Perspectivas del FMI para la economía mundial, EU y México

Pablo Álvarez Icaza Longoria

La semana pasada el Fondo Económico Mundial (FMI) dio a conocer las perspectivas de la economía mundial (informe WEO) con un panorama más optimista que el de hace seis meses, que se dejó sentir con la preocupación del fantasma del proteccionismo, impulsado por el temor a la victoria electoral de Donald Trump en Estados Unidos (EU), como finalmente sucedió.

Aunque el organismo reconoce ahora que es posible que el crecimiento supere las expectativas de corto plazo, “hay significativos riesgos a la baja que continúan opacando las perspectivas a mediano plazo”.

Luego del crecimiento mundial de 3.1% en 2016, las proyecciones para 2017 y 2018 se revisaron positivamente, por lo que ahora estima que el PIB mundial crecerá respectivamente 3.5% y 3.6% con los mercados financieros en alza, la recuperación cíclica de la manufactura y el comercio mundial, que han apoyado una recuperación del precio de las materias primas.

Sin embargo, el FMI sigue advirtiendo que los riesgos siguen inclinándose a la baja, por la persistencia de problemas estructurales como el bajo crecimiento de la productividad y la elevada desigualdad del ingreso en las economías avanzadas, que están agudizando las presiones a favor de políticas aislacionistas.

Un riesgo destacable es un giro hacia el proteccionismo que haga estallar una guerra comercial, ocasionado por el respaldo político a líderes que han culpado al libre comercio de ser el causante de la pérdida del nivel de vida de sectores medios desfavorecidos por la globalización.

Si bien se reconoce que en las economías avanzadas, los frutos del crecimiento no llegaron a los segmentos más bajos de la distribución del ingreso, por lo que la desigualdad ha generado descontento con las reformas económicas, en clara alusión al resultado electoral en Reino Unido y EU; y que las tendencias mundiales de mayor desigualdad tienen que ver con el comercio internacional y el cambio tecnológico; a los gobiernos les resulta más fácil restringir el comercio que realizar las mejoras internas.

Se revisó al alza las proyecciones de EU para 2017 y 2018 a 2.3% y 2.5% respectivamente, luego de que su PIB sólo creció 1.6% el año pasado.

Las razones para ello son que se “pondrá en marcha una distención de la política fiscal y como consecuencia de un ligero aumento de la confianza”; sin embargo, se advierte que estás medidas de estímulo tendrán que replegarse en el mediano plazo para evitar una dinámica fiscal insostenible.

A pesar de una mejora de las perspectivas de EU y del estímulo que pudiese generar la depreciación del tipo de cambio a las exportaciones mexicanas, el FMI prevé que el crecimiento de México se moderará a 1.7% en 2017 y a 2.0% en 2018.

La corrección de crecimiento “se debe al empañamiento de las perspectivas de inversión y consumo de cara a condiciones financieras menos halagüeñas y más incertidumbre en torno a las relaciones comerciales con Estados Unidos”, que es la misma argumentación por la que hace meses revisamos nuestra estimación del PIB de México para 2017 (1.8%).

Aunque el organismo es cuidadoso en el lenguaje que utiliza, es claro que hace algunas alusiones hacia México. Por ejemplo cuando señala que “en muchos países se necesitan estrategias que generen confianza para encauzar la deuda pública por una trayectoria sostenible”; pero en otras advierte explícitamente que se espera un repunte de la inflación en 2017 como resultado de los precios de las gasolinas y la depreciación significativa del tipo de cambio.

En el Informe WEO llamó la atención que no se señalan prioridades específicas para México, cuando se hacen las recomendaciones de políticas económicas de mercados emergentes y en desarrollo.

Esto tiene dos posibles explicaciones: 1) el organismo está optimista en que las reformas estructurales efectuadas tengan un efecto positivo en el mediano plazo; 2) por prudencia, ya que está en puerta un proceso electoral en 2018 y considera conveniente mantenerse neutral. Pareciera ser que no se quiso hablar abiertamente del riesgo político-electoral, porque hacerlo sería como invocarlo.

Sin embargo, se reconoce que las proyecciones de EU se elaboraron antes de hacerse públicos detalles cruciales de los cambios de su política fiscal, pero se deja entrever que los efectos serán muy sensibles para la economía mexicana por su vinculación con el vecino del norte.

El FMI advierte que la propuesta de sustitución del impuesto sobre la renta de las empresas por un impuesto que grave los flujos de caja según su destino, podría provocar grandes efectos de contagio, al desplazarse la producción hacia EU.

Adicionalmente, el hecho de que los tiempos de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se hayan pospuesto para finales de año, no significa que los riesgos hayan desaparecido, ya sea por el alza de algunos aranceles, el endurecimiento de las reglas de origen, la aplicación de un impuesto a las remesas o por la adopción de medidas no arancelarias. Hago hincapié en que Trump no dejará de aprovechar que la Autoridad de Promoción Comercial (TPA por sus siglas en inglés) estará vigente hasta julio de 2018. Por ende, dicho fantasma no se ha esfumado.

 

Catedrático de la EST-IPN
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