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PISA: segunda llamada

12/12/2016
02:13
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El desempeño de nuestros estudiantes en la prueba PISA constituye, después de la victoria de Trump, una segunda llamada a la nación entera y en particular a la élite dirigente para que salgamos de la autocomplacencia. El discurso reformista de las últimas dos décadas sugería que una vez que se completaran las reformas aperturistas, el país se encontraría en una senda de crecimiento y que, con un poco de suerte, seríamos uno de esos países emergentes que se convierten en motores de crecimiento regional. Nada de eso ha ocurrido.

Hoy tenemos claro que las reformas no dan frutos de forma automática y menos si no se insertan en un ecosistema institucional saludable y con un mercado de trabajo que provea mano de obra capacitada capaz no sólo de aumentar la productividad, sino de participar en un entorno de incertidumbre profunda en donde la innovación es el nombre del juego. La apuesta de los años 90 fue desregular, privatizar y abrir fronteras, pero el Tratado de Libre Comercio vive hoy un serio predicamento. No sabemos qué dispondrá Trump, pero sabemos claramente que hacer negocios con México no es apreciado por ese sector que hoy controla las instituciones americanas. 

Nuestra tendencia a ubicar las derrotas nacionales como si fueran fracasos del gobierno en turno es un grave error. Peña sale en el 2018 y el antimexicanismo y la mala imagen que el TLCAN tiene ante los americanos seguirá allí. De igual manera, con la prueba PISA y sus desalentadores resultados, muchos sectores se alegran de que Aurelio Nuño no pueda utilizar estos datos como parte de la comunicación gubernamental de aquellas “pequeñas cosas” que tanto han exhibido en estos días. La prueba PISA impide al gobierno celebrar el estancamiento. El México que se mueve desde la perspectiva oficial, no se ha movido en lo que a desempeño educativo se refiere. Pero igual que el triunfo del antimexicanismo en Estados Unidos es una derrota colectiva y no sólo de Peña, los resultados de la prueba PISA son el más palmario de los ejemplos de un fracaso colectivo en el cual nadie puede eludir su responsabilidad.

No es que hayan reprobado los estudiantes que están bajo el yugo de la CNTE, tampoco los que están en la órbita del SNTE. No es que hayan reprobado las muy poco equipadas escuelas de Oaxaca y que niños de Monterrey hayan descollado con sus nuevas escuelas. Tampoco tenemos una diferencia entre públicas y privadas, es más, si se miden descontando las ventajas sociales de las privadas, resulta que la educación particular en este país se mueve entre la incompetencia y la estafa pura y simple. Los hijos de los empresarios que estudian en escuelas privadas tienen menos desarrolladas sus habilidades cognitivas que los hijos de los obreros ingleses y por supuesto, ser rico en este país (e ir a una escuela de postín) solo te asegura mejores relaciones y no una mejor educación. Cuando arrancó el FOBESII se decía que era sorprendente el bajo número de estudiantes mexicanos que entraban a las mejores universidades de Estados Unidos y ahora tenemos una hipótesis muy clara: no entran a los grandes circuitos universitarios porque no están entrenados para ese nivel de exigencia y rigor. ¿Qué le estamos ofreciendo a nuestros hijos?

Segunda llamada, pues, para una sociedad que descubre que buena parte de su autocomplacencia hoy se gira en su contra con un terrible dedo acusador.

Analista político.

@leonardocurzio

León Krauze
Se ha desempeñado en el periodismo y la academia. Participa en el programa Primer Plano del Canal 11. Es doctor en Historia y ha impartido clase en diversas universidades. Es Investigador del CISAN,...
 

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