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El sentido común

Los árbitros ya son los protagonistas. Urge capacitarlos y se les haga entender 'lo que no está escrito en la regla'
12/12/2015
01:54
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Las verdaderas estrellas de la gran fiesta del balompié mexicano, desafortunadamente, han sido los otrora hombres de negro. No ha existido partido en que no sean los protagonistas, dándole “carne a los lobos”, convirtiéndose (en muchos casos con razón) en el paño de lágrimas de los derrotados.

Esta triste situación debe movernos a la reflexión, no basta con decir que: “son seres humanos; tienen derecho a equivocarse”, “el arbitraje mexicano es honesto”, “el jueceo ha sido superado por el juego”. De acuerdo ¿Y mientras tanto?

Para mi gusto quedan tres caminos: 1) Aceptar los yerros arbitrales como parte del juego, cuestión que se antoja utópica 2) Dejar de vivir en la era de piedra y recurrir a la tecnología, tal y como ocurre en otras disciplinas deportivas. Mientras la FIFA no autorice utilizar la repetición (con lo que se ganaría en credibilidad y justicia) solamente queda 3) capacitar a los silbantes.

Y es precisamente en el tercer punto (la capacitación) en donde se ha fallado. Los dueños del balón se olvidaron de que el arbitraje es uno de los pilares que sustenta nuestro querido deporte. Que es una actividad muy especializada que no se puede dejar en manos de cualquier improvisado advenedizo al complejo mundo de la ocarina.

Así, creyendo que “eran enchiladas… metieron la mano”, pusieron al frente a gente neófita en la materia, “le dieron sombrero a quien no tiene cabeza”, convirtiendo a los silbantes en cómplices al servicio de la cúpula del poder federativo, quitándoles independencia. En un vano y estéril intento de cuidar sus intereses, les restaron autoridad, haciéndoles perder la mística y la autoestima, hasta el grado de “forzarlos” a abdicar en ser los garantes de la moral del juego.

La creencia popular afirma que un buen instructor es aquel que le enseña a sus discípulos la regla de juego; sin embargo, mis convicciones arbitrales me han llevado a concluir que, en el futbol de élite se necesita un instructor que les abra el entendimiento respecto a “lo que no está escrito en la regla”.

En el balompié profesional la función de un colegiado va mucho más allá del “respeto a las ambiguas normas que lo rigen”. Debe tener la capacidad de discernir y reconocer que es el conductor de un espectáculo. Un espectáculo muy caro, en donde sus decisiones afectan intereses deportivos, económicos y sociales. En donde la magnanimidad no está reñida con la autoridad y se requiere versatilidad para hacer apología de los recursos que separan a un pita faltas saca tarjetas, de una estrella del arbitraje.

Que, aunque la regla de juego no hace diferencia entre un partido de temporada regular y una final, tampoco distingue artesanos de obreros, mucho menos faltitas de faltotas (o penalitos de penalotes)… sí lo hace… el sentido común.

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El ex árbitro profesional conoce el comportamiento del futbolista dentro y fuera del campo de juego.

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