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Otra pista de los 43

Héctor De Mauleón

"En Chilacachapa saben dónde están los 43, pero hay mucho miedo, la gente no se atreve a denunciar”.

El 26 de septiembre de 2014, a las once de las noche, a través de bocinas instaladas en los pueblos de Apetlanca, Tianquizolco y Chilacachapa —pertenecientes al municipio de Cuetzala del Progreso, Guerrero—, se llamó a la población, a la policía comunitaria y a los comisarios ejidales a que “bajaran” con sus armas a Iguala, para detener a Los Rojos —quienes, de acuerdo con lo que se oía en las bocinas, estaban entrando en la ciudad.

El 26 de septiembre de 2014 es la fecha fatal en que los estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa fueron cazados en las calles de Iguala por policías municipales y miembros de Guerreros Unidos.

Pobladores del municipio de Cuetzala del Progreso revelaron luego a una reportera de EL UNIVERSAL que viajó a aquella zona de manera encubierta, que entre los comisarios que aquella noche movilizaron gente hacia Iguala figuraron “Pedro Bailón, Ulises Parra, Fabián Lagunas y otros más”.

Los comisarios, según esa investigación, trasladaron gente en camionetas, regresaron cerca de las siete de la mañana en un camión de volteo y volvieron a bajar a la sierra de Iguala.

El camión fue visto el 27 de septiembre en la mañana en Tianquizolco, resguardado por miembros de Guerreros Unidos.

El comisario de Tianquizolco, Pedro Bailón Díaz, fue señalado como suegro de César Nava González, el subdirector de la policía de Cocula que aquella noche coordinó al grupo de policías que trasladó a los normalistas y, según el expediente, los puso en manos de integrantes de Guerreros Unidos.

Según el tomo 81 del expediente del caso Iguala, Nava había sido detenido por el Ejército a un año de la desaparición de los normalistas: su jefe lo denunció ante el 27 Batallón de Infantería por presuntos nexos con Guerreros Unidos, pero se le dejó en libertad, sin mayores explicaciones, sólo unas horas más tarde.

Cuando sobrevino la desaparición de los normalistas, el municipio de Cuetzala se hallaba dominado totalmente por Guerreros Unidos.

Esta organización había expulsado de la zona a La Familia Michoacana, que gozaba de la protección del alcalde perredista Feliciano Álvarez Mesino, a quien fuerzas federales detuvieron luego por su presunta participación en 15 secuestros.

Los pobladores de Tianquizolco afirman que, antes de que Álvarez Mesino fuera capturado, La Familia Michoacana secuestró a la esposa del comisario ejidal Pedro Bailón. A través de su yerno, César Nava, Bailón habría solicitado la ayuda de Guerreros Unidos.

Guerreros Unidos comenzó entonces la lucha por la región y terminó apoderándose de ella. Impuso su ley en Tianquizolco, Apetlanca y Chilacachapa.

Reportes de inteligencia indican que el grupo delictivo impulsó la creación de policías comunitarias, para que le ayudaran a expulsar de la zona a la Familia Michoacana.

Al quedar en poder de la región, próxima a Iguala y a Cocula, la organización criminal impuso toque de queda a partir de las siete de la noche, comenzó a cobrar impuestos por la posesión de ganado, se adueñó de los mejores ranchos, casas y automóviles e instaló el cobro de derecho de piso en tiendas y negocios.

Además, forzó a la población a sumarse a los retenes que instaló en los accesos de los pueblos. Los habitantes vigilaban en turnos de 12 horas.

Esos mismos habitantes revelaron más tarde que el 27 de septiembre de 2014, a las cinco de la mañana, en el retén de Chilacachapa (a sólo 15 kilómetros de Cocula) se pidieron varias bolsas negras.

En el expediente del caso, diversos miembros del grupo criminal señalan que El Pelón (presuntamente, Pedro Bailón) “es el jefe de Guerreros Unidos en las plazas de Apetlanca y Tianquizolco”. En esas páginas se afirma que el jefe de plaza tenía a su cargo a 15 sicarios.

Después de la desaparición de los alumnos de Ayotzinapa, varios integrantes de Guerreros Unidos se fueron a esconder, precisamente, a Apetlanca y Tianquizolco.

“En Chilacachapa saben dónde están los 43”, le dijeron a la reportera de EL UNIVERSAL habitantes de Cuetzala, “pero hay mucho miedo, la gente no se atreve a denunciar”.

Cuetzala: otra pista de los 43.

@hdemauleon

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