¿Pueden América Latina y el Caribe lograr oro en la educación?

Emiliana Vegas

Los Juegos Olímpicos de Río tuvieron, indudablemente, un matiz latinoamericano al ser Río la primera ciudad sudamericana en alojarlos e imprimir en ellos su exuberante cultura y sabor. El éxito en la organización de estos juegos es un claro recordatorio del potencial de la región para medirse con el resto del mundo y dejar en alto al continente. Sin embargo, ahora que la antorcha olímpica comienza su recorrido hacia Tokio 2020, la pregunta es: ¿cómo pueden América Latina y el Caribe ganarse una medalla de oro en educación?

Un paso fundamental que nuestros sistemas educativos deben tomar es establecer metas claras y altas acerca de lo que nuestros niños y jóvenes deben aprender. Cuando los atletas olímpicos están en plena formación y entrenamiento, sus esfuerzos están guiados por objetivos que orientan su desempeño: su tiempo anterior, el récord nacional y hasta el récord olímpico. De la misma manera, al realizar pruebas nacionales para medir la calidad de los aprendizajes y al establecer sistemas transparentes de información que permitan identificar escuelas que necesiten apoyo, convertimos a estudiantes, maestros y padres en actores activos e informados dentro del proceso educativo.

Otro punto importantísimo es asegurar que todos los estudiantes entren a la escuela listos para aprender. Sabemos que un competidor que comienza su preparación a edad temprana está mejor capacitado para alcanzar el éxito. Un niño que entra al sistema educativo sin haber recibido en los primeros años de su vida la estimulación que necesita de sus padres y educadores durante la primera infancia, entra en desventaja en comparación con sus compañeros. Los programas de cuidado y educación temprana son clave para cerrar las brechas con las que los niños y niñas llegan a la escuela y para asegurar su aprendizaje futuro.

Detrás de las hazañas de atletas y equipos olímpicos hay entrenadores que con sus conocimientos, dedicación y experiencia forman y contribuyen a conseguir el oro. Así como un buen entrenador es fundamental para crear deportistas de alto nivel, de la calidad de los maestros depende en gran medida la calidad de los sistemas educativos, pues de ellos depende, en mucho, que los estudiantes adquieran los conocimientos necesarios. A nadie sorprende que los atletas con ambiciones de convertirse en los mejores en su disciplina busquen ser entrenados por quienes fueran, en su época, competidores de alto nivel. Es por eso que nuestros sistemas deben enfocarse en atraer, formar, motivar y apoyar a los mejores maestros para así darles a todos los estudiantes de América Latina y el Caribe la oportunidad de tener acceso a docentes efectivos.

Imaginemos por un momento a Usain Bolt entrenando para los 100 metros planos en una pista con baches, o a la gimnasta estadounidense Simone Biles mejorando sus acrobacias en una barra doblada. En educación, como en el deporte, contar de la infraestructura y los recursos necesarios para aprender es fundamental para que los estudiantes puedan dar lo mejor de sí mismos en ambientes en los que se sienten cómodos y seguros. Aunque en América Latina y el Caribe se ha avanzado muchísimo en la construcción de centros educativos de mejor calidad, queda trabajo pendiente para que poblaciones urbanas y rurales puedan acceder a espacios físicos de calidad.

Así como asegurarse un lugar en el podio olímpico es una tarea que requiere años de dedicación y apoyo, sabemos que garantizar una educación de calidad para todos los niños y jóvenes de América Latina y el Caribe no es tarea fácil. El éxito dependerá de los esfuerzos dirigidos a hacer de la educación el tema de discusión prioritario y así dar rumbo a políticas educativas efectivas y enfocadas en el aprendizaje. Así como las olimpiadas en Río fueron el escenario donde más medallas de oro han ganado los deportistas de la región, no hay tiempo que perder para demostrar que América Latina también puede estar a la altura en educación.

Jefa de la División de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo en Washington, DC. Doctora en Educación por la Universidad de Harvard. Maestra en Políticas Públicas de la Universidad de Duke

El Universal

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