Desequilibrio global y peso

Rogelio Ramírez de la O

La crisis iniciada en 2008 no se ha resuelto para todos los países, pero está en camino firme de resolverse para la economía más grande, Estados Unidos, quien ya tiene años registrando aumentos de actividad y empleo, con muy poca inflación, aunque con fragilidad

La crisis iniciada en 2008 no se ha resuelto para todos los países, pero está en camino firme de resolverse para la economía más grande, Estados Unidos, quien ya tiene años registrando aumentos de actividad y empleo, con muy poca inflación, aunque con fragilidad. Otras economías siguen atrapadas, principalmente la zona euro y China.

Esta separación de ciclos económicos en donde algunos se recuperan y otros no lo hacen significa que cualquier esquema de acción global es muy improbable.

Cada país y región tendrá que administrar sus propios problemas y soluciones y así lo confirma la depreciación por China de su moneda, cuando muchos daban por hecho que la dejaría fija contra el dólar, como muestra de su voluntad para integrarse al sistema financiero global.

Pero la realidad siempre supera a los buenos deseos y por eso es que hoy ni siquiera es correcto hablar de un sistema financiero global. No lo puede haber cuando los más importantes países se encuentran en etapas distintas en sus ciclos económicos y cada uno tiene objetivos que tienen que maximizar y herramientas para hacerlo que afectan en forma diferente al resto del mundo.

Estados Unidos hoy tiene que comenzar a subir sus tasas de interés y esto afectará a las economías emergentes, quienes tendrán que sufrir depreciaciones de sus monedas.

La zona euro no tuvo la flexibilidad para modificar los tipos de cambio entre sus miembros y con ello facilitar un ajuste menos doloroso de las economías de la periferia. La moneda única las condena a tener que sufrir alto desempleo para bajar sus costos y así evitar endeudarse más. El estancamiento de la zona euro pone a dormir a un mercado enorme para el mundo.

China quiso mantener alto crecimiento cuando ya no era posible hacerlo a base de exportaciones. Recurrió a inversiones cuantiosas que generaron burbujas de precios. Primero reventó su burbuja de bienes raíces y luego su burbuja de precios de acciones. Ahora tiene que devaluar su moneda y afectar a los exportadores de Latinoamérica, Australia y el resto de Asia, así como regresar los precios de las materias primas y del petróleo a una nueva normalidad.

Los efectos de la política de la zona euro son los de la austeridad prolongada y la degradación de servicios públicos y protección social en la periferia. Los efectos de las políticas de Estados Unidos son los del aumento de tasas de interés, misma que elevará la carga de la deuda de muchos países que desde 2008 han estado atrayendo capital del extranjero.

México atrajo excesivo capital de portafolio, el cual no necesitábamos, pues no fue utilizado para financiar proyectos productivos. De ahí el aumento de las reservas internacionales del Banco de México, de 91 mil millones de dólares en 2009 a 196 mil millones en enero de 2015, antes de que comenzaran a caer.

Los capitales contribuyeron a bajar la tasa de interés, en gran medida artificialmente. Pero, irónicamente, esa baja tampoco resultó en mayor crecimiento, pues el PIB mantuvo su aumento anual de 2%.

Solamente de bonos gubernamentales en pesos colocados entre extranjeros el saldo pasó de 24 mil millones en 2009 a 138 mil millones de dólares en marzo de este año. Muchos veían a esto como un logro, pues nunca habíamos tenido saldos tan altos. Pero no se advirtió que, como toda situación artificial, algún día esos flujos tendrían que revertirse o volverse más caros. Hoy el dólar no sólo es la moneda más escasa, sino también la más deseada, y el peso tendrá que encontrar su propio valor.

Analista económico.

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