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Imposición o democracia

Manuel Bartlett

Peña Nieto, Del Mazo, el PRI, con base en sus sofisticadas encuestas diarias —tracking— sobre “preferencias electorales” en el estado de México, saben que van perder, ganará la maestra Delfina. Desesperados, usan todos los recursos del Estado para ahogar, silenciar, reprimir esas “preferencias”. Peña, violando su mandato, dirige la operación fraudulenta; secretarios, gobernadores, prestos a comprar, sobornar, falsificar, distribuidos en todo el estado, como falanges de un ejército invasor para impedir la expresión del voto, de esa “preferencia electoral” que ellos mismos han “medido”. Burócratas reparten montañas de despensas, tarjetas-monedero, bienes diversos; precipitados inauguran servicios y obras, miles de millones de pesos en programas sociales, explotación de la pobreza que genera más pobres cada día; compran votos y ofrecen sumas de dinero importantes a representantes de Morena; hostigamiento policíaco y violencia contra brigadistas; fomento del miedo a perder el empleo o “la limosna”. Todo se reconoce en los medios de comunicación pero no se censura, violaciones evidentes a las leyes electorales a la vista impasible del instituto electoral local y el INE. Aplican estrategia —ya pública en redes— de consultora extranjera —“El Pentágono”—, diseñada ante el desastre priísta: arrebatar 600 mil votos en 30 distritos “prioritarios”; diluir la imagen rechazada de Del Mazo y “acercamientos con PAN y PRD”, complicidades; más “guerra sucia” contra Delfina: en municipios con ventaja morenista, implementar campaña difamatoria en mercados, plazas, centros comerciales, escuelas e iglesias; “centro de llamadas” para molestar ciudadanos de madrugada, en nombre de Delfina; donde Morena tiene clara ventaja, incrementar amenazas; en la jornada electoral, intensificar los ataques para “desmovilizar” por cualquier medio. La “guerra sucia” ha sido permanente. Los medios de comunicación “amplifican” los ataques a la candidata de Morena. En cada ataque, comentaristas de prensa, radio y televisión —evidentemente concertados— los presentan y repiten con aparente “ingenuidad” como “noticias”, sin investigar o cuestionar acusaciones increíbles, banales, electoralmente motivadas, sin pruebas. Los medios mexicanos han sido ostensiblemente inequitativos, sus preferencias electorales, casualmente asociadas al Poder que destina millones en propaganda gubernamental. Violan garantías constitucionales: el derecho a la información. Anulan la esencia de una justa democrática, la igualdad de condiciones de los participantes.

Sin embargo, en esta elección, los instrumentos de imposición no han funcionado. La ciudadanía del Estado de México ha despertado, exige el cambio; esa es la preferencia electoral que han “medido” diariamente y que no ha podido ser sometida. La declinación del PT —sumado a Morena para el verdadero cambio— y similar adhesión de la estructura mexiquense de Movimiento Ciudadano, amén de las deserciones de todos los partidos hacía Morena, resaltan la función saboteadora de Zepeda, perredista al servicio de Peña, con propaganda que supera al propio Del Mazo: el “Pacto por México”. Además, habrá representantes de Morena en todas las casillas para reclamar pacíficamente el respeto de la ley; ciudadanos que representan esa insurrección cívica, conscientes de su responsabilidad, dispuestos a defender pacíficamente el voto, sin acarreo ni dinero a cambio. Ahí estarán. Las fuerzas de la imposición del fraude tendrán que retirarse. Las estrategias ilegales que han implementado, señaladas a nivel nacional e internacional, se han revertido, incrementando el hartazgo y la resistencia ciudadana. Una reflexión elemental de Peña y asociados, dispuestos al fraude, sobre las condiciones reales del Estado de México, les aconsejaría no llevar a mayores niveles la imposición; ello significará no sólo una brutal derrota ante la opinión pública, particularmente atenta a esta elección, sino incrementaría el descredito personal del Presidente de la República, ya de por sí con una autoridad moral reducida al mínimo, que lo llevaría al grado perder su capacidad de gobernar, llevando al México a una crisis insospechada.

 

Senador de la República

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