De la Subsecretaría a Rectoría, camino sinuoso

Mario Melgar-Adalid

La Universidad es la que da lustre a México y no necesariamente porque a ella accedan funcionarios públicos

México continua sin embajador en Estados Unidos. Sergio Alcocer, subsecretario para América del Norte, según rumores invitado para cubrir la vacante en Washington, no sólo declinó, supuestamente, la Embajada, sino que renunció al cargo, en tanto pretende ser rector de la UNAM. Se pierde con su decisión la experiencia y las redes que con eficiencia había tejido para favorecer la relación México-EU. Alcocer, convertido en activo diplomático dejó buena impresión en los círculos empresariales, académicos y políticos de ese país. Hubiera sido un lúcido embajador y no está claro si será un buen rector, o, si será rector.

La rectoría de la UNAM no es la presidencia municipal de Tlalnepantla de Baz, así lleve nombre del rector Gustavo Baz, ni la delegación Iztapalapa. Es un cargo al que se accede por méritos académicos, por solvencia moral y por el apoyo de la comunidad universitaria. Al renunciar a la subsecretaría concedió una entrevista a EL UNIVERSAL en la que señaló: (I) la sucesión rectoril no será una lucha de género, (II) privilegiará el trabajo que se hace en los institutos de investigación científica, (III) la experiencia adquirida en la diplomacia será crucial en su desempeño como rector, y (IV) no es candidato del gobierno federal.

Al mencionar inopinadamente que no se trata de una lucha de género, subió al ring a Rosaura Ruiz, la directora de la Facultad de Ciencias, vecina de estas páginas, quien también entrevistada por EL UNIVERSAL, tuvo mejores hechuras diplomáticas que el diplomático Alcocer, al confirmar su intención de participar en el proceso, cuando la Junta de Gobierno lo determine.

Es muy importante la labor de los institutos y centros de investigación científica, solamente se le olvidó al ingeniero Alcocer que la UNAM también hace investigación, la más relevante del país y en muchos casos de Iberoamérica, en los campos de ciencias sociales y las humanidades. No se refirió a la tarea de la UNAM en cuanto a la difusión de la cultura, tarea que ha hecho de la institución el proyecto cultural más importante de México. Tendrá que aprenderse lo que todo universitario sabe de memoria: “los fines de la institución son impartir educación superior, organizar y realizar investigaciones y extender los beneficios de la cultura”.

En cuanto a que provenir de un alto cargo federal le servirá a la UNAM, olvida que históricamente han sido los universitarios los que visten al gobierno y no al revés (Justo Sierra, José Vasconcelos, Antonio Carrillo Flores, Guillermo Soberón, Jorge Carpizo, Juan Ramón de la Fuente). La Universidad es la que da lustre a México y no necesariamente porque a ella accedan funcionarios públicos.

La declaración del subsecretario Alcocer de que no es el candidato del gobierno federal no es sustentable, ni creíble, debido a las señales que la comunidad universitaria ha recibido con su regreso al Instituto de Ingeniería, después de dejar su cargo. Un hombre del sistema como lo es un subsecretario de Estado no puede dejar de ser el candidato oficial del gobierno.

No son las calificaciones de este gobierno y ni las del presidente Peña Nieto, cuya aprobación se encuentra en su nivel más bajo, las mejores cartas de Sergio Alcocer. Pero esa será su carta de presentación ante la comunidad universitaria, particularmente crítica. Desmarcarse del gobierno al que sirvió estos años, no será mérito que valore la Junta de Gobierno al decidir —después de auscultar a la comunidad— quién será el próximo rector. Es la Junta de Gobierno la autoridad universitaria a la que conforme a la Ley Orgánica de la UNAM, le corresponde fijar las reglas y los momentos para la elección del “jefe nato” y no es universitario saltarse las trancas por más alto funcionario que alguien haya sido en el escalafón de la burocracia federal.

Ex abogado general de la UNAM.

@DrMarioMelgarA

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