El Instituto Electoral de Coahuila construyó su propio desastre: dio a conocer un conteo rápido que ponía en ventaja al candidato del PAN, Guillermo Anaya, y detuvo el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) en 72% de las casillas contadas cuando el priísta Miguel Riquelme estaba arriba por dos puntos porcentuales.

Encima de ello, a diferencia de los institutos de Nayarit y el Estado de México, cuyos conteos rápidos fueron exactos en calcular qué rango de votación tendrían los candidatos al terminar de contarse las actas, los números de cierre del PREP en Coahuila no cayeron dentro del rango estimado. Este manejo de los consejeros electorales coahuilenses ha desatado una crisis por el peso político que tiene esa gubernatura:

1.- Para Ricardo Anaya, dirigente nacional del PAN, ganar Coahuila es conquistar dos de las tres gubernaturas en juego (ya triunfó en Nayarit). Le da discurso para justificar el fracaso de irse al cuarto lugar en el Estado de México. Si gana los dos, “empata” y logra mantener su posición como muy sólido aspirante a la candidatura presidencial de su partido. Si pierde Coahuila, tendrán toda la razón Margarita Zavala y Rafael Moreno Valle en calificar la jornada de este domingo como un estrepitoso fracaso. Coahuila es clave para los tres aspirantes panistas.

2.- En el PRI y Los Pinos están felices por su resultado mexiquense (“haiga sido como haiga sido”, tendrían que robársela al clásico michoacano). El presidente Enrique Peña Nieto estuvo al frente de la campaña. El resultado incide directamente en las aspiraciones presidenciales de los dos hombres a quienes encargó la jornada: el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, y el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa. Si además se quedan con Coahuila, los bonos de ambos suben en el ánimo presidencial.

Pero el Estado de México está bajo impugnación. Morena ya anunció que considera que hubo fraude. Y el PAN ha declarado que fue una “elección de Estado” y ha dejado abierta la posibilidad de impugnar el proceso en tribunales. Es decir, el PAN amaga con unirse a Morena en tratar de tumbarle al PRI el Estado de México.

Ante ello, habría incentivos desde el gobierno para negociar con el PAN: te dejo Coahuila —donde el PAN ha sumado a Morena, el PRD y un independiente en su denuncia de fraude— a cambio de que no hagas más ruido en el Estado de México.

¿Sería posible una negociación así? ¿Cabe en un PRI-gobierno envalentonado? ¿Es posible cuando para el interlocutor Ricardo Anaya hay tanto en juego? No lo sé.

SACIAMORBOS. Hay quien me dice que habría un obstáculo más: los Moreira (o “el” Moreira, porque no queda claro cómo juega esa familia) no permitirían que se “entregue” su estado a la oposición porque a ellos les puede significar la cárcel. Quién sabe. El gobierno federal también ha de tenerles un expediente bastante grueso como para usarlo si se les ponen al brinco. En política hasta la cárcel se negocia. Con aliados y con adversarios. Estoy seguro que de esto vamos a ver más.

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