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Hasta antes de este 1 de diciembre, el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle era un aspirante a la candidatura presidencial del PAN que lucía abandonado, arrinconado, incapaz de emocionar ni prender.
Ese día le llegó un regalo inesperado al ex priísta y ex aliado de Elba Esther Gordillo: el Instituto Nacional Electoral le organizó involuntariamente el mejor acto de campaña, que lo catapultó a espacios principales de los medios de comunicación.
La Comisión de Quejas y Denuncias del INE aprobó ese día, por unanimidad, prohibir al mandatario poblano destacar sus logros y cualidades personales durante entrevistas porque, según los integrantes de ese órgano interno, al hacerlo ponía en peligro la equidad en la contienda presidencial.
Moreno Valle, formado en el PRI y trasplantado al PAN, aprendió las mañas que se usan en ambos partidos. Venía haciendo un uso cuestionable de los presupuestos de comunicación del gobierno estatal y aparecía en la portada de revistas que después de un número dedicado a él se diluían.
Como estrategia propagandística no parecía ser muy efectiva. Al menos no frente a la cascada de spots en radio y televisión que ha gozado su contrincante no confeso, el presidente del PAN, Ricardo Anaya. Tampoco parecía que le sirviera mucho para acercarse a la otra precandidata de ese partido, la ex primera dama Margarita Zavala.
La intención de poner un alto a prácticas burdas para hacerse autopromoción con cargo al erario es aplaudible. Pero la forma de intentarlo de la Comisión del INE desató tres problemas:
Primero, que tuvo el efecto contrario al buscado: le hicieron propaganda gratuita a Moreno Valle, quien hábilmente se trepó a la ola, se victimizó y goza de los reflectores que anhelaba hasta antes de ese dictamen. Vaya efecto boomerang animado por el árbitro de la contienda.
Segundo, que la orden de esa autoridad electoral terminó por castigar a los periodistas y medios de comunicación en general.
Y tercero, que de pronto parece confundirse la defensa de la libertad de expresión con una especie de intento de elevar a los altares de la democracia a Moreno Valle. Ahora resulta que Moreno Valle es algo así como el inesperado apóstol de la democracia, el nuevo Francisco I. Madero. Yo esa no me la creo. El historial del gobernador de Puebla no le alcanza para que una
torpeza del INE le limpie el
currículum.
Su opacidad en el manejo de recursos, su dispendio en ensalzar su imagen, la manera en que opera electoralmente usando la estructura del gobierno, los cuestionamientos sobre abusos de la fuerza pública bajo su mando y una larga lista de etcéteras merecen marcar distancia.
Porque una cosa es exigir que se respete el derecho que tiene un periodista de entrevistar a quien le parezca relevante y hacerle las preguntas que considere pertinentes, y otra es que eso se confunda con la defensa de un personaje que más bien merece dudas y cuestionamientos.
historiasreportero@gmail.com
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