Coaliciones y alternancia

José Antonio Crespo

Lo que ha sucedido es que los gobiernos recién llegados han preferido involucrarse también en la corrupción y preservar la impunidad para no sentar precedentes que después les puedan afectar

En distintos momentos he apoyado proyectos de alternancia en el poder, como en el 2000, lo mismo que varios esfuerzos de coalición PAN-PRD para provocar un cambio de partido. Sin embargo, las diversas alternancias no han servido de gran cosa; no desde luego para combatir la corrupción y la impunidad. La posibilidad de alternancia en el poder es característica propia de una democracia electoral, donde hay pluralismo político y suficiente limpieza electoral como para permitir que la oposición se convierta en gobierno. Pero eso no es un fin en sí mismo como parecen creer numerosos mexicanos; es un medio para alcanzar otros fines de mayor importancia, como justo el combate a la corrupción y a la impunidad. Si un partido protege a sus militantes aunque incurran en corrupción, se eleva la probabilidad de que un partido rival, al registrarse la alternancia, llame a cuentas a los corruptos del anterior gobierno.

Pero he aquí que eso casi no ha ocurrido en México. Lo que ha sucedido es que los gobiernos recién llegados han preferido involucrarse también en la corrupción y preservar la impunidad para no sentar precedentes que después les puedan afectar. Existe así una especie de pacto implícito de impunidad entre los diversos partidos, que aunque se acusan mutuamente de corruptos (y claro, cada uno de ellos se presenta como impoluto), a la hora de la verdad no hacen nada. El mismo Vicente Fox, quien tuvo una oportunidad histórica para cambiar el rumbo de este país, confundió medios con fines; le pareció que de lo que se trataba era exclusivamente quitar al PRI de los Pinos, y todo lo demás se daría por añadidura. Lo que sucedió es que los panistas no tocaron a los corruptos ni con el pétalo de nada, y en cambio incurrieron ellos mismos en tal práctica. Paradójicamente, había menos impunidad en la época del PRI que en los 12 años en que gobernó el PAN (por eso suena vacía su denuncia contra la impunidad del gobierno actual). Otro tanto ha ocurrido en general con el PRD ahí donde ha gobernado.

 

En esa medida, las alternancias no han sido sino una nueva fase del añejo gatopardismo mexicano. El retorno del PRI (a nivel estatal y federal) no es sino la confirmación de que los otros partidos no hicieron la diferencia. ¿De qué ha servido la alternancia desde que se registró por primera vez a nivel estatal, hace 25 años? De entusiasmar y esperanzar vanamente al gran público, que considera la alternancia como un fin en sí mismo. Por lo cual es pertinente preguntar: ¿de qué servirán las coaliciones PAN-PRD en este año?, ¿será lo mismo que vimos en Oaxaca, Puebla o Sinaloa? A los partidos involucrados claro que les sirve. Por un lado, políticamente es mejor presentar algunos triunfos que puras derrotas; y por otro, algo les tocará del pastel político y presupuestario de los cargos ganados. Si se trata de preservar los estados que ya le se quitaron al PRI, ¿cuál fue la ganancia ahí? Si regresa el PRI, ¿cuál será la ventaja? El PRI no cambia, y tampoco llama cuentas a nadie de otros partidos (¿Sonora?). De lo que se trata es de provocar por primera vez la alternancia; ¿pero cuáles son las perspectivas de un cambio real? Muy pocas, si acaso alguna.

En varios lados la coalición será o ha sido en realidad tripartidista; unen sus siglas y votos el PAN y el PRD para encumbrar a un priísta de viejo cuño, probablemente corrupto y de prácticas autoritarias. ¿Cuál sería por ejemplo la ventaja para los veracruzanos de sustituir a Javier Duarte por el pri-panista Miguel Ángel Yunes? Ya se lo podrían ahorrar. A ver cómo les va a los candidatos apartidistas, que al menos representan un mensaje de hartazgo y castigo a los partidos. Y es que los partidos diseñan sus estrategias no pensando en el interés ciudadano sino en el suyo propio. Con todo, creo que cada estado de la República tiene derecho a comprobar por sí mismo que la alternancia no ha servido de mucho, sino que es mero juego de espejos. Para combatir la impunidad, ¿tiene que haber intervención externa, como ocurrió con Humberto Moreira? Así parece.

Profesor del CIDE

FB: José Antonio Crespo Mendoza

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