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Felicidad contagiosa (con glucosa)

02/05/2017
01:50
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Un empleado del hotel donde pasamos unas vacaciones en Playa del Carmen, estado de Quintana Roo, ablandado por un par de días de buenos modales y afabilidad de circunstancia, me reveló cautelosamente que para trabajar ahí hubo de convertirse en militante de la “Unión Nacional de Trabajadores de la Industria Alimenticia, Refresquera, Turística, Hotelera, Gastronómica, Similares y Conexos”, afiliada a la Confederación Regional de Obreros y Campesinos (CROC). Le cobraron 250 pesos por inscribirse y aceptó que le dedujeran 70 pesos mensuales de su salario.

Le pregunté si se registró como obrero o como campesino y me contestó que se registró como un pendejo que tiene que desembolsar mil pesos al año y no tiene idea de para qué o para quién. ¿Qué recibe a cambio? Asistir voluntariamente a los eventos obligatorios, pasar lista, hacer bola y votar por quien le ordene el compañero delegado de su sección.

Bueno, ese es un hotel con 500 cuartos en el que trabajan en promedio —porque depende de la temporada— mil empleados. Así pues, sólo de ese compañero hotel salen 70 mil pesos mensuales que van a las arcas regionales de la CROC. Esta CROC al parecer disfruta revolucionariamente del monopolio de mano de obra obrera y campesina en esa perla del Caribe, una de las varias que se engarzan en un populoso collar. Hay un centenar de hoteles en Playa del Carmen, 20 de los cuales tienen dimensiones semejantes al que me refiero, que entregan un millón y medio mensuales a la CROC.

Según la Internet, la CROC se fundó en 1952 cuando cuatro sindicatos rijosones (la Confederación Proletaria Nacional, la Confederación de Obreros y Campesinos de México, la Confederación Única de Trabajadores y la Confederación Nacional de Trabajadores) decidieron combativamente acatar la orden del presidente Ruiz Cortines de juntarse en uno solo, maniobra del PRI para acotar un poco el poderío de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) del eterno líder nato Fidel Velázquez.

Al día siguiente le conté a ese empleado que, luego de breve investigación en la Internet, supe que su CROC es combativamente lidereada, desde 2005, por su compañero Isaías González, actual senador y dos veces diputado federal. En la actualidad, la CROC cuenta con cuatro y medio millones de obreros y campesinos afiliados. Si cada un paga 70 pesos mensuales, la suma es de 3 mil 780 millones de pesos al año.

El compañero senador y empresario y Líder Nato de la CROC tiene una cuenta en Twitter que se llama @IsaíasSiCumple. Ya desde su nombre se advierte que está gobernada por la franqueza. En ella anuncia que: “Mi trabajo como Senador es que tu (sic) seas más feliz, que vivas en paz y con seguridad, porque #LaFelicidadEsContagiosa”. Luego sale fotografiado con el líder del PRI, compañero Ochoa, con el texto: “Siempre sumamos esfuerzos y trabajamos en equipo para dar resultados a la ciudadanía”; y luego sale en un hospital con una compañera enfermera con el texto: “Seguimos en la Semana de la #SeguridadSocial donde nos tomaron la Presión y prueba de glucosa”.

Y luego anuncia: “Conmemorando el Día del Trabajo con la Familia”, que consistió en una gran fiesta en la Ciudad Deportiva con “eventos totalmente gratuitos” para asistir a la cual bastaba con pedirle boletos a “tu delegado”. Hizo música una banda que se llama “Sonora Dinamita” (para distinguirla de la dinamita silenciosa). Una señorita que se llama Maribel Guardia fue la anfitriona, aparece mostrando, desprendida que es, algunos de sus (como se dice) encantos.

El lema de la CROC es “Sindicalismo Social Siglo XXI” (para distinguirlo del sindicalismo asocial y del de los siglos pasados y venideros).

El compañero Isaías ha sido previsiblemente acusado de “malos manejos en la negociación de contratos colectivos” y de “enriquecimiento ilícito”. Según la prensa, la “considerable fortuna” amasada por el compañero Isaías le viene no sólo de su CROC sino de que, si los hoteleros no le compran a sus empresas los insumos que necesitan (bebidas, alimentos, mobiliario, etc), el compañero le ordena a su CROC que “estallen” la huelga para aclarar malentendidos.

No existen leyes que permitan saber cuánto dinero entra a la CROC (ni tampoco a ningún otro sindicato). Y menos aun cómo se gasta ese dinero.

Mídase la glucosa.

 

Guillermo Sheridan (1950) es investigador en la UNAM y periodista. Ha publicado varios libros académicos sobre la cultura mexicana moderna, en especial sobre su poesía. Su trabajo como periodista ha...

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