Una reconciliación con restricciones

30/05/2015
03:17
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WASHINGTON.— Aunque desde Washington y La Habana nadie se atreva a reconocerlo, la reconciliación entre ambos países ha comenzado a golpe de restricciones.

En el caso de Cuba, pese a su salida de la lista de naciones que patrocinan el terrorismo, una medida que le permitirá beneficiarse de transacciones bancarias, financieras y comerciales, la isla aún está sujeta a las restricciones del embargo comercial que le impuso EU en 1960.

A eso hay que añadir la atonía de una economía que el año pasado creció apenas 1.3% y una actividad comercial o empresarial que aún concentra el Estado y que deberá acostumbrarse a la nueva atmósfera de competitividad que llegará de mano de la inversión estadounidense.

En el caso de Estados Unidos, a pesar de la inminente apertura de su embajada en La Habana, la subsecretaria de Estado adjunta para el Hemisferio, Roberta Jacobson, ha reconocido que su personal diplomático enfrentará en la isla un ambiente restrictivo similar al que persiste en otros países.

Un elemento clave será la decisión que el Departamento de Estado tomará en relación con los programas para promover el fortalecimiento de periodistas a los que considera como baluartes de un sistema de contrapesos, pero que Cuba considera como enemigos de la nación.

Aunque el entusiasmo de la opinión pública acompaña el deshielo de las relaciones entre ambas naciones (dos tercios de los ciudadanos en el caso de EU, según el más reciente sondeo de Pew Research), el grado de dificultad para restablecer relaciones diplomáticas quedó patente durante el último encuentro entre las delegaciones de ambos países en esta capital, que echaron un balde de agua fría a los periodistas que esperaban el anuncio de una fecha de apertura de embajadas y sólo recibieron la declaración de que “aunque cada vez estamos más cerca, aún faltan por resolver varios problemas” relacionados con el funcionamiento y la libertad de movimientos de los diplomáticos de EU en Cuba.

Si bien las dificultades para normalizar las relaciones entre Cuba y EU eran previsibles, éstas no han dejado de entorpecer el ambiente de confianza y reconciliación.

Respecto a la restricciones, la situación es tan compleja que ayer mismo Jeff Rathke, portavoz del Departamento de Estado, se limitó a señalar: “Seguirá habiendo restricciones”.

Una primera consecuencia de este proceso de deshielo es que Cuba, aunque podrá aspirar a programas de asistencia, o líneas de crédito de organismos multilaterales, aún tendrá que sortear una serie de limitantes adheridas al embargo comercial que —si hacemos caso a los expertos y analistas de las relaciones bilaterales entre ambos países—, podrían levantarse una vez que Barack Obama abandone la presidencia, siempre y cuando el Congreso deje de estar dominado por un Partido Republicano que, al parecer, se ha empeñado en escamotearle su legado en el histórico proceso de reconciliación con La Habana.

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