Condiciones de las escuelas primarias en México

Eduardo Backhoff Escudero

Recientemente, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) dio a conocer los resultados de la Evaluación de Condiciones Básicas para la Enseñanza y el Aprendizaje (Ecea). En este estudio, que realizó por primera vez el INEE en 2014, se responde a la pregunta ¿en qué medida las primarias cuentan con las condiciones esenciales para su operación y funcionamiento? Esta evaluación abarcó a 31 estados de la República (excepto Oaxaca), para lo cual se visitaron mil 425 escuelas y se encuestaron a: mil 222 directores, 3 mil 144 docentes, 156 instructores comunitarios, 58 mil 587 estudiantes y mil 411 padres de familia.

El marco de evaluación de Ecea está construido por siete grandes ámbitos: 1) Infraestructura para el bienestar y aprendizaje de los estudiantes; 2) Mobiliario y equipo básico para la enseñanza y el aprendizaje; 3) Material de apoyo educativo; 4) Personal que labora en las escuelas; 5) Gestión del aprendizaje; 6) Organización escolar y 7) Convivencia escolar para el desarrollo personal y social. Cada una de estos ámbitos se divide en dimensiones y éstas en indicadores. En total, Ecea evalúa 21 ámbitos, que se conforman por 160 indicadores, que en conjunto hacen un retrato hablado de las condiciones en que operan las escuelas primarias mexicanas. Como muestra para el lector, a continuación describo siete indicadores del estudio (uno por cada ámbito señalado).

Primero, 17% de las escuelas del país carecen de tazas sanitarias en funcionamiento para uso exclusivo de los estudiantes. La carencia de tazas sanitarias es del 55% en escuelas comunitarias, 44% en las primarias indígenas multigrado y 2.3% en los centros escolares privados.

Segundo, 79% de las escuelas tienen mesabancos o mesas y sillas para todos los estudiantes en “buenas o regulares” condiciones, para poderse sentar y escribir. Mientras que esta condición la presenta apenas el 57% de las escuelas indígenas, ocurre en el 99.5 % de las primarias particulares.

Tercero, 68% de los docentes a nivel nacional tienen desde el inicio del ciclo escolar el programa de estudios de 2011, del grado que imparten (4º, 5º o 6º). Esta situación ocurre en el 63% de las escuelas indígenas, en el 83% de las privadas y en el 97% de las escuelas comunitarias.

Cuarto, a nivel nacional, en el 19% de las escuelas hay al menos una sustitución de maestro en los primeros tres meses del inicio escolar. Mientras que esto sucede en el 29% de las escuelas generales y en el 25% de las privadas, en las escuelas indígenas multigrado apenas ocurre en el 2.5%. Adicionalmente, en el 51% de los casos, el tiempo máximo para lograr la sustitución de un maestro por otro es de una semana, en el 31% es de 2 a 3 semanas y en el 18% es de 4 semanas o más. El caso de las escuelas indígenas multigrado es grave en el sentido que 4 de cada 5 docentes se sustituyen en un lapso de 4 semanas o más, lo que implica que los estudiantes dejan de recibir clases durante ese lapso.

Quinto, en el 28% de las primarias mexicanas se suspendieron las clases, en el mes anterior al estudio (realizado en noviembre), por razones distintas a las oficiales. Esto sucedió en el 11% de las escuelas particulares, en el 31% de las escuelas generales no multigrado y en el 43% de las escuelas comunitarias.

Sexto, aunque en general existe un trabajo colegiado de maestros en la mayoría de las escuelas, el 71% de los docentes reporta la existencia de obstáculos en su centro escolar para realizar el trabajo colegiado, tales como la carencia de espacios o de tiempo. Mientras que esta situación se reporta en el 75% de las escuelas públicas, en las escuelas privadas es del 52%.

Finalmente, un aspecto que llamó mucho la atención de los resultados de Ecea se relaciona con el porcentaje de estudiantes que reportó haber recibido un maltrato por parte del director(a) o de su profesor(a). El 17% reporta que le han impedido la entrada a la escuela por llegar tarde, por no traer el uniforme, por traerlo incompleto o por razones de su aspecto personal. Asimismo, 12% comentó que algún docente le ha dado un pellizco, coscorrón, jalón de orejas, nalgada o algún otro golpe. Y a 8% de los niños los han dejado sin comer, sin tomar agua, ir al baño o los han encerrado como forma de castigo.

En síntesis, el estudio arroja información abundante que revela, en general, la pobreza física y material en que operan los centros escolares del país y, en lo particular, la gran inequidad en la distribución de los bienes muebles e inmuebles, así como funcionales de las primarias nacionales. Es claro que los niños pobres asisten a escuelas con una gran cantidad de carencias, como es el caso de las escuelas indígenas o comunitarias; lo contrario ocurre con los estudiantes de niveles socioeconómicos altos, quienes asisten a escuelas privadas ubicadas en grandes ciudades y que, por lo general, cuentan con las condiciones básicas para la enseñanza y el aprendizaje.

 

Consejero del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación

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