

Para las autoridades, El Santo Sapo estaba involucrado en una serie de “narcomasacres” que en el año 2009 sacudió al país entero.

Era el jefe criminal que ordenó asesinar a la familia del marino Melquisedec Angulo, fallecido en el operativo en el que también perdió la vida el líder del narcotráfico Arturo Beltrán Leyva.

Días después del operativo, El Santo Sapo recibió una instrucción de parte de sus aliados, los hermanos Beltrán Leyva: era necesario hacer un escarmiento, mandar un mensaje contundente a la Marina.

Melquisedec fue sepultado en el cementerio de Paraíso, Tabasco, el 21 de diciembre de 2009. Sus familiares abandonaron el cementerio el caer la tarde y regresaron a su domicilio. Los sicarios de El Santo Sapo llegaron al lugar a la medianoche. Los vecinos escucharon el tableteo de los fusiles de asalto, los gritos desesperados y el ladrido de los perros.

Hubo cuatro muertos, entre ellos la madre del marino, y dos heridos.

No era ajeno El Santo Sapo a este tipo de masacres. Se le relacionaba con el multihomicidio en el que perdió la vida el policía Carlos Reyes —en el cual fueron ejecutadas 12 personas, entre las que había seis menores de edad— y con el asesinato del comandante Baldomero García Rodríguez, y de doce miembros de su familia.

En ambos casos los sicarios habían ingresado al domicilio de las víctimas, acribillando a quienes encontraron a su paso.

Carlos Reyes había tomado parte en un enfrentamiento en el que murieron cuatro sicarios; Baldomero García había cerrado una serie de narcotiendas que, según el gobierno estatal, eran manejadas por El Santo Sapo.

Con el líder Zeta fueron detenidos 22 policías municipales y ministeriales —acusados de brindar protección al grupo criminal— así como 23 personas cercanas al narcotraficante.

A excepción de Ramírez Morales, los 45 detenidos fueron liberados en enero de 2013. El fiscal del estado denunció que sus antecesores habían hecho “una mala integración de la averiguación previa”.

Las autoridades creen que el grupo de El Santo Sapo se partió en varias células delictivas que hoy estarían obrando en el estado por cuenta propia.

Atraídos por el robo de hidrocarburos y el tráfico de personas se apersonaron también en Tabasco grupos de sicarios del Cártel Jalisco Nueva Generación, que hoy disputan el control del estado a los nuevos líderes Zetas: José María Guízar Valencia, el Z-43, y Mauricio Guízar Cárdenas, El Amarillo o el Z-200.

El resultado: una perpetua sensación de inseguridad aqueja los principales municipios tabasqueños. La última encuesta nacional de seguridad urbana ubicó a Villahermosa como la ciudad donde la gente tiene más miedo. La misma percepción se extiende por Cárdenas (donde se cometen seis de cada diez secuestros) y el municipio de Huimanguillo.

Desde hace varios años Tabasco encabeza la lista de estados con mayor número de secuestros. La entidad ocupa, asimismo, el primer lugar nacional en robo con violencia y posee altos índices en robo de hidrocarburos.

El homicidio doloso creció el año pasado a niveles cercanos al 20%.

El secuestro aumentó 8.97% .

En enero de 2017 el robo a negocios creció 170.79% —en relación con enero de 2016.

El robo de vehículos, mientras tanto, tuvo un crecimiento de 59.11%.

Estos niveles de incidencia delictiva no se habían visto en el estado desde los años trágicos en que lo asoló El Santo Sapo. En mucho, colaboró a todo esto la crisis económica: en 2014 sobrevino la caída de los precios del petróleo y se desataron despidos masivos que han hecho de Tabasco el estado con la mayor tasa de desempleo que existe en el país.

Hoy todos los números son malos.

El gobierno estatal naufraga en la inmovilidad (en diciembre pasado se organizó una marcha ciudadana para exigir al gobernador que detenga los homicidios, los secuestros y los robos), y a pesar de la llegada de la Gendarmería a mediados de 2016 la percepción general de inseguridad permanece en el aire.

Ganaderos y empresarios prefieren no andar en carretera pasadas las seis de la tarde porque Tabasco, dicen, se va convirtiendo en tierra de nadie.

Un coctel explosivo.

@hdemauleon

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