Algo muy grave va a pasar

Ana Paula Ordorica

No nos sorprendamos de que el triunfo de AMLO se vuelva una profecía autocumplida. Terrible panorama para un país que requiere un proyecto más amplio

Las encuestas no dicen que Andrés Manuel López Obrador vaya a ganar. Dicen que está en primer lugar en las mediciones con los candidatos del PAN y del PRI, pero hay una cifra que lo desbanca. Es la de aquellos que se declaran indecisos.

Tomando los números de Consulta Mitofsky hay un 42 por ciento del electorado que no se inclina ni por AMLO, ni por el PAN, ni por el PRI. (39% indeciso + 3% por candidato independiente). En comparación, AMLO está entre 25-28% de las preferencias en los distintos careos de esta encuesta.

Entonces, si AMLO todavía no es el seguro ganador de 2018, ¿por qué hay tantos actores que lo asumen ya como el próximo presidente de México? Esta actitud tan irracional me recuerda aquel pueblo sobre el que escribió Gabriel García Márquez en su cuento Algo muy grave va a suceder en este pueblo.

La madre de un joven se levanta con el presentimiento de que algo grave pasaría ese día en ese pueblo. Se lo comenta a su hijo, quien va a jugar billar con amigos y les transmite el mal presagio. Éstos a su vez van a casa y lo comentan con sus familiares: “Algo muy grave va a pasar en este pueblo”. Algunos van a la carnicería a hacer compras de pánico porque… algo muy grave va a pasar. El carnicero se lo transmite a sus clientes y para la tarde el pueblo entero está a la expectativa, encerrados en sus casas, porque… algo grave iba a pasar.

Hasta que un señor se cansa de estar a la expectativa. Junta a su familia, sube sus pertenencias en la carreta, quema su casa porque… algo grave iba a pasar… y abandona el pueblo. Otras familias empiezan a seguir su ejemplo. Para la noche el pueblo estaba abandonado. No quedaba nada más que casas incendiadas, una tras otra. Y es que algo iba a pasar. Y pasó: los habitantes prendieron fuego al pueblo.

Así parece que partidos, empresarios, medios de comunicación y ciudadanos estamos ante el escenario de que Andrés Manuel López Obrador gane la Presidencia en 2018. Los partidos que no son Morena actúan como si ya tuvieran perdida la contienda. Entre precaución ante las barbaridades que declara AMLO sin prueba alguna —como que hubo matanza de niños en el operativo en Tepic en contra del Cártel de Sinaloa— hasta la desbandada del PRD, actúan asumiendo que AMLO ya ganó.

Algunos empresarios han decidido sumarse al equipo de AMLO porque sienten que será la mejor opción en 2018. Pero otros han decidido hacerlo mediante apoyos económicos en lo que es ya una campaña por la Presidencia, a pesar de las restricciones electorales, por miedo a no ser cercanos con el próximo presidente de México.

Y algunos medios de comunicación comienzan a tratar a AMLO como el ya seguro ganador. Todo ante ciudadanos que ya dan por sentado que en Los Pinos despachará El Peje, para quien la tercera será —seguramente— la vencida.

Con esta actitud hacia 2018 no nos sorprendamos de que el triunfo de AMLO se vuelva una profecía autocumplida. Terrible panorama para un país que requiere que llegue a Los Pinos alguien con un proyecto mucho más amplio que la lucha contra la corrupción.

Esa urge que se abata y que se cuente con un verdadero Estado de Derecho. Pero ni AMLO ni Morena están exentos de actitudes corruptas. De entrada, seguimos sin saber de qué ha vivido AMLO todos estos años. Pudimos conocer su declaración 3de3 en la que vimos un caso de pobreza inexplicable, no de honestidad valiente.

Mientras AMLO no sea más transparente y en tanto sigan tantos ciudadanos indecisos: no a la profecía autocumplida. Sí a una campaña de propuestas amplias y claras hacia 2018. Es lo mínimo que debemos exigir como mexicanos.

@AnaPOrdorica

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