Elecciones en España: un futuro incierto

Manuel Guedán

Estos comicios suponen el fin del bipartidismo, por la irrupción de dos nuevos partidos con capacidad de competir por la Presidencia

Las elecciones generales españolas de este 20 de diciembre, las undécimas de la democracia, suponen el fin del bipartidismo, por la irrupción, en el Parlamento, de dos nuevos partidos de ámbito nacional, con capacidad de competir por la Presidencia del Gobierno.

Es la primera vez que el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista (PSOE), los únicos que han gobernado en España desde 1982, compiten, casi en igualdad de condiciones, con un partido situado en el espacio político de centro derecha, Ciudadanos (Cs), y con Podemos, una formación de izquierda radical.

Ciudadanos surgió en Cataluña con el objetivo fundamental de enfrentarse al independentismo y su líder, Albert Rivera, consiguió desplazar al PP y al PSOE en las últimas elecciones catalanas. Tras los éxitos en esa comunidad, dio el salto a la política nacional y logró convertirse en una fuerza imprescindible para que el PP y el PSOE, respectivamente, pudieran gobernar en dos comunidades tan importantes como Madrid y Andalucía. Los votos de sus diputados fueron necesarios para formar esos Gobiernos autonómicos.

Podemos es fruto de la confluencia de diversos movimientos sociales de protesta, surgidos durante la crisis económica -el 15M en Madrid, la lucha contra los desahucios y contra los recortes en sanidad y educación, etc.- y su secretario general, Pablo Iglesias, obtuvo, de la nada, 5 escaños en el Parlamento Europeo y, lo más importante, las alcaldías de Madrid, Barcelona, Valencia o Cádiz, aliándose con grupos alternativos y líderes ciudadanos. Hay que destacar que en algunas de esas alcaldías, como la de Madrid, Podemos contó con el apoyo necesario del PSOE.

Pero, sin quitar mérito a los llamados partidos emergentes y a la gran capacidad de sus líderes para comunicar con los ciudadanos, para utilizar de forma mucho más moderna, más “a la americana”, la televisión y las redes sociales, su éxito se ha visto potenciado por el fuerte desgaste de los dos partidos tradicionales, que no han sabido, ni desde el Gobierno del PP ni desde la oposición del PSOE, dar respuestas positivas a los decepcionados electores.

Los españoles, agobiados por el paro y los recortes sociales, acompañaban sus desayunos, durante toda la legislatura, con las múltiples noticias de corrupción, casi todas ellas vinculadas con el Partido Popular, algunas protagonizadas por sus dirigentes y otras que afectaban al corazón mismo de la estructura del partido. Su tesorero ha estado en el cárcel y la policía ha entrado a registrar en la sede del PP, mientras Mariano Rajoy presidía el Gobierno. Y está la trama Gürtel, la operación Púnica, corruptelas en múltiples Ayuntamientos… y, hace sólo una semana, en plena campaña electoral, otros dos destacados dirigentes aparecieron cobrando comisiones ilegales. Un rosario de casos que en cualquier país europeo, con mejor salud democrática, hubieran obligado a dimitir al presidente Rajoy.

El PSOE tampoco aparece ante la ciudadanía como un partido alternativo. La crisis económica empezó con el Gobierno socialista de José Luís Rodríguez Zapatero que, desorientado, no supo reaccionar y, durante estos 4 años de oposición, no ha aparecido con un perfil claro socialdemócrata. Además, también tiene algunos casos de corrupción, el más importante el en Andalucía, el llamado “caso los ERE”, en el que hubo un mal uso de los fondos públicos para la formación, que obligó a dimitir de sus cargos políticos a dos ex presidentes de la Comunidad Autónoma de Andalucía.

Así las cosas, llegamos a los comicios de este domingo con la percepción de que es el fin del bipartidismo y de que van a ser las elecciones más abiertas e imprevisibles de toda la democracia, con un 20 por ciento de indecisos. Pero, ¿cuántos votos van a sacar los desgastados partidos tradicionales?, ¿cuántos los nuevos partidos?, ¿qué Gobierno se formará, puesto que en España, a diferencia de México, se necesita una mayoría parlamentaria para elegir presidente?

Según la última encuesta oficial, la del CIS, la más amplia, el PP ha perdido el 15 por ciento de los votos, pero mantiene un suelo electoral sólido y, en todas las encuestas, aparece como el partido más votado, aunque lejos de la mayoría, que le permitiría gobernar. Para que Rajoy sea reelegido presidente necesita el apoyo de otras formaciones y éste le ha sido negado, sistemáticamente, durante la campaña electoral. Los otros tres partidos se disputan el segundo, tercero y cuarto puesto, con escasa diferencia entre ellos.

El panorama es complicado. Según la Constitución española, para elegir presidente, se necesita, en primera vuelta, mayoría absoluta y, en segunda o tercera, más síes que noes, y, por tanto, es posible la abstención para facilitar el nombramiento. Tras los resultados del domingo, caben diversas combinaciones: que Ciudadanos apoye, de una forma u otra, al PP, que haya acuerdo entre el PP y el PSOE, que pacten PSOE, Ciudadanos y Podemos o volver a repetir las elecciones, si no se consiguen mayorías.

Por tradición y cultura política, la segunda opción es la menos probable porque, los 40 años de dictadura, crearon una brecha entre izquierda y derecha difícil de saltar. Las otras dos opciones, con sus dificultades, podrían darse, aunque el Gobierno que salga, desgraciadamente, esté condenado a ser frágil y breve.

En cualquier caso, tenemos un grave problema. Para salir de la crisis, combatir el desempleo, mantener el estado de bienestar –particularmente las pensiones públicas- enfrentar el problema de la independencia catalana y acometer las reformas del sistema político, necesitamos un gobierno fuerte y con amplio apoyo ciudadano y eso parece casi una utopía. ¡Ojala! que el domingo por la noche, la sensatez de los españoles, demostrada en otras elecciones, haga posible el final de la incertidumbre y permita constituir un Gobierno que ilusione, regenere la política y sea eficaz.

Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid

Profesor de la Universidad de Alcalá

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