Desde que el subcomandante Marcos se levantó en armas en 1994, Chiapas se convirtió en consentido de los programas sociales.

Carlos Salinas intentó apagar a billetazos el movimiento con el que buscó primero la guerra y luego la paz. Ernesto Zedillo atacó al EZLN y reforzó el gasto público en la entidad. Vicente Fox quiso resolver la bronca “en quince minutos” y siguió con las carretadas de dinero, que no se detuvieron con Felipe Calderón ni con Enrique Peña.

El resultado es que hoy en Chiapas la inmensísima mayoría de la población es beneficiaria de programas sociales. Eso la deja vulnerable frente a quienes los aprovechan para coaccionar el voto.

Siempre me sorprendió la manera en que el ex gobernador de ahí, Juan Sabines, manejaba las elecciones. Ante sus interlocutores, pronosticaba el resultado de los comicios… y acertaba.

El método Sabines era sencillo: repartía “el pastel” en tres: esto le toca al PRI-Verde de Peña Nieto, esto al PAN de Calderón, esto al PRD de Los Chuchos. ¡Y así quedaban las elecciones!

¿Sabines cruzaba todas las boletas electorales? No. Me cuentan fuentes que interactuaron con él que simplemente aprovechaba esta inusual penetración de los programas sociales para inducir el voto. El ejercicio antidemocrático le salía bastante bien porque como los grandes actores partidistas estaban felices con su “rebanada” no había impugnaciones. En 2009, por ejemplo, cada partido ganó cuatro distritos. Y todos contentos.

La realidad de los programas sociales en Chiapas y su uso electoral no ha cambiado un ápice. Cambió el mandatario: el sucesor de Sabines, la estrella del Partido Verde Manuel Velasco, no repartió, no negoció a pesar de que sus opositores lo buscaron para prorrogar ese pacto, y el día de los comicios “se atascó”, reconoce una fuente de alto nivel entre sus cercanos.

La semana pasada enlisté en estas Historias de Reportero (Manuel Velasco: todas las cochinadas) las irregularidades en la elección chiapaneca del 19 de julio. Velasco niega fraude, dice que el PRD también tiene “casillas zapato”, rechaza que el INE local esté a sus órdenes porque los nombramientos se hicieron a nivel nacional, pide a sus rivales que las denuncias se procesen ante el Tribunal electoral federal si no le tienen confianza al local y los confronta: por qué se quejan hasta que vieron que les fue mal en la elección; atribuye sus pobres resultados a la división en la izquierda y las grietas en el PAN, no a su fraude.

El gobernador quizá no repara en que está creando para sus aliados del gobierno federal un problemón: PAN y PRD están uniéndose inicialmente para tumbar la elección en Tuxtla (capítulo aparte merecen los videos del candidato al que defienden, recibiendo fajos de billetes de empresarios) y quizá después conformar un bloque anti-PRI de cara a las doce gubernaturas que se renuevan en 2016 y a la sucesión presidencial de 2018.

Si Chiapas es la semilla de una eventual alianza de mayor magnitud, la “operación electoral” del gobernador verde terminará generándole enemistades en Los Pinos… a donde sueña con llegar.

historiasreportero@gmail.com

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