¿Cuál descontento?

José Antonio Crespo

Los partidos pueden aceptar la competencia e incluso la alternancia, en tanto sus privilegios comunes no se vean afectados

Las elecciones federales se celebraron tras meses de enojo, inconformidad y descontento en distintos niveles, como no había ocurrido hace años: A) Enojo hacia el gobierno federal, por el bajo crecimiento económico, Ayotzinapa y corrupción, entre muchas otras razones. B) Se percibía también molesta hacia todos los partidos en su conjunto, por diversas causas; sus privilegios, sus elevados salarios, sus múltiples abusos, sus diversas corruptelas y moches, su elevado financiamiento partidista, su demagogia e impunidad. 90% en diversas encuestas se dice alejado de los partidos. El nuevo pluralismo y las diversas alternancias no se han traducido en un combate eficaz a la corrupción y la impunidad, sino en su extensión a todos. Los partidos pueden aceptar la competencia e incluso la alternancia, en tanto sus privilegios comunes no se vean afectados. C) Hay también un descontento incluso más genérico con todo el sistema político —incluyendo el electoral— que provoca apatía, alejamiento y eventual indiferencia hacia la política, pero no exenta de resentimiento y animadversión.

Muchos suponían que la inconformidad se reflejaría en la elección, que también es una consulta implícita sobre la situación general del gobierno, partidos y sistema político: A) El descontento hacia el gobierno podría notarse con un golpe al partido gobernante, como ocurrió en 1997, cuando el PRI perdió 60 curules y la mayoría absoluta de la Cámara Baja. En 2003, el PAN perdió 55 curules, y 60 en 2009. Pero ahora el PRI mantuvo su misma votación de 2012 (30%) con algunas curules menos (que recupera a través del Verde). Hubo, es cierto, voto de castigo en varios estados, pero no en la pista federal. La alternancia, sin embargo, no se ha traducido en menor corrupción. B) El enojo hacia el conjunto de partidos se podría notar con un incremento del voto nulo, expresión institucional de protesta a toda la partidocracia y sus múltiples abusos. Pero esa vía de protesta se redujo (5% frente al 6% de 2009). El movimiento anulista convocó a los abstencionistas a mejor expresar su inconformidad en las urnas, pero éstos ya no quieren saber nada de nada. Más bien ocurrió a la inversa; conozco muchos anulistas que, confundidos por las falacias de los antianulistas, optaron por mejor abstenerse. ¿Cuántos hubo en esa situación? Difícil saberlo. Y es que los antianulistas insisten en suponer que los anulistas votarían en un mismo sentido, contra toda evidencia empírica (que nadie se molestó en revisar). Y la mayoría de indecisos decidió votar por “el menos malo”, como hacen habitualmente. Sin embargo, el enojo hacia la partidocracia sí se expresó a través de algunos candidatos independientes, con la ventaja de que esa figura sí tiene valor jurídico —a diferencia del voto nulo—, pero esa fue una opción para muy pocos (130 de 16 mil candidatos). En los próximos comicios seguramente habrá más independientes. C) Y la abstención se redujo dos puntos respecto de 2009. Ello se explica en parte por la concurrencia de nueve elecciones para gobernador que siempre atraen más electores. Tampoco fue indicador de enojo.

Hay dos explicaciones alternas de tal paradoja; o el descontento en realidad era una ilusión creada por el “círculo rojo”, o bien el enojo es real y amplio, pero no supo expresarse en las urnas federales. La clase política y sus aliados ya lo leen, en tono triunfalista, como lo primero. A nivel federal, las urnas no hablan de enojo, sino de conformismo. Parecería que el capítulo de indignación ciudadana abierto por Ayotzinapa se hubiese cerrado con una concurrida y ejemplar elección, donde fueron refrendados tanto el gobierno de Peña Nieto como el régimen de partidos en su conjunto. Esa será la interpretación oficialista. Muchos votantes pronto dirán en encuestas no sentirse representados por nadie, pero ya establecieron su representación formal en las urnas, que es la que cuenta. Con semejante aval, los partidos podrán regresar al reparto del botín y la protección de sus intereses comunes... hasta que dentro de tres años vuelvan a necesitar de nuestro voto.

 

Profesor del CIDE.
@JACrespo1

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