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Las llamadas misteriosas de los normalistas desaparecidos

Héctor De Mauleón

El teléfono de Jonathan Osorio Cortés, El Jona, uno de los integrantes de Guerreros Unidos que participó en la desaparición de 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, tuvo actividad constante la noche del 26 de septiembre de 2014. Según las investigaciones dadas a conocer en su último informe por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, GIEI, llamadas y mensajes que entraron y salieron de su teléfono fueron registrados por la antena de Cocula, “cerca del lugar denominado Loma del Coyote”, entre las 19:37 y las 23:43.

El teléfono de El Jona no volvió a presentar actividad, sino hasta las nueve de la mañana del 27 de septiembre.

Osorio Cortés admitió en su declaración que pasó la noche en el basurero de Cocula. Aquel sitio carece de señal telefónica. ¿Qué significa que su número haya quedado registrado en la antena de Cocula? El GIEI no ofrece una respuesta, pero afirma que la telefonía es uno de los caminos para averiguar lo que sucedió esa noche.

Los expertos no son los únicos que esgrimen esa convicción. Desde julio del año pasado, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, CNDH, recomendó a la PGR que se estudiaran las redes telefónicas de los involucrados en la noche de Iguala. Según la Comisión, una pesquisa de este tipo podría corroborar o descartar la “ruta de desaparición” propuesta por la PGR, e incluso señalar rutas alternativas (ya desde entonces la CNDH hablaba de la participación de policías de Huitzuco en los hechos y llamaba la atención sobre pistas que apuntaban a Pueblo Viejo y La Parota como destino posible de algunos alumnos).

El GIEI, como sabemos, no admite la hipótesis de la quema en el basurero. En su último informe señala, sin embargo, que el último registro de actividad telefónica del normalista José Eduardo Bartolo Tlatempa se presentó también en la antena de Cocula, a las 23:57 del 26 de septiembre.

El GIEI revela, asimismo, que los teléfonos de siete alumnos tuvieron actividad, incluso en momentos muy posteriores a los marcados como la hora de su desaparición. Desde el teléfono de Jorge Antonio Tizapa Legideño se enviaron mensajes de texto… ¡el 4 de octubre de 2014! El registro indica que el chip del aparato de Jorge Antonio fue cambiado.

La línea del alumno Carlos Iván Ramírez se activó dos veces el 27 de septiembre de 2014, 21 horas después de que los alumnos fueran capturados. La llamada se hizo con un IMEI distinto, lo que significa que hubo un cambio de aparato. El GIEI afirma que si esta llamada se hubiera investigado a tiempo, se habría podido saber “si uno de los perpetradores era quien utilizaba el teléfono”.

El 30 de septiembre, a las 14:19, la línea de Julio César López Patolzin entró en actividad por uso de datos. Según la antena Benito Juárez, tal cosa ocurrió en el centro de Iguala. Ese mismo día se activó también el teléfono de José Luis González Parral desde la antena Calvario. La activación se hizo con un IMEI distinto “cuya numeración es inválida y no permite rastrear el equipo utilizado”.

El último registro del teléfono de Magdaleno Villegas ocurrió a las 0:33 del 27 de septiembre en una antena cercana al Palacio de Justicia. Pero ahí el ataque a los normalistas había ocurrido dos horas antes. El GIEI denuncia que las autoridades nunca investigaron “quién y por qué se activó este teléfono”.

Tres horas después de que, según todos los testimonios, los normalistas fueran detenidos en el Palacio de Justicia, del teléfono de Jorge Aníbal Cruz salió este mensaje: “Mamá, me puede poner una recarga me urge”.

Para el GIEI —que a lo largo de su informe deja abierta la posibilidad de que los “perpetradores” hubieran seguido usando los teléfonos de los normalistas—, este mensaje sólo “supone que Jorge Aníbal se encontraba con vida a esa hora y había conservado el teléfono”.

Es extraño que el GIEI no hable en este caso de “perpetradores” que usan el teléfono de sus víctimas, sino de un alumno que habría seguido texteando a una hora en que “los normalistas estarían muertos y habrían sido posteriormente desaparecidos”.

En todo caso, Jorge Aníbal había seguido gozando de ese privilegio durante muchos meses, porque su línea siguió activa y en comunicación constante hasta abril de 2015.

¿Manipula estos datos el GIEI? Me parece que un poco. Pero el verdadero escándalo es que a partir de esta red de vínculos la PGR no haya establecido una narrativa sólida de los sitios donde estuvieron esa noche cada una de las víctimas y cada uno de los perpetradores.

@hdemauleon

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