Día de muertos: entre calaveras y vampiros

Mochilazo en el tiempo

EL UNIVERSAL recorrió tres mercados capitalinos para investigar si nuestra tradicional calavera sigue vigente o ha disminuido su popularidad ante las fiestas de Halloween

Texto y fotos actuales: Miroslava Callejas
Diseño web: Miguel Ángel Garnica

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Los días uno y dos de noviembre son sinónimos de fiesta en nuestro país, pero no de cualquier festividad, ya que la invitada principal es uno de los grandes temores con la que el ser humano ha aprendido a vivir: La muerte.

No obstante, en México, como escribiría Frances Toor en EL UNIVERSAL ILUSTRADO del 29 de octubre de 1925, estamos acostumbrados a no temerle, incluso la encontramos familiar y jugamos con ella. La aceptamos como una consecuencia necesaria, como parte de la vida y estos días nos sirven para departir con los muertos y rendirles homenaje.

Durante esta celebración, el símbolo o glifo que la distingue aparece por doquier, se le evoca en todo momento y se representa en una sola figura: La calavera. Presente en el papel picado, en figuras hechas de diversos materiales como azúcar, chocolate o amaranto hasta de barro o migajón, de papel maché o plástico, en versos literarios, hasta en murales en donde se ve elegantemente vestida paseando por la alameda, la calavera, es sin duda, una de las piezas fundamentales de nuestra celebración multicolor.

Pero fue José Guadalupe Posada (1852-1913), uno de los grandes ilustradores del siglo XIX, quien nos daría la famosa imagen de la Catrina o la Muerte dándole ese toque burlesco propio de las calaveritas, haciéndola toda una tradición que conservamos hasta nuestros días. En EL UNIVERSAL del 31 de octubre de 1985, la crítica de arte Raquel Tibol comentaría que los artistas posteriores a Posada no habían podido superar su representación de la calavera. De ese poder era la imagen que él dejó en el imaginario colectivo mexicano.

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Nota de El UNIVERSAL del 31 de octubre de 1985 donde se narra el trabajo de Guadalupe Posada. En la foto se observan los grabados de “La coronela” y “La calavera de Madero”.

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Páginas de EL UNIVERSAL ILUSTRADO en dónde se pueden apreciar algunas calaveras literarias de personajes como Diego Rivera y Mariano Azuela publicadas en noviembre de 1925.

De la catrina a las brujas y otros monstruos

La celebración del Halloween, que significa “víspera de todos los santos”, deviene de la fiesta celta del Samaín, una fecha elegida como "día de transición" entre el verano y el invierno, en dónde coincidía la reducción progresiva de horas de luz y servía para festejar el fin de la temporada de cosecha. Durante este día, los pueblos celtas creían que la frontera entre los vivos y los muertos se diluía, por lo que espíritus, benévolos o malignos, podían regresar al mundo.

Para ahuyentar a los malignos utilizaban trajes y máscaras, asimismo ofrecían ofrendas a los difuntos. Actualmente, la gente se disfraza y sale a la calle a pedir dulces. Las fechas son muy cercanas a la celebración cristiana de todos los santos, el 1 de noviembre, pues el Halloween se celebra el 31 de octubre y se lleva a cabo, principalmente, en Estados Unidos y en las islas británicas.

Dada a la cercanía tanto geográfica como cultural, México ha importado esta tradición. Poco a poco ha ido ganando terreno en nuestro país y las calabazas, brujas, vampiros y otros personajes han tomado protagonismo, ganando la escena a nuestra tradicional calavera.

Pero ¿será un desplazamiento o más bien una apropiación de una nueva cultura? ¿Nuestra calavera podrá convivir con las brujas y las calabazas? ¿O tarde o temprano, será desplazada por ellas?

Estas preguntas, hace unos años, eran demasiado lejanas en México. Por ejemplo, EL UNIVERSAL ILUSTRADO de noviembre de 1923 publicó un artículo titulado “Halloween, la fiesta de los espantos”. El texto narra su significado, sus usos y costumbres, en ese entonces distantes en nuestro país. Además hace una crítica a la apropiación de dicha la celebración por parte de los estadounidenses: “En total, se trata de una farsa alegre de una burlesca imitación de las costumbres de otros tiempos, cuando cada símbolo tenía una profunda significación”.

El texto finaliza con una comparación que el autor hace entre las celebraciones del día de muertos y el halloween: “En estas épocas de practicismo, mientras los muchachos mexicanos se divierten mordisqueando calaveras de azúcar y perdiendo respeto a la muerte y a la religión, representadas burlonamente en tumbas de cartón y padrecitos con cabeza de garbanzo, los muchachos de Norteamérica convierten en diversión la figura respetable y misteriosa de Samhain, el dios de la oscuridad y el mal”.

