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“Sigilosas, veloces, transparentes”

Javier Vargas

VARGAS

Sus orígenes se remontan a algunos dibujos hechos por el artista y científico Leonardo Da Vinci, aunque las primeras se construyeron en Francia a fines del siglo XVII. Las bicicletas son vehículos de dos ruedas que por efecto giroscópico se mantienen en posición vertical durante el movimiento. Las primeras que se desplazaron mediante una cadena fueron confeccionadas por H. L. Lawson, en 1874. Diez años después se inventaron los neumáticos o cámaras de goma infladas con aire, lo que sumado a diseños aerodinámicos y al empleo de materiales livianos, les permitió optimizar la velocidad y mejorar el rendimiento. Su mantenimiento no es costoso, pero es importante que las llantas, las luces y los frenos estén en óptimas condiciones, puesto que no pocas veces la vida depende de ello.

Como deporte y medio de transporte, las bicicletas están en pleno desarrollo. Además de no contaminar, son un inmejorable ejercicio para niños, adultos y adultos mayores. Quienes las pedalean sienten una gran alegría al hacerlo y esa alegría es su premio. El poeta Rafael Alberti, en La bicicleta con alas, presume: “A los 50 años, hoy, sólo tengo una bicicleta/. Muchos tienen un yate/ y muchos más un automóvil/ y hay muchos que también tienen un avión/. Pero yo, a mis 50 años justos, tengo sólo una bicicleta”. Incluso el poeta Vicente Gerbasi, en Muchacha en bicicleta, dice: “Una rueda de la bicicleta gira/ y la otra rueda de la bicicleta gira/, con una bella muchacha/ que levanta en la brisa su suelta cabellera/. Entre las ruedas/ se mueven sus muslos/, que asombran a los turistas/, que hunden a los pastores en la melancolía/, que enardecen a los adolescentes”.

La medicina ha demostrado que al pedalear, el ritmo cardiaco aumenta y la presión arterial disminuye. Se trata, por consiguiente, de un deporte completo y saludable que ejercita los músculos, facilita la oxigenación y fortalece el sistema inmunológico. El poeta Pablo Neruda, en Oda a la bicicleta, dice: “Iba/ por el camino/ crepitante:/ el sol se desgranaba/ como maíz ardiendo/ y era/ la tierra/ calurosa/ un infinito círculo/ con cielo arriba/ azul, deshabitado./ Pasaron/ junto a mí/ las bicicletas, los únicos/ insectos/ de aquel/ minuto seco del verano,/ sigilosas,/ veloces,/ transparentes: me parecieron/ sólo movimientos del aire./ Obreros y muchachas/ a las fábricas/ iban/ entregando/ los ojos/ al verano,/ las cabezas al cielo,/ sentados/ en los élitros/ de las vertiginosas bicicletas/ que silbaban/ cruzando/ puentes, rosales, zarza/ y mediodía…”.

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