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Uber: entre la libertad para elegir y el clientelismo

El debate Uber/Cabify vs taxis es un clásico ejemplo donde el usuario no cuenta y menos aún su libertad de elegir
30/05/2015
03:22
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Esta semana los taxistas de la ciudad de México se manifestaron y paralizaron vialidades importantes para exigir a las autoridades sacar de circulación a lo que consideran competencia desleal e ilegal. En su reclamo incluyeron a los llamados panteras que están fuera de toda norma y que no hacen pago alguno al erario público, pero cuya operación cuenta con “protección política”.

Sin embargo, el blanco de esta protesta son Uber y Cabify, opciones de movilidad que resultan de las innovaciones tecnológicas que ponen en contacto a personas con conductores de vehículos privados. La contratación se hace mediante aplicación de teléfono inteligente. Se pacta origen y destino, la tarifa depende de la disponibilidad del tipo de vehículo que se escoge, un cobro base, tiempo y distancia. La liquidación se hace mediante tarjeta de crédito, para lo cual expiden factura con IVA desglosado. La empresa Uber que hace la intermediación cobra un porcentaje del costo del viaje, y es la que liquida la diferencia al propietario del vehículo que lo renta y al conductor. En toda esta cadena todos pagan impuestos, además de que cada uno puede ser totalmente fiscalizado por hacerse los pagos mediante bancos. Uber exige que el propietario del vehículo cuente con seguro de cobertura amplia; que los vehículos sean de modelos recientes en buenas condiciones; que los conductores pasen por exámenes de conocimiento de la ciudad de México, que no tengan antecedentes penales y estén libres de drogas, entre muchas otras características que los diferencian de los taxis libres, de los de sitio y los radio taxis.

De esta protesta de los taxistas algo sí quedó claro: la autoridad como reguladora y supervisora está totalmente rebasada, y como responsable de la prestación del servicio público mejor no hablamos (Línea 12 del Metro). Vimos dos respuestas: una, la del jefe de Gobierno de la ciudad de México, quien propuso la creación de mesas de diálogo para analizar esta modalidad que se da totalmente entre particulares, pero cuya prohibición explícita no está contemplada en la Ley de Movilidad del DF; la otra, la del gobernador del Estado de México, que llanamente prohibió a Uber por considerarlo “taxi particular” que compite deslealmente con los más de 100 mil “taxistas regulados” por su gobierno. Todo esto a menos de dos semanas de las elecciones para diputados federales, diputados locales, presidencias municipales y delegaciones.

¿Y dónde quedan nuestras necesidades de movilidad en una compleja Zona Metropolitana del Valle de México, donde la autoridad no ha sido capaz de administrar adecuadamente el transporte público masivo? ¿Por qué ceden a las presiones del clientelismo? Este es un clásico ejemplo donde el usuario no cuenta, menos aún su libertad de elegir y menos aún las libertades económicas para diseñar y ofrecer nuevos productos y servicios. En contraste, lo que sí vale es acomodar y favorecer la compra corporativa de votos. Por ello no debe extrañarnos que la ciudad de México y el Estado de México sobresalgan en los índices de corrupción, bajas tasas de crecimiento económico y altas tasas de empleo informal.

La movilidad de las personas es uno de los aspectos que más contribuye a explicar el porqué unas zonas urbanas prosperan más que otras. No obstante su importancia, no se le presta la atención que merece. Las opciones de transporte público se piensan para las personas de bajos ingresos, mientras que en las economías desarrolladas son precisamente para todos los estratos sociales.

Al aprobarse leyes de movilidad y cambiarle de nombre a las Secretarías de Transporte para designarlas como de Movilidad en las entidades federativas, parecería que se da un cambio de paradigma. Sin embargo, con las prohibiciones en realidad crean nuevos monopolios del transporte. La buena política pública de movilidad busca que las personas tengan acceso al mayor número de opciones de transporte ambientalmente sostenibles para desplazarse en el menor tiempo y costo posible con la mayor seguridad y comodidad.

El debate Uber/Cabify vs taxis regulados necesita tener claridad y poner en el centro al usuario. Es básico explicar que son mercados totalmente diferentes. La competencia impulsada por el avance tecnológico es implacable y no da cabida a la mala calidad de servicio, inseguridad y vehículos en condiciones deplorables. Ahora se espera que las autoridades estén a la altura del reto, y si ceden ante las presiones clientelares, no nos extrañe que el asunto eventualmente llegue a la Suprema Corte de la Justicia de la Nación.

Economista.

@jchavezpresa

Jorge Alejandro Chávez Presa es licenciado en economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), con maestría y doctorado por The Ohio State University con la disertación ”Economies of...