La única manera de derrotarlos es conociéndolos mejor. Hasta ahora se han formulado una serie de teorías sobre las motivaciones del Estado Islámico, la mayoría basadas en el fundamentalismo religioso, su particular interpretación del Corán y la pugna ancestral entre shiitas y sunnis. Esta línea de análisis está bastante alejada de la realidad.

A medida que va aflorando información sobre la naturaleza de esta agrupación, se observa que el EI carece del trasfondo ideológico y doctrinario de otros movimientos musulmanes, como los talibanes en Afganistán o el mismo Al Qaeda. Este es un animal diferente y altamente contradictorio.

Los miembros del Estado Islámico mantienen alrededor de 45 mil cuentas de Twitter y tienen células terroristas operando en al menos 30 países. Más alarmante aun, se estima que alrededor de 20 mil miembros del EI son extranjeros, es decir, individuos que no tienen nacionalidad iraquí, jordana o siria, que es el grueso de la militancia. En sus filas hay canadienses, británicos, escandinavos, norteamericanos, franceses y buena cantidad de marroquíes. Esto dificulta su detección y persecución, toda vez que no puede impedírseles la entrada a sus países de origen en Europa o Norteamérica.

Especular sobre sus motivaciones o su filosofía es un ejercicio interesante, pero poco práctico para combatirlos con eficacia. Entre lo poco que está verdaderamente claro es que les une un profundo rencor hacia el mundo occidental, hacia sus valores y el estilo de vida que desarrollamos en esta parte del planeta. Los mensajes que han enviado por medio de las redes sociales a potenciales adeptos en universidades de Inglaterra, Estados Unidos y Francia, se centran en críticas al individualismo, la acumulación de riquezas, los matrimonios entre homosexuales y la laxitud, según ellos, con que se acepta el sexo y el consumo del alcohol. Sus mensajes de reclutamiento condenan lo que ellos consideran abusos de la libertad, la equidad de género y la búsqueda del bienestar material. Esa visión ha resultado convincente para muchos estudiantes y jóvenes occidentales que pasan a engrosar las filas del EI.

En su visión, Occidente es una suerte de Sodoma y Gomorra, corrupta y decadente, con una enorme capacidad para seducir a los jóvenes musulmanes. Temen que el estilo de vida occidental y su gran aparato publicitario terminen por aniquilar las tradiciones, las costumbres y la misma raíz religiosa del mundo islámico. Es esto lo que combaten. Su lucha se centra en combatir una forma de vida que amenaza la suya, su identidad y su sentido de pertenencia.

Estamos enfrascados en un perverso juego de espejos: ellos están convencidos de que el objetivo último de Occidente es aniquilarlos y entonces, como respuesta a esta noción, ellos buscan crear el caos y el terror en el corazón de Occidente, en sitios como Nueva York o París. Toman el ejemplo de la invasión norteamericana de Irak como una muestra de las intenciones de exterminio de Occidente. Es probable que los bombardeos de la fuerza aérea francesa refuercen esa percepción. Cada nuevo ataque, aunque sea una represalia por lo acontecido en la capital de Francia, alimenta la convicción de que Occidente tarde o temprano habrá de exterminar a los musulmanes. Así, se va configurando una peligrosa espiral: a más uso de la fuerza militar por parte de Occidente, mayores esfuerzos de desestabilización de parte del Ejército Islámico por la vía del terrorismo. Este es apenas el principio.

Es previsible que la labor diplomática del presidente Hollande logre unir, ahora sí, los esfuerzos de Washington y Moscú en el Medio Oriente. Lloverá fuego sobre la zona, mientras las calles de Occidente se llenan de terror.

Internacionalista

Google News

TEMAS RELACIONADOS

Noticias según tus intereses