Mexicanos que no cuentan

Editorial EL UNIVERSAL

La historia de la identidad de todo mexicano inicia, o debería, con el acta de nacimiento, un documento que en pleno siglo XXI muchos mexicanos siguen sin tener.

¿Qué características conforman una nación civilizada? Mexico está entre los países como China, Brasil, India, Turquía y Sudáfrica, que han sido elogiados por consultorías internacionales como las próximas potencias económicas. El tamaño de su producción y de consumo de sus habitantes los hace grandes. Pero hay una distancia entre tamaño y grandeza que las potencias en ciernes siguen sin acortar y que consiste en traducir Producto interno Bruto en igualdad social. En ese aspecto los países en desarrollo siguen en deuda.

Desde luego, la labor de dar las mismas oportunidades a todos los ciudadanos de una nación es compleja. Ni siquiera naciones europeas, con altos niveles de ingreso, han sido capaces de integrar exitosamente a las comunidades de migrantes usualmente menos favorecidas. Lo alarmante en el caso de México es que no se ha conseguido todavía la que debería ser la primer meta para homologar a sus miembros: dar a todos un registro de identidad.

La historia de la identidad de todo mexicano inicia, o debería, con el acta de nacimiento, un documento que en pleno siglo XXI muchos mexicanos siguen sin tener. El Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM calculó hasta el año pasado una cifra de 14 millones de personas que en este país no cuentan con dicho certificado. Una décima parte del total de la población es bastante.

Las consecuencias son potencialmente terribles para cualquier infante sin esa identificación, pues el resto de su vida será incapaz de demostrar su nombre, edad o nacionalidad. No puede ingresar a la escuela, inscribirse a un programa de apoyo gubernamental o tener un empleo formal. Jamás heredará o tendrá un seguro médico. En los hechos es una condena a la clandestinidad.

El 17 de junio de 2014, hace un año ya, se elevó a rango constitucional el derecho a la identidad y la gratuidad del registro de nacimiento, es decir, toda persona en México ahora puede registrarse sin tener que pagar una multa. Sin embargo, la medida es insuficiente porque persisten otros costos burocráticos que familias de bajos recursos no pueden cubrir, empezando por el viaje hasta un centro o unidad móvil capaz de hacer el trámite.

¿Qué hará a Mexico un país civilizado? No será el nivel de ingreso promedio de su población, ni el grado de penetración de la banda ancha. Cuando todos los mexicanos puedan decirse verdaderamente iguales ante el resto de sus connacionales, entonces el objetivo se habrá cumplido. El acta de nacimiento para toda la población —o cualquier documento de identidad que acredite la pertenencia a esta nación— no es un fin en sí mismo, sino un escalón necesario para acabar con la desigualdad.

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