A noventa años de dicha publicación, puede verse que la situación ha cambiado significativamente. La presencia de artículos de Halloween se ha disparado notablemente en los establecimientos. ¿Será acaso el fin de nuestras tradiciones o más bien el inicio de una nueva mezcla en donde ambas festividades convivan, sin que una desplacé a la otra? EL UNIVERSAL se dio a la tarea de hacer un recorrido por tres de los mercados más significativos en estas fechas: La Merced, Jamaica y Coyoacán para ver si nuestras calaveras siguen vigentes o se han ido apagando poco a poco.

Durante el recorrido que realizó EL UNIVERSAL por el mercado La Merced, fue notorio que los puestos de disfraces y objetos propios del Halloween eran numerosos, aunque no mayores a los que venden lo necesario para la ofrenda de muertos, pero al final, los primeros terminan por ensombrecerlos. Varios puestos optan también por vender artículos de ambas festividades; por ejemplo, hay algunos en los que se pueden encontrar calaveras y brujas de chocolate; así como fantasmas y catrinas de bombones. Pero lo que brilla en los puestos son los abundantes adornos hechos de plástico y papel, fomi y brillantina, en cambio, lo realizado con papel maché y cerámica simplemente no está a la vista.

Los ríos de gente invaden los puestos y la clientela es diversa, en un puesto de calaveritas de amaranto, una mujer comenta a su acompañante “El día de muertos es mi festividad favorita. Yo pongo mi ofrenda con puros dulces, si los niños se pican los dientes al menos estarán felices”. Al preguntar en algunos puestos de calaveritas de amaranto si ellos mismos se encargaban de la producción, nos respondían “sí, los hacemos nosotros, venimos desde Tulyehualco”.

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Puesto de calaveras de amaranto en La Merced.

La tradición de rendirle culto a los muertos existe desde la época prehispánica. Las culturas indígenas concebían a la muerte como una unidad dialéctica: el binomio vida-muerte, lo que hacía que ésta conviviera en todas las manifestaciones de la cultura. Durante la conquista y la colonia, las antiguas tradiciones se entremezclaron con las que la religión católica, implantada por los españoles, traía consigo dando lugar a un nuevo rito que conjugaría las creencias de ambos mundos: El día de muertos.

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Figuras de barro de calaveras.

Halloween y tarjetas terminan con calaveritas mexicanas

Durante nuestro recorrido nos percatamos que el panorama en el mercado de Jamaica es parecido al de La Merced. Los puestos de disfraces y de Halloween son más visibles y mucho más ostentosos que los de artesanías, pero éstas son mucho más trabajadas y vistosas. Desde calaveras y catrinas de papel maché hasta cráneos hechos de barro que sirven de candelabro o inclusive como lámparas.

Nicolasa Morales, dueña de un puesto de calaveras de papel maché comenta en entrevista con EL UNIVERSAL: “Llevó aquí alrededor de cuarenta años, estoy presente en todas las romerías desde el 14 de febrero hasta Navidad”. En su puesto se pueden observar a primera vista varias calaveras de papel maché de diferentes tamaños y diseños, así como calaveritas hechas de barro y las tradicionales de azúcar y de chocolate.

“Me tardo aproximadamente quince días en hacer las catrinas grandes (80 cm), pero también depende mucho del clima, sí hace mucho sol, se secan más rápido. Las vendo en setecientos pesos, no las puedo vender más baratas porque ahí está todo el trabajo que le invierto”.

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Puesto de Nicolasa Morales en el Mercado de Jamaica. Se pueden observar diferentes figuras de calaveras de papel maché.

Con algo de nostalgia, nos narra que las ventas han ido disminuyendo “Ahora con toda esta novedad del Halloween han bajado, por ejemplo antes vendía mucho la calavera de azúcar y de chocolate, ahora la venta es mínima. Antes vendía un montón de calaveras de papel maché, ahora sólo vendo alrededor de veinte. Las trasnacionales que han metido esta festividad han hecho que en los mercados mexicanos bajen las ventas, ya sólo la gente de estrato bajo nos frecuenta” dice.

Incluso nos comparte que ha dejado de vender ciertas cosas porque ya no tienen el mismo éxito de antes “Anteriormente vendía las pequeñas mesitas con ofrendas, pero ya nos las vendo porque nadie las compra. También vendía muchas calaveras hechas de barro de Oaxaca, pero ahora casi no se venden”.

Otro factor que ha influido en esta reducción ha sido el uso de tarjetas de crédito. “Por la facilidad que la gente ve de pagar a crédito, compra en tiendas departamentales en donde las aceptan, porque nosotros sólo recibimos efectivo. Sé que la situación es muy difícil, pero a nosotros también nos pega mucho. Los de aquí salimos con la esperanza de que nos entren unos centavitos más, pero ahora sólo sale para los gastos”.

