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¿Tendrá Almagro capacidad de interlocución?

02/06/2016
01:59
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La Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos (OEA) ha sido escasamente utilizada desde su promulgación en 2001. Sólo en una ocasión se ha expulsado a un miembro del organismo —como ocurrió con Honduras en 2009—, para ser readmitido al poco tiempo. En general, los miembros de la OEA han sido renuentes a utilizar este instrumento que prevé la expulsión del sistema interamericano allí donde exista una afectación del orden constitucional.

La decisión de Almagro parece osada. Podría forzar al gobierno de Maduro a negociar con la oposición y obligaría a los Estados a tomar posiciones sobre un tema que han preferido esquivar.

Lo que Almagro pretendería, en última instancia, es restar protagonismo a los aliados de Maduro en la región y forzar a que el gobierno venezolano acepte el referéndum revocatorio que desde hace meses intenta organizar la oposición, rechazado sistemáticamente por las autoridades a través de maniobras dilatorias. Sin embargo, la iniciativa de Almagro de presentar esta solicitud sin el consenso previo de los integrantes de la OEA, no necesariamente contribuirá a resolver la situación de inestabilidad por la que atraviesa Venezuela.

La correlación de fuerzas entre los 34 miembros de la OEA probablemente favorezca a Maduro. Para que Venezuela sea expulsada del sistema interamericano se necesitan 18 votos. Aunque Venezuela ha perdido el apoyo de antiguos aliados como Argentina y Brasil, en los últimos años se ha venido consolidando como un actor de peso en la región, particularmente entre las naciones que integran Petrocaribe. Entre integrantes de pleno derecho y observadores ese grupo le podría garantizar hasta 18 votos al régimen madurista. Ciertamente el peso de los petrodólares venezolanos es menor al de años previos, pero las relaciones que Venezuela ha logrado construir no pueden subestimarse. Si acaso una docena de gobiernos respaldarían la solicitud de Almagro, sin considerar que algunos prefieran abstenerse.

Almagro aparece claramente identificado a la Mesa de Unidad Democrática, una de las partes en conflicto. No sólo ha enarbolado las banderas de la oposición con escasa distancia crítica, sino que además ha entablado una disputa personal y abierta con el presidente venezolano. Esa conducta le resta cualquier posibilidad de actuar como un mediador legítimo y creíble que permita encontrar soluciones.

Al actuar como lo ha hecho, además, Almagro le ha permitido a Maduro hacerse del enemigo perfecto, para que éste se presente como víctima de una conspiración extranjera promovida por el imperialismo para intervenir en Venezuela. Almagro personificará ahora la amenaza externa que un líder como Maduro tanto necesita para legitimarse internamente. Es probable que el gobierno de Maduro se resista hasta el final a dejar el poder, mientras en ambos bandos hay sectores que apuestan a la violencia. En un escenario así, Almagro podrá parecer osado, pero la OEA difícilmente tendría capacidad de interlocución.

Analista político

Hernán Gómez Bruera
Profesor-Investigador del Instituto Mora; analista político, internacionalista y especialista en América Latina.