El sacrificio de la industria

José Luis de la Cruz Gallegos

En México la producción de energía renovable llega al 8% del total. Para 2024 deberá consumirse 35% de energía limpias. De lo contrario habrásanciones para las empresas

El éxito del crecimiento económico de Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro y San Luis Potosí tiene un común denominador: el desarrollo de su sector industrial. El pasado miércoles, durante la presentación de la Agenda Alemana en Guanajuato, el gobernador de la entidad fue contundente al señalar que la transformación productiva del estado se ha logrado gracias al trabajo integral orientado hacia la industrialización. Por ello Guanajuato ha logrado pasar de una economía agrícola a otra en donde hay una creciente presencia de empresas nacionales y trasnacionales.

El proceso ha resistido el cambio político, los resultados de inversión y generación de empleo han creado un consenso sobre el rumbo que debe seguir la economía estatal. El éxito de Guanajuato le ha permitido albergar parte del inicio del año dual México-Alemania en un evento que, en palabras del Embajador alemán, busca ir más allá de la parte cultural y de amistad entre ambas naciones. Guanajuato es estratégico para la industria germana. Por ello la presencia diplomática, política y empresarial de sus representantes.

El dinamismo industrial citado contrasta con el rezago que se vive en el centro, sur y sureste de México. El caso de la Ciudad de México es ilustrativo. El corazón político y demográfico del país ha carecido de una estrategia de desarrollo económico que vincule su acervo de universidades y escuelas técnicas de nivel medio superior con industrias modernas en áreas como la robótica, el desarrollo de software, la microelectrónica, las telecomunicaciones, la ingeniería genética y los servicios industriales, todos ellos generadores de valor agregado y no contaminantes. La Ciudad de México se ha conformado con un creciente sector de servicios de bajo valor agregado, fundamentalmente centrado en el comercio, mucho del mismo plagado de informalidad.

El sur y sureste de México tienen un problema todavía mayor, salvo honrosos casos, carece de industria, y por ello sigue viviendo en una economía agrícola alejada del progreso tecnológico y desvinculada de la integración productiva con otros sectores. El costo es el rezago social que se tiene en la región: la pobreza, en algunas entidades más del 70% de su población.

Bajo este contexto hoy se aplican medidas a nivel nacional que incidirán negativamente sobre lo descrito. El incremento discrecional en el precio del gas es el primero, uno que ya se ve en las facturas de las empresas. El aumento aplicado por la autoridad tiene efectos negativos sobre la productividad de las industrias que utilizan gas en sus procesos. Aunado con la depreciación del tipo de cambio esto representa un incremento en sus costos de producción. La inflación de precios productor ya lo refleja, en manufacturas hay varios sectores con una variación superior al 7%.

Por otro lado se tiene a la Ley de Transición Energética. El nuevo marco institucional obliga a utilizar energía limpia que no se produce en el país. De acuerdo con la información de la Secretaría de Energía, en México la producción primaria de energía renovable solo llega al 8% del total, ¿por qué se obligará a un consumo de energía que no se produce? Para 2024 deberá consumirse 35% de energía limpias. De lo contrario habrá sanciones para las empresas. ¿No debería primero asegurarse la producción de energías limpias antes de castigar a la industria por no usar lo que no existe?

Las multas aplicadas o la obligación de comprar “permisos” para usar otras formas de energía terminará por reducir la competitividad y la productividad de la industria nacional.

Lo descrito se vinculará con lo ya conocido. Las importaciones provenientes de países que contaminan, que usan trabajo infantil o en donde sus gobiernos apoyan a su industria constituyen una competencia desleal que no es atacada oportunamente por las autoridades mexicanas. La buena conducta de México es aprovechada por otras naciones.

En la práctica, a nivel nacional, se sigue aplicando eso de que “la mejor política industrial es la que no existe”. El error afectará la estrategia de gobiernos locales que hacen un buen trabajo y exacerbará los desequilibrios en donde no se hace.

Director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico

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