En su puesto también se pueden encontrar cosas propias de Halloween “Se venden más, sobre todo las figurillas y los pupilentes. Sin embargo, como son de importación, sus precios también han subido”. Finalmente, Nicolasa comenta que se opone a dejar las tradiciones “Nos resistimos a dejarlas, es algo muy nuestro y creo que hay que seguir con ellas”.

Por su parte, Betzy González cuenta con un puesto de artesanías de barro traídas de Michoacán. En él se pueden observar cráneos que sirven tanto de adorno como de candelabros, hasta coronas que llevan en el centro a una calaca bailando.

“Mi mamá es la dueña y lleva diez años vendiendo” nos comparte en entrevista. “Hay mucha gente que ya no aprecia la artesanía, por eso precisamente está este puesto, para motivar a la gente a que la compre y la aprecie”. También nos comenta que, a diferencia de Nicolasa, sus ventas no se han visto perjudicadas por el Halloween “Hay clientas que regresan cada año, hay días en que se venden más, otros que se venden menos, pero con esto he notado que la gente empieza a valorar más lo artesanal”, finaliza.

Por último, otro punto importante en la Ciudad de México para la venta de las tradicionales calaveras, es el mercado de Coyoacán, paradójicamente, es el que cuenta con el mayor número de puestos de disfraces. Casi todos los que rodean el mercado son dedicados a estos. “Es porque aquí se hace concurso de disfraces y la gente los compra por lo mismo, pero no creo que estén desplazando a nuestras tradiciones, porque también hay disfraces de catrinas, incluso hay gente que va de Frida Kahlo y de Lila Downs”, nos explica Eliseo Hernández, uno de los locatarios del mercado.

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Calaveras en el local de Eliseo Hernández en Coyoacán.

“Llevo veinte años en el local, vendo artesanías de todo tipo y en estas épocas es cuando mejor me va. En estas romerías inclusive tengo un puesto aquí afuera del mercado. En los días buenos me he ido hasta a la medianoche de aquí”, dice Eliseo en su local, en dónde se puede ver todo tipo de artesanías: desde calaveras en escenas de la vida diaria, representando distintas profesiones y oficios hasta cráneos coloreados de forma artesanal y unos muy particulares que están pintados de balones de fútbol soccer.

El proveedor es Daniel Lucino, de veintiún años, proveniente de Taxco, Guerrero, donde junto con su familia, realizan las artesanías. “Llevo apenas dos años en el negocio. Toda mi familia se ha dedicado a esto desde mis abuelos” nos narra. “Yo surto al mercado de Coyoacán desde hace unos cinco o seis años. También lo hago en la Ciudadela,  la Zona Rosa y en Teotihuacán”.

Acerca de sus cráneos pintados de balón de fútbol soccer nos explica: “Los empecé a pintar así porque también llevo calaveras a la frontera con Estados Unidos y me empezaron a pedir que las pintara como de balón de fútbol americano, por eso de la NFL. Ahí es cuando se me ocurrió la idea de hacer lo mismo pero de soccer. Tengo varios modelos, hasta del Real Madrid”.

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Cráneos dibujados como balones de fútbol soccer.

Tras esta visita a los mercados, notamos que a pesar de un incremento en los productos de Halloween, las calaveras aún alzan la mano para decir que siguen ahí. No obstante, resulta un tanto extraño ver en el mismo puesto calaveras de azúcar con brujas de chocolate, pareciera que entre ambos existiera un raro trato en el que ambos pudieran convivir sin problemas.

Todas estas tradiciones que nos han distinguido como mexicanos no podemos perderlas de vista. No obstante, la introducción de nuevas formas de festejar ciertas celebraciones, como el Halloween proveniente de nuestro vecino del norte Estados Unidos, nos ha hecho preguntarnos si llegará el día en que éstas desplacen a lo propio.

Más bien habría que plantearnos los nuevos significados que podríamos darles a las festividades sin perjudicar a lo nuestro, para que la calavera con su característica picardía siga haciendo de las suyas en estas fechas.

Fotografías antiguas: EL UNIVERSAL ILUSTRADO.
Fuentes: “Las fiestas de los muertos” en EL UNIVERSAL ILUSTRADO de noviembre de 1923; “Halloween, la fiesta de los espantos” en EL UNIVERSAL ILUSTRADO del 29 de octubre de 1925; “Con la calavera nadie ha superado a posada” en EL UNIVERSAL del 31 de octubre de 1985. Portal de calaverasliterarias.org. Entrevistas con Nicolosa Morales y Betzy González, locatarias del mercado Jamaica; Eliseo Hernández, locatario del mercado Coyoacán; Daniel Lucino, artesano.

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