Un proceso desapercibido

Erick Fernández

El próximo martes 8 de noviembre la atención mundial estará focalizada en el proceso electoral de Estados Unidos. La espectacularidad negativa de las campañas, la mediatización al límite de sus candidatos y la disputa enconada por el voto de los posibles electores, ha derivado en un asunto de preocupación global ante la eventualidad de un resultado imprevisto como nunca antes en diversas regiones de nuestro planeta.

Esta situación provoca que otros procesos electorales, que se dan temporalmente en paralelo, pasen casi desapercibidos para el público en general debido a la mínima cobertura o visibilidad que alcanzan en el entorno regional o continental.

Tal es el caso de las elecciones generales de Nicaragua que tendrán verificativo este domingo pero apenas merecen alguna mirada a pesar de diversas criticas al proceso por parte de partidos políticos y organizaciones sociales que han llevado sus reclamos a la Organización de Estados Americanos (OEA).

El asunto no es simple. El actual presidente Daniel Ortega contenderá por séptima ocasión como candidato del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), y lleva como compañera de fórmula para la vicepresidencia a su esposa, Rosario Murillo, lo que algunos analistas y opositores consideran como una jugada para mantenerse el mayor tiempo posible en el poder.

El fallo de la Corte Suprema de Justicia para retirar las candidaturas de Luis Callejas y Violeta Granera, a la presidencia y vicepresidencia, por parte de la Coalición Nacional por la Democracia se suma esta situación que para la oposición es “una farsa electoral”, mientras que los analistas políticos lo ven como la mejor vía para que Ortega triunfe en las mesas electorales el primer domingo de noviembre sin necesidad de una segunda ronda.

La reacción de la OEA ante este panorama fue abrir simplemente un canal de comunicación con el gobierno de Nicaragua tras el envío de un informe sobre el desarrollo del entorno electoral. En los primeros días de diciembre enviará una comisión para revisar los avances sobre el terreno. Es decir, un mes después de los comicios. Una decisión que no fue bien acogida en los críticos de Ortega, que esperaban un apoyo más decidido del secretario de la organización continental, Luis Almagro.

Y como corolario al panorama, como en la época de la consolidación del sandinismo a inicio de los años ochenta, el Congreso de Estados Unidos se hace presente con la iniciativa de la legisladora de origen cubano Ileana Ros-Lehtinen para limitar los préstamos al gobierno de Managua, aduciendo la restricción a los derechos humanos y el “retroceso” democrático. Un cálculo que puede tener efectos contrarios a los propuestos en la Cámara de Representantes, como se ha mostrado en otros momentos de la historia latinoamericana.

Al momento, Ortega impulsa en su campaña logros en materia de política social y combate a la pobreza con el objetivo de alcanzar el sufragio popular y lograr una segunda reelección. El resto de los contendientes sin visibilidad ni apoyo sustantivo y ése desinterés puede convertirse en poca asistencia a las urnas. Mientras tanto, las miradas estarán situadas en otras coordenadas mediáticas de nuestro continente, donde una parte de nuestro futuro dicen qué está en juego.

 

Especialista en temas de América Latina y académico de la Universidad Iberoamericana

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