Los peligros de las elecciones

Francisco Valdés Ugalde

El domingo próximo los mexicanos tenemos cita con las urnas. Acudir o no, es un dilema que algunos han planteado. La opción de no votar ha tenido bajas resonancias en el electorado amplio.

El domingo próximo los mexicanos tenemos cita con las urnas. Acudir o no, es un dilema que algunos han planteado. La opción de no votar ha tenido bajas resonancias en el electorado amplio. De acuerdo con las tendencias habituales, la elección intermedia es menos concurrida que la elección presidencial. No obstante, hay razones para pensar que en esta ocasión las cosas puedan ser diferentes. La unificación de los calendarios electorales de las entidades federativas hace que en 16 estados concurran las elecciones federales con las estatales y municipales (Chiapas las efectuará en el mes de julio). De ellos, 9 elegirán gobernadores. Es posible que esa coincidencia promueva una mayor afluencia de votantes en estas entidades.

Pocas veces se habían visto tantas agresiones del crimen organizado y grupos anti-elecciones como en las campañas actuales. El viernes pasado el diario Reforma reportaba 70 acciones violentas contra candidatos o miembros de partidos políticos. En diferentes modalidades, las bandas criminales han hecho sentir su influencia en regiones en las que tienen presencia significativa y donde sus intereses pueden ser amenazados por candidaturas que no son de su preferencia. Además, la CNTE ha anunciado un sabotaje electoral en los estados de Michoacán, Guerrero, Oaxaca, y Chiapas al que se sumarán sus afiliados en el Distrito Federal. Dicen que el lunes comenzarán sus acciones, lo cual puede subir la alarma de desestabilización del amarillo al rojo y, en efecto, provocar en esas regiones un conflicto de mayores proporciones.

Los resultados de la última encuesta electoral de Consulta Mitofsky levantada en abril de 2015 (http://bit.ly/1Hvkys6), arrojan una posible composición del Congreso en la que lo más probable es que se mantenga un equilibrio plural, sin mayoría de ninguna fuerza política. No obstante la “preferencia efectiva” en abril por el partido en el gobierno era del 31.1 % y su aliado el Verde de 6.3%. El PAN rozaría el 23.6%, el PRD el 17.6% y Morena el 10.3%.

Ante estos factores; intención de voto, desestabilización deliberada (crimen organizado más CNTE), la agenda de construcción democrática está en el aire. Si, contra lo medido en esas fotos que son las encuestas (que son sólo eso: fotos del momento en que son levantadas), se sumase una elección conflictiva, con baja participación electoral y fortalecimiento del partido en el gobierno, los asuntos que la pluralidad política sin mayoría absoluta de ninguna fuerza ha ido sumando fatigosamente en la agenda pública podrían diluirse. Desaparecería el aliento del Pacto por México como un camino de decisión en la pluralidad y podríamos volver a una situación en que la posible mayoría absoluta se vuelva en un obstáculo para construir un Estado moderno.

Los tres elementos fundamentales de esa entidad son: gobernabilidad sólida y eficaz, rendición de cuentas clara, contundente a los órganos de control y a la sociedad, y sometimiento de todo poder político, económico y social al imperio de la ley. Tengo para mí que en nuestro país no están dadas las condiciones para que una fuerza mayoritaria gobierne cumpliendo con estas tres condiciones. Si la experiencia reciente muestra que el flanco fallido de todos los partidos políticos es la propensión a caer en tentaciones autoritarias y patrimonialistas, lo mejor es mantener la pluralidad política en la que el equilibrio de fuerzas sin mayoría sea el incentivo para reformar el Estado para que cumpla esas tres condiciones fundamentales. Por eso tiene sentido votar. Si la soberanía acude a las urnas en la abundancia necesaria para preservar un equilibrio pluralista de fuerzas, México ganará y, sin dejar de lado lo que hay que cambiar en el sistema político, podrá renovar la confianza en su futuro.

 

Director de Flacso en México.
@pacovaldesu

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