Planeación estratégica para construir la ciudad que merecemos

Gustavo Sotelo Villegas

La redacción de la Constitución Política de la Ciudad de México representa una oportunidad histórica para sentar las bases jurídicas que permitan responder con eficacia a las demandas de los habitantes de esta gran ciudad. La oportunidad de definir el modelo de ciudad que queremos para las próximas décadas.
En este proceso fundacional, se presenta la gran responsabilidad de expedir un ordenamiento que vaya más allá de la distribución del poder público y de la reorganización de la administración pública local, es la oportunidad para consolidarse como un instrumento de y para la ciudadanía, en el que se recojan los derechos y las libertades, que sinteticen nuestra rica historia constitucional y las aspiraciones de la sociedad capitalina, caracterizada por su exigencia, tradición democrática y su carácter cosmopolita y pluricultural.
Una de las instituciones que tendrá que estar presente en la Constitución de la capital del país es la planeación democrática, entendida como el método para diseñar y ejecutar acciones de gobierno, incorporando a la ciudadanía en los procesos de toma de decisiones que tienen incidencia sobre la cosa pública, así como en el control y evaluación de estas últimas, con una visión de largo plazo.
En otras palabras, se trata de que a los capitalinos se nos escuche y que esa voz verdaderamente sea un punto de referencia en el ejercicio cotidiano de la función pública para todas las autoridades de la Ciudad de México, desde futuros alcaldes, los concejales y hasta el jefe de Gobierno.
Diseñar los medios para cumplir este fin resulta vital porque con ello se dota de mayor legitimidad a la planeación gubernamental, haciendo de la participación una herramienta para generar bienestar social y resolver los problemas que nos afectan, pero sobre todo, que genere desarrollo económico e inversión e infraestructura pública.
En la Ciudad de México habitamos 8.8 millones de personas que nos enfrentamos día a día con infinidad de problemas de diversa índole, muchos de los cuales se pueden gestionar -e incluso se hubieran podido evitar- combinando visión, organización y participación, es decir, con una planeación democrática moderna que coloque al ciudadano en el centro de las políticas públicas.
De acuerdo con datos del INEGI, los principales problemas percibidos por los habitantes de la Ciudad de México desde hace mucho tiempo son: la inseguridad, el desempleo, el aumento de precios, el narcotráfico y la escasez de agua, a los cuales recientemente se han sumado los problemas de movilidad originados por una inadecuada planeación urbana que privilegió al transporte privado sobre el público, la opacidad en el manejo de los contratos (el segundo piso del Periférico, por ejemplo), además de acontecimientos lamentables como la construcción de la línea doce del metro y las decisiones erráticas en torno al programa “Hoy no circula”.
Son muchas las voces de cientos de capitalinos que terminan pagando los platos rotos de decisiones mal concebidas, mal ejecutadas, pero sobre todo, sin sustento en un sistema de planeación integral.
Ciertamente no es fácil gobernar una ciudad con las dimensiones y complejidad como la nuestra, pero de ahí la importancia de gobernar de la mano con el ciudadano, escuchando sus preocupaciones y considerando seriamente sus propuestas de solución.
No se trata de delegar la responsabilidad de gobierno, sino en todo caso, de asegurar que las decisiones políticas se vinculen directamente en sus causas y efectos con las personas a las que van dirigidas.
Con estos precedentes, nos pronunciamos por establecer un sistema de planeación democrática local que potencie el desarrollo económico y establezca sólidas bases para la competitividad con una visión social; una planeación democrática liberada por completo de las prácticas clientelares que distorsionan la participación y la convierten en rehén de propósitos particulares que se alejan del interés general. Que permita un desarrollo más equilibrado de la ciudad y para mitigar la acentuada desigualdad de las diversas zonas de la metrópoli.
Se requiere un sistema de planeación de servicios públicos en el que se consideren como prioritarios el alumbrado, el acceso al agua, la movilidad, el manejo de residuos sólidos, así como el espacio, equipamiento y mobiliario urbanos. Que cada una de las autoridades asuma la responsabilidad que le corresponde para garantizar la prestación de estos servicios.
Asimismo, es indispensable promover la planeación del desarrollo urbano inteligente, con la infraestructura y obras públicas necesarias para detonar el crecimiento económico de la ciudad.
Otra de las vías consiste en instituir mecanismos que le permitan a la ciudadanía pronunciarse ante eventuales modificaciones de desarrollo urbano, que pudieran afectar sustancialmente sus entornos comunitarios, para construir vías institucionales mediante las cuales, la ciudadanía manifieste pacífica y efectivamente sus inconformidades.
Además, la planeación de la Ciudad de México tendrá que llevarse a cabo con una visión metropolitana, en virtud de que formamos parte de una región del país en la que concurren poco más de 19 millones de personas. En ese sentido, habrá que definir claramente las competencias de las autoridades que coexisten e interactúan en el Valle de México, de suerte que toda petición tenga una autoridad responsable que la atienda.
Con la Constitución de la Ciudad de México, se establecerán las instituciones y bases normativas para avanzar hacia una planificación estratégica de la ciudad, que contribuya a garantizar los derechos de sus habitantes.
Secretario técnico del grupo parlamentario del PRI en el Senado de la República